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Cuba enfrenta una nueva crisis de combustible que, aunque no es inédita, golpea esta vez con particular severidad. A la tradicional inestabilidad en el suministro se suma la pérdida de uno de sus pilares energéticos más importantes: el petróleo venezolano.
La interrupción del flujo desde Caracas ha desatado una cadena de consecuencias visibles en todo el país: gasolineras cerradas, colas y precios desorbitados en el mercado informal.
“El que la tiene, la vende al precio que quiere”, resumió un activista entrevistado por Martí Noticias.
La frase captura el pulso del mercado negro, hoy convertido en único recurso para muchos cubanos.
Un mercado informal sin control: Gasolina hasta en 1,500 pesos
La escasez ha empujado a la población hacia el mercado informal, donde los precios alcanzan cifras impensables hace apenas unos meses.
En lugares como Quivicán y Santiago de las Vegas se reporta el litro entre 700 y 900 pesos; en San Antonio de los Baños ronda los 1,000, y en Camagüey se han registrado precios de hasta 1,300 y 1,500 pesos.
“No hay gasolina en La Habana ni en 'Americano' (dólares)”, se quejan conductores y vecinos.
Ni siquiera quienes tenían asignaciones prioritarias, como usuarios con plantas eléctricas, están recibiendo combustible.
Una madre contó que tuvo que comprar dos litros a 1.500 pesos para poder cocinar, debido a los apagones. “No pude comprar más porque la situación aquí no te deja”, relató.
La urgencia supera la lógica económica y pone en evidencia la gravedad del desabastecimiento.
Colas kilométricas y miedo al desabastecimiento total
En provincias como Camagüey, según reportes del portal Cuba Herald, la crisis se manifiesta en largas filas desde la madrugada.
Conductores privados y transportistas hacen guardia durante horas, sin certezas sobre la disponibilidad o los horarios.
La tensión aumenta por la falta de información oficial y la imprevisibilidad en la distribución.
"Las colas ya no son solo para esperar el camión cisterna. Ahora son por miedo. La gente viene a abastecerse por temor a quedarse sin nada”, relató una conductora habanera.
Lo que antes eran “colas fantasma”, ahora son escenas de ansiedad colectiva.
La situación ha obligado a muchas personas a limitar recorridos, reducir servicios y, en algunos casos, almacenar combustible en casa, reviviendo prácticas propias del Periodo Especial.
Golpe energético tras la caída de Maduro
La detención del dictador Nicolás Maduro y su esposa, el pasado 3 de enero, durante un operativo militar estadounidense, supuso el fin abrupto de uno de los principales apoyos del régimen cubano.
En los últimos trimestres, Venezuela suministraba entre 32,000 y 35,000 barriles diarios de crudo a Cuba, una cantidad vital para sostener el funcionamiento del transporte, la industria y, sobre todo, la generación eléctrica.
“Si ellos pierden esos 35.000 barriles de Venezuela, básicamente es el gran colapso. Es el colapso de la economía cubana”, advirtió Jorge Piñón, director del Programa de Energía para América Latina y el Caribe en la Universidad de Texas.
Según reportó la agencia EFE, “en 2025 el petróleo venezolano cubría alrededor del 30 % de las necesidades energéticas de Cuba”.
Ese dato convierte esa pérdida en un golpe estructural que el Estado cubano difícilmente puede compensar por otras vías, especialmente ante la reducción simultánea de los envíos desde México y la escasez crónica de divisas.
La caída del petróleo venezolano no solo deja sin gasolina a los carros. Deja sin luz a los hogares, sin actividad a hospitales, fábricas, escuelas. El impacto se multiplica.
Gasolina en dólares, salarios en pesos
Uno de los factores más agravantes es la desigualdad que impone la dolarización parcial de la economía. Mientras las estaciones que venden en moneda nacional permanecen cerradas, las que expenden en divisas reciben prioridad. La paradoja es brutal: la mayoría de los cubanos no gana en dólares.
“En moneda nacional no han surtido más, entonces hay que comprar en divisa. Usted bien sabe que aquí nadie gana en dólares”, declaró un ciudadano que llevaba cuatro horas esperando para llenar su tanque.
Esta brecha empuja a muchos a recurrir al mercado negro o a cambiar sus pocos pesos por dólares a tasas astronómicas, exacerbando la inflación y el empobrecimiento general.
El aviso de una tormenta mayor
El economista Miguel Alejandro Hayes advirtió que el corte del petróleo venezolano podría traducirse en una caída del 27 % del PIB cubano, un aumento del 75 % en los costos del transporte y un encarecimiento del 60 % en los alimentos. Todo ello en un país que ya venía arrastrando cifras negativas en estos indicadores.
Además, informes internacionales señalan que Estados Unidos estaría considerando bloquear por completo las importaciones de petróleo hacia Cuba, y que México analiza también revisar sus envíos. La isla queda así en una encrucijada energética sin muchas salidas.
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