Díaz-Canel se aferra al poder y responde a EE. UU.: “No decide Washington si me voy o me quedo”



Miguel Díaz-Canel Foto © Captura de video X / @PresidenciaCuba

Miguel Díaz-Canel defendió su permanencia en el poder y rechazó que su salida forme parte de negociaciones con Estados Unidos, al asegurar que esa decisión corresponde exclusivamente a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Sus declaraciones, ofrecidas en una entrevista al diario mexicano La Jornada, llegan en medio de crecientes presiones desde Washington para forzar cambios políticos en la isla.

"Mi continuidad, o no, o la de cualquier otra persona que tenga una responsabilidad de este nivel en nuestro país, depende del pueblo y de sus representantes en la Asamblea Nacional del Poder Popular", afirmó.

Durante la entrevista, Díaz-Canel insistió en que las decisiones políticas en Cuba no deben personalizarse y defendió el carácter colectivo del sistema. "En Cuba no se pueden personalizar procesos como estos", sostuvo, al tiempo que denunció lo que calificó como campañas de descrédito mediático en su contra.

El gobernante también descartó cambios en el modelo político del país y reiteró que el Partido Comunista seguirá siendo el eje del sistema. Según explicó, las reformas económicas en curso buscan una combinación de planificación centralizada y mecanismos de mercado, inspirados parcialmente en modelos como el chino y el vietnamita, pero adaptados a las condiciones cubanas.

Sus declaraciones se producen en medio de una crisis económica profunda, marcada por apagones prolongados, escasez de combustible, inflación y un deterioro acelerado del nivel de vida que empuja a miles de familias a la pobreza.

En ese contexto, Díaz-Canel volvió a responsabilizar a las sanciones estadounidenses del agravamiento de la situación, sin reconocer el impacto de décadas de mala gestión económica interna.

"Hace casi cuatro meses que no recibimos una gota de combustible", afirmó, al describir el impacto en el transporte, la producción y la distribución de alimentos.

Asimismo, mencionó la posibilidad de ampliar la participación de cubanos residentes en el exterior en la economía nacional, aunque bajo un marco regulatorio controlado por el Estado.

En el plano político, reiteró que cualquier diálogo con Washington debe basarse en el respeto mutuo y confirmó que las conversaciones continúan, aunque calificó el proceso como "muy sensible".

En ese sentido, aseguró que "el acto más fallido de los gobiernos de Estados Unidos en estos 67 años de revolución es no haber podido apoderarse de Cuba" y añadió que esa incapacidad "provoca ira" en Washington.

Por su parte, desde el lado estadounidense, la administración Trump ha reiterado el sistema de gobierno en Cuba tiene que cambiar.

Las declaraciones reflejan la postura del régimen: mantener el control político mientras intenta introducir ajustes económicos limitados, en un escenario de creciente presión internacional, crisis interna y sin señales de apertura política real.

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