Declaraciones emitidas en la televisión estatal cubana sobre la crisis alimentaria provocaron una ola de indignación, sarcasmo y críticas en redes sociales, luego de que un funcionario sugiriera que los cubanos reduzcan o abandonen el consumo de arroz y papa.
Las palabras fueron pronunciadas por Roberto Caballero, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de Técnicos Agrícolas y Forestales, durante el programa oficialista Cuadrando la Caja.

Según el funcionario, uno de los principales obstáculos para alcanzar la llamada “soberanía alimentaria” es que los cubanos consumen alimentos “que no son propios del país”.
Con su sugerencia, responsabilizó a los “hábitos alimenticios” de la población por los problemas del sector agrícola.
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Caballero afirmó que la papa “nunca se ha adaptado al clima y los suelos de Cuba” y que su producción genera más pérdidas que beneficios para el Estado.
También cuestionó el alto consumo de arroz y llegó a decir: “Nosotros no somos asiáticos”, sugiriendo que ese hábito puede y debe cambiarse.
Las declaraciones generaron una avalancha de reacciones críticas. El activista José Luis Tan Estrada ironizó: “De ‘no tenemos pescado porque en las aguas de Cuba no hay casi peces’, a ‘comer mucho arroz agrava la crisis alimentaria’. Joyitas”.
El periodista José Raúl Gallego comentó con sarcasmo: “Ya los cubanos dejamos de comer carne de vaca porque no somos uruguayos y pescado porque… no vivimos en una isla rodeada de mar”.
Para Ulises Aquino Guerra, lo dicho en televisión confirma “la ineptitud y la incapacidad a escala brutal” del sistema.
“Ahora resulta que no necesitamos comer papa, ni arroz, ni carne, ni huevos. Los indios solo comían casabe… Tampoco necesitaban electricidad”, escribió, calificando el discurso como una forma de justificar la improductividad del país y desmoralizar a la población, justo en Navidad.
Otros usuarios respondieron desmontando el argumento desde la historia y la cultura.
Lara Crofs recordó que el arroz es un pilar de la cocina cubana tradicional, presente en platos emblemáticos como el arroz con pollo, los moros y cristianos y el arroz con frijoles, con influencias africanas, españolas y chinas.
También comparó cifras: antes de 1959, Cuba producía en promedio 163.000 toneladas métricas de arroz molido al año; en 2025, la producción se estima en menos de 30.000 toneladas, obligando al país a importar el grano.
“Este año en La Habana tuve que pagar hasta 450 pesos la libra”, denunció.
Activistas como Mario J. Pentón y Eliécer Ávila coincidieron en que el discurso oficial traslada la responsabilidad de la crisis alimentaria a la población, en lugar de reconocer los problemas estructurales del modelo agrícola estatal, la falta de inversión en el campo y las trabas al productor.
En redes, muchos señalaron que resulta contradictorio recomendar malanga, yuca o boniato cuando tampoco están disponibles en los mercados, mientras el país enfrenta inflación, escasez crónica y salarios insuficientes.
Para numerosos cubanos, el mensaje fue claro: en vez de ofrecer soluciones reales, el régimen vuelve a pedir sacrificios y cambios de dieta, culpando a la gente por no adaptarse a la escasez.
“Según el Gobierno, el problema no es el desastre económico”, resumió un usuario, “es que los cubanos comemos mal”.
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