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El Banco Central de Cuba (BCC) volvió a mover este sábado su tasa de cambio oficial, profundizando la devaluación del peso cubano y confirmando un giro en el ritmo de los ajustes.
Según las cifras vigentes para este 24 de enero de 2026, el dólar estadounidense (USD) subió hasta los 435 pesos cubanos (CUP), con un incremento de tres pesos, mientras el euro (EUR) escaló a 512.67 CUP, consolidando una tendencia alcista más pronunciada que en semanas anteriores.
El movimiento no es aislado. Desde mediados de diciembre, cuando el régimen cubano activó su nuevo esquema de “segmentos cambiarios” y prometió una tasa flotante alineada con la oferta y la demanda, el BCC ha ido ajustando sus cifras de manera gradual.
Sin embargo, el comportamiento observado en los últimos días revela algo más profundo: la autoridad monetaria está reaccionando a la presión del mercado informal, y no a la inversa, como se supone debería actuar.
Durante las primeras semanas del sistema, el Banco Central mantuvo la tasa oficial prácticamente congelada, con variaciones mínimas de uno o dos pesos diarios, mientras el dólar en la calle pasaba de 440 a casi 500 CUP.
Esa inacción provocó una brecha récord, que llegó a superar los 70 pesos por dólar, la mayor desde la creación del nuevo esquema cambiario.
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En los últimos días, el BCC ha intentado recuperar terreno perdido. Primero con un salto de siete pesos en el dólar oficial, luego con aumentos más agresivos en el euro, y ahora con una aceleración sostenida que sitúa el dólar oficial en 435 CUP.
Aun así, la distancia con el mercado informal sigue siendo significativa: el dólar se vende en la calle alrededor de los 490 CUP, y el euro cerca de los 530, lo que deja una diferencia de 55 pesos en el dólar y casi 18 en el euro.
Economistas consultados por CiberCuba coinciden en que este patrón confirma el fracaso práctico de la “tasa flotante”.
“No estamos viendo una flotación real, sino una persecución tardía del mercado informal”, explica un analista independiente. “El BCC ajusta cuando ya el mercado se le fue muy por delante, y sin respaldo en reservas ni liquidez”.
El contexto económico y político agrava el escenario. La crisis energética, la inflación persistente y la creciente presión internacional sobre el régimen cubano refuerzan la desconfianza en el peso, empujando a ciudadanos y actores económicos a refugiarse en divisas fuertes.
Así, aunque el Banco Central acelera la devaluación oficial y reconoce implícitamente que su tasa estaba desfasada, el mensaje que se consolida es otro: la referencia real sigue siendo el mercado informal, y la política cambiaria del gobierno continúa llegando tarde a una realidad que ya no controla.
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