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En la Cuba donde soñar en voz alta podía costar la libertad, Alfred Álvarez aprendió a narrar en silencio. En su casa de Matanzas, con las ventanas cerradas y el televisor sin volumen, practicaba sus relatos deportivos con un viejo grabador. Si debía gritar un gol o un touchdown, se tapaba la cara con una almohada para no ser oído por los vecinos.
Hoy, más de una década después, Álvarez es la voz oficial en español de los Miami Hurricanes, el equipo de fútbol americano universitario que ha devuelto el orgullo deportivo a miles de cubanos en el exilio.
Su historia, de clandestinidad a micrófono abierto, se ha vuelto viral en redes sociales y símbolo de superación para toda una comunidad.
“Para mí, narrar la final nacional del lunes fue un sueño hecho realidad”, dijo Álvarez, de 41 años, quien huyó de la isla en 2012 junto a su esposa, Jessica, y se convirtió en ciudadano estadounidense en 2017.
“Cuando era niño, mi papá me dio el mejor regalo posible en Cuba: una antena satelital de DirecTV. Era completamente ilegal. Pero por unos minutos, viendo deportes americanos, sentías libertad”, señaló en entrevista con The New York Times.
Alfred comenzó a seguir a los Hurricanes en 1999, cuando el legendario entrenador Butch Davis construía el último equipo campeón nacional.
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En secreto, imitaba las voces de los comentaristas estadounidenses y soñaba con narrar algún día un partido real. En su adolescencia fue detenido por un día porque un policía lo vio con una camiseta de los Yankees, un simple regalo enviado desde Miami.
Tras años de frustración, Alfred y su esposa lograron salir de Cuba en 2010 con una visa de estudios rumbo a Francia, donde él se preparó para ser chef.
Dos años después, cruzaron a México y pidieron asilo político en la frontera con Estados Unidos. “Si me devolvían, iba preso de por vida”, recuerda.
Ya instalado en Miami, comenzó narrando partidos locales en emisoras pequeñas, hasta que en 2018 se convirtió en la voz en español de los Hurricanes. Hoy, sus transmisiones están llenas de emoción y frases propias, como su ya célebre grito de victoria: “¡Con alma de niño y corazón de elefante!”, un dicho que heredó de su padre.
Sus relatos de touchdowns se han vuelto virales en redes sociales. En el Fiesta Bowl de este año, su narración entre lágrimas del touchdown ganador de los Hurricanes fue compartida por miles de aficionados.
“Sí, estaba conteniendo las lágrimas”, admitió en un post. “Era un momento mágico para mí y para todos los fanáticos de los Canes en el mundo”.
El orgullo cubano también está presente en el terreno de juego. El mariscal de campo de Indiana, Fernando Mendoza, es cubanoamericano, y el entrenador de los Hurricanes, Mario Cristóbal, también es hijo de exiliados. Ambos salieron de la misma escuela de Miami, Christopher Columbus High School, un símbolo de la comunidad cubana en el sur de Florida.
“Un equipo dirigido por un cubanoamericano, con otro cubanoamericano compitiendo del otro lado. Es el orgullo hecho partido”, dijo el veterano locutor Pepe Campo, colega de Álvarez en la radio local. “La gente me dice: no importa quién gane, porque gane quien gane, gana un cubano”.
Alfred Álvarez vive ahora su sueño americano con su esposa y sus dos hijos. Trajo a sus padres de Cuba durante la pandemia de 2020 y no olvida de dónde viene. “Nunca olvidaré el día que la policía tocó mi puerta porque alguien dijo que tenía una antena satelital. Subí al techo, salté por las azoteas y la escondí en casa de mi abuela”, cuenta entre risas. “Hoy no necesito una antena para ver los juegos. Ni necesito callarme”.
Para Álvarez, su trabajo en la radio es más que una carrera: es un acto de libertad. “Cada vez que grito un touchdown, siento que le devuelvo la voz a todos los que no podían hablar en Cuba. Narrar con el alma de un niño y el corazón de un elefante —como me decía mi padre— es lo que me mantiene vivo”.
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