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Aviso importante: Este artículo es una sátira. Todo lo que leerás a continuación es humor —del negro y del bueno— inspirado en la forma absurda en que el régimen cubano explica su eterna crisis alimentaria.
En un nuevo acto de genialidad revolucionaria, el Gobierno cubano parece haber encontrado al culpable de la escasez de comida: los alimentos “no nacionales”. Sí, según esta lógica, la culpa no es de la mala gestión ni de la falta de inversión, sino de que los cubanos tenemos el mal hábito de comer cosas “que no son de aquí”.
La solución mágica, al parecer, sería eliminar de la dieta todo alimento que no haya nacido en suelo cubano. Así, sin importar que los campos sigan improductivos, podríamos alcanzar la “soberanía alimentaria”. Claro, el menú quedaría vacío, pero al menos comeríamos con orgullo revolucionario.
A continuación, presentamos —con cariño patriótico y humor criollo— los alimentos que, siguiendo esta lógica oficial, deberían ser borrados del plato cubano. Spoiler: al final no quedará ni el ajo. ¡Buen provecho, compatriotas!
Papa (patata): la traicionera de los Andes
La odiada papa encabeza la lista negra. Este tubérculo sudamericano “nunca se ha adaptado al clima y los suelos de Cuba”, aseguran algunos funcionarios. La culpa, por supuesto, no es de la falta de recursos ni del desgobierno: es de la papa que no coopera con la Revolución. Así que olvida el puré o las papas fritas. Si aparece malanga, considérate afortunado.
Arroz: el grano asiático que quieren sacar del congrí
“Nosotros no somos asiáticos. Comer arroz no es un hábito cubano”, soltó un funcionario con una sonrisa. Según él, hay que cambiar las tradiciones culinarias, aunque llevemos siglos comiendo arroz con frijoles. Irónicamente, antes de 1959 Cuba producía más arroz que ahora. Pero no importa: el futuro revolucionario será a base de boniato hervido… si aparece.
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Carne de res: el lujo uruguayo que aquí es delito
Hace rato que el cubano promedio no prueba un bistec, y parece que eso tiene una razón “patriótica”: “ya los cubanos dejamos de comer carne de vaca porque no somos uruguayos”. Total, las vacas están contadas y vender carne libremente es casi pecado. Así que adiós al picadillo y la ropa vieja. Ser buen cubano ahora implica decir “mu” desde lejos.
Pescado: el colmo en una isla rodeada de mar
También podríamos dejar de comer pescado, porque —según viejas excusas oficiales— “en las aguas de Cuba no hay casi peces”. Al parecer, el Caribe es una sopa sin proteínas. Con esa lógica, el enchilado de pargo y la minuta de pescado son recuerdos coloniales. Hasta la claria, de origen africano, podría ser acusada de extranjera.
Huevos: la tortilla antipatriótica
Otro sospechoso es el humilde huevo de gallina. Si las gallinas no son cubanas, ¿por qué seguir comiendo sus huevos? Total, ya apenas aparecen. Quizás debamos volver al casabe y la jutía, como los taínos. La próxima vez que mires un revoltillo, recuerda: podrías estar traicionando la soberanía alimentaria.
Pan (trigo): fuera el pancito colonial, entra el casabe nacional
El trigo no crece bien en el Caribe y llegó con los colonizadores. Por tanto, el pan y las galletas serían “vicios importados”. Siguiendo el manual revolucionario, lo correcto sería volver al casabe, que además no necesita electricidad. Imagina un desayuno ideal: café sin leche, casabe sin mantequilla y una vela encendida. ¡Soberanía alimentaria y espiritual al mismo tiempo!
Pollo: el infiltrado yanqui del plato cubano
La verdad incómoda es que la mayoría del pollo que se come en Cuba viene de Estados Unidos. Sí, del imperio. Pero como la doctrina actual manda eliminar lo extranjero, quizás también debamos renunciar al muslito congelado. Claro, eso eliminaría el 40 % de la proteína que consumimos… pero, ¿quién necesita proteína cuando se tiene ideología?
En resumen, la estrategia oficial parece ser culpar a los alimentos y no a quienes llevan décadas arruinando la agricultura. Como resumió un usuario en redes: “Según el Gobierno, el problema no es el desastre económico, es que los cubanos comemos mal”. Tal vez, el día que dejemos de comer cosas “no autóctonas” —o de comer, punto—, Cuba alcanzará su verdadera independencia alimentaria.
Nota final: Este artículo es una sátira. Reír sigue siendo gratis (por ahora).
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