Marrero llama en Cienfuegos a “eliminar trabas” en la entrega de tierras que el propio Gobierno mantiene inmovilizadas



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La entrega de tierras en usufructo ha funcionado más como una machacona consignación administrativa que como incentivo real Foto © periódico 26

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El Consejo Provincial de Gobierno de Cienfuegos examinó este viernes la situación de las tierras agrícolas, con críticas oficiales a las trabas en su entrega y a la baja explotación productiva, en medio de la persistente crisis alimentaria del país.

Durante una sesión extraordinaria de esa instancia, el primer ministro Manuel Marrero Cruz insistió en la necesidad de eliminar las trabas que impiden la entrega efectiva de tierras agrícolas y su plena explotación productiva, uno de los problemas crónicos del sector agropecuario en la provincia.

Marrero llamó a incrementar la producción agrícola mediante una mejor asignación de tierras, contratos más eficientes y un sistema de acopio que permita aprovechar todas las capacidades existentes, destacó un reporte del periódico oficial 5 de Septiembre.

Reconoció que, pese a los reiterados llamados oficiales, persisten obstáculos administrativos que limitan el uso real de áreas disponibles para la producción de alimentos.

El ministro de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, sostuvo que Cienfuegos dispone de condiciones favorables para crecer en el sector, pero señaló deficiencias en la utilización de las tierras y en los rendimientos agrícolas.

Exhortó a localizar áreas pertenecientes a la estatal empresa AzCuba para nuevas plantaciones y a expandir las superficies cultivadas, además de elevar la productividad.


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Entre los señalamientos estuvo la subutilización de infraestructuras agrícolas ya instaladas. Pérez Brito criticó que las 48 máquinas de riego electrificadas de la provincia no estén garantizando el rendimiento previsto en unas 1,900 hectáreas planificadas, lo que limita el impacto de las tierras disponibles para cultivos.

Las declaraciones se producen en un contexto marcado por la incapacidad del Estado para revertir la ociosidad de amplias extensiones agrícolas y la dependencia de importaciones de alimentos, pese a los reiterados anuncios sobre entrega de tierras en usufructo y priorización del sector.

En Cienfuegos, como en el resto del país, el discurso oficial sobre “destrabar” la tierra vuelve a chocar con problemas estructurales que siguen sin resolverse.

Como antecedente, el reconocimiento oficial de estas “trabas” no es nuevo ni excepcional: se repite desde hace más de una década cada vez que la escasez se vuelve inocultable.

Los mismos diagnósticos -tierra ociosa, burocracia, contratos ineficientes, bajo rendimiento- ya habían sido señalados tras la fallida Tarea Ordenamiento, durante la pandemia y en sucesivos balances del Ministerio de la Agricultura, sin que se alterara el esquema centralizado que ahoga al productor.

La entrega de tierras en usufructo, presentada una y otra vez como solución, ha funcionado más como consignación administrativa que como incentivo real, atrapada entre controles estatales, falta de insumos y un sistema de acopio que desestimula producir.

En ese sentido, lo ocurrido en Cienfuegos encaja en un patrón conocido: el Estado admite fallas cuando el colapso es evidente, pero evita tocar las causas estructurales que las reproducen.

Ese mismo patrón discursivo reaparece ahora en los llamados del presidente Miguel Díaz-Canel desde los recientes plenos del Partido Comunista en Granma y Holguín, donde volvió a colocar el problema en la “mentalidad importadora” y no en las reglas del juego que asfixian la producción.

El gobernante admitió fallas graves en la siembra, el acopio y la contratación, pero la respuesta volvió a ser retórica: pedir que se “piense diferente” mientras se mantienen intactos los controles, la falta de incentivos y el monopolio estatal que impide producir, vender y ganar.

La insistencia en sustituir importaciones contrasta con mercados vacíos, precios prohibitivos y productores sin insumos ni autonomía, y convierte la promesa de revertir la crisis de cara a 2026 en otra prórroga política.

El resultado es el de siempre; diagnósticos reiterados, consignas recicladas y una pregunta sin respuesta práctica para la población, cómo ese cambio de mentalidad se traduce, aquí y ahora, en comida, electricidad y alivio económico real.

Preguntas frecuentes sobre la crisis agrícola y alimentaria en Cuba

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¿Cuáles son las principales trabas en la entrega de tierras agrícolas en Cuba?

Las principales trabas en la entrega de tierras agrícolas en Cuba son de carácter administrativo y burocrático. A pesar de los reiterados llamados oficiales para eliminar estos obstáculos, el uso real de las áreas disponibles sigue siendo limitado, afectando la producción de alimentos en un país que depende en gran medida de las importaciones. El sistema centralizado y los contratos ineficientes también contribuyen a estas dificultades.

¿Qué medidas ha propuesto el gobierno cubano para aumentar la producción de arroz?

El gobierno cubano ha propuesto entregar tierras a personas con recursos financieros para aumentar la producción de arroz. Esta medida busca incentivar la producción nacional en medio de la crisis alimentaria, aunque enfrenta obstáculos como la falta de insumos y maquinaria. Además, se ha instado a los productores privados a financiar la maquinaria necesaria para modernizar la industria arrocera.

¿Por qué persiste la crisis alimentaria en Cuba a pesar de las medidas del gobierno?

La crisis alimentaria en Cuba persiste debido a problemas estructurales no resueltos y a un sistema de control estatal que limita la producción. A pesar de las medidas anunciadas como la entrega de tierras en usufructo, estas han funcionado más como consignas administrativas que como incentivos reales. La falta de insumos, los contratos ineficientes y un sistema de acopio que desestimula la producción son otros factores que agravan la situación.

¿Qué impacto tiene la dependencia de importaciones en la economía cubana?

La dependencia de importaciones tiene un impacto significativo en la economía cubana, limitando su capacidad de autosuficiencia alimentaria. Cuba gasta más de 400 millones de dólares anuales en importaciones de arroz, mientras produce solo un 11% de lo que consume. Esta dependencia no solo afecta la seguridad alimentaria, sino que también obliga al país a destinar recursos en moneda dura para adquirir alimentos en el mercado internacional, exacerbando la crisis económica.

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