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Treinta y dos años separan la batalla de Mogadishu de los montes Zagros iraníes, pero la arquitectura operacional de ambos rescates es sorprendentemente similar: pilotos caídos en territorio hostil, aeronaves perdidas durante el intento de recuperarlos, y la tensión permanente entre el imperativo de no dejar a nadie atrás y el coste humano y material de cumplirlo.
El 3 de octubre de 1993, una operación de captura de 60 minutos contra lugartenientes del señor de la guerra Mohamed Farrah Aidid en Mogadishu se convirtió en una batalla nocturna de 18 horas. Tres helicópteros Black Hawk fueron derribados por lanzacohetes RPG-7: el Super 61, cuyos pilotos CW3 Cliff Wolcott y CW3 Donovan Briley murieron en el impacto, y el Super 64, cuyo piloto CW4 Michael Durant quedó con el fémur derecho roto y vértebras aplastadas.
Los sargentos de Delta Force Gary Gordon y Randall Shughart solicitaron tres veces permiso para insertarse en el sitio del Super 64 y defender a Durant. Cuando finalmente fueron autorizados, combatieron hasta agotar su munición y fueron abatidos. Ambos recibieron la Medalla de Honor póstuma, los primeros en recibirla desde la guerra de Vietnam.
Durant fue capturado, exhibido en un video difundido mundialmente y liberado 11 días después al Comité Internacional de la Cruz Roja. El convoy de rescate de la UNOSOM II no llegó hasta las 1:55 AM del 4 de octubre, bajo fuego constante, con tanques pakistaníes M48, vehículos blindados malayos Condor y tropas estadounidenses de la 10ª División de Montaña. El saldo final: 18 soldados estadounidenses muertos y 73 heridos, una derrota estratégica que aceleró la retirada total de las fuerzas de la ONU de Somalia para principios de 1995.
El eco de Mogadishu resonó este domingo en los montes Zagros del suroeste de Irán. El 3 de abril, día 36 de la Operación Epic Fury, un F-15E Strike Eagle del 494th Fighter Squadron fue derribado por la Guardia Revolucionaria Iraní cerca de Dehdasht. El primer tripulante fue rescatado ese mismo día mediante helicópteros HH-60G Pave Hawks, aunque los aparatos recibieron fuego iraní y sufrieron daños graves.
El segundo tripulante, un coronel especialista en sistemas de armas, permaneció más de 36 horas oculto en una grieta montañosa, herido, evadiendo búsquedas masivas de la Guardia Revolucionaria, milicias y civiles movilizados con recompensas, aplicando el entrenamiento SERE —supervivencia, evasión, resistencia y escape— que también usaron los tripulantes en Somalia.
La operación de rescate ejecutada la noche del 4 al 5 de abril involucró al SEAL Team 6, junto a equipos de rescate de la Fuerza Aérea, drones MQ-9 Reaper, aeronaves A-10 Thunderbolt II, F-15, F-35 y MC-130J Commando II. Al menos dos MC-130J, valorados entre 90 y 110 millones de dólares cada uno, fueron destruidos deliberadamente por fuerzas estadounidenses para evitar que cayeran en manos iraníes, según The Wall Street Journal, en un eco directo de las pérdidas de aeronaves en Mogadishu. Las pérdidas materiales totales superan los 200 millones de dólares.
Los paralelismos doctrinales son precisos: en ambos casos se activaron protocolos de rescate de combate inmediatamente tras el derribo; en ambos se perdieron aeronaves adicionales durante el rescate; en ambos la misión original se transformó en una de las más audaces en la historia militar de Estados Unidos, superando toda planificación inicial. "Antes de cualquier operación, siempre hay un plan de rescate de combate."
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