La llegada a La Habana de los veleros Friendship y Tiger Moth, integrantes del convoy “Nuestra América”, fue rápidamente aprovechada por Miguel Díaz-Canel para reforzar su discurso político en medio de la crisis que atraviesa Cuba.
En un mensaje publicado en su cuenta oficial en X, el gobernante celebró el arribo de las embarcaciones destacando no solo la ayuda transportada, sino el valor simbólico de la iniciativa. “Al fin en Cuba […] con su carga solidaria de recursos necesarios pero, sobre todo, con su carga de amor en defensa de las causas justas”, escribió.
Díaz-Canel también subrayó que “una niña de tres años es la más joven tripulante de esta expedición”, presentando su participación como una muestra de respaldo internacional y afirmando que “Cuba no está sola”.
El tono del mensaje ha generado críticas por lo que muchos consideran un uso político de una operación que implicó riesgos reales. Durante varios días, las embarcaciones permanecieron incomunicadas en el Caribe, lo que obligó a activar un operativo internacional de búsqueda y rescate liderado por México.
Especial rechazo ha provocado la mención a la menor. La presencia de una niña de tres años en una travesía marítima de este tipo —que incluyó pérdida de contacto y movilización de recursos de emergencia— ha sido señalada como una irresponsabilidad por parte de los organizadores del convoy.
Más allá del componente humanitario, críticos consideran que el mensaje oficial refuerza una narrativa propagandística, al priorizar elementos emocionales y simbólicos sobre los riesgos asumidos y las limitaciones reales de este tipo de iniciativas frente a la crisis estructural del país.
Críticas al convoy “Nuestra América”
El convoy “Nuestra América” ya había generado polémica antes de este episodio. Reportes previos de CiberCuba recogen cuestionamientos sobre su carácter político y su posible utilización por parte del régimen para proyectar una imagen de apoyo internacional.
También se ha criticado la desconexión entre la logística del convoy y la realidad cotidiana de los cubanos, marcada por apagones, escasez de alimentos, falta de medicamentos y graves problemas de transporte.
En redes sociales, numerosos usuarios han puesto en duda el impacto real de la ayuda enviada, así como su destino final dentro de un sistema donde el Estado controla la distribución de recursos.
Algunas voces han llegado a calificar la iniciativa como una forma de “turismo ideológico”, más orientada a la visibilidad política que a ofrecer soluciones sostenibles a la crisis.
La reacción de Díaz-Canel tras la llegada de los veleros no ha hecho más que reavivar este debate, reforzando la percepción de que el convoy ha sido utilizado también como herramienta de legitimación en un momento especialmente crítico para el país.
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