El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó el sábado una declaración que sacudió el escenario diplomático mientras su vicepresidente, JD Vance, negociaba en Islamabad con representantes iraníes.
"Lleguemos o no a un acuerdo, me da igual. La razón es que hemos ganado, dijo.
Las palabras de Trump ante periodistas relativizaron públicamente el valor de las conversaciones que se desarrollaban en ese mismo momento en la capital pakistaní, en lo que representaba el mayor nivel de interacción directa entre Washington y Teherán desde la Revolución Islámica de 1979.
El mandatario fue aún más explícito al justificar su indiferencia: "Estamos en negociaciones muy profundas con Irán. Ganamos de cualquier manera. Los hemos derrotado militarmente".
Las negociaciones de Islamabad se celebraron en el Hotel Serena de la capital pakistaní, con Pakistán como mediador neutral, y se enmarcaron en el alto el fuego de dos semanas acordado el 7 de abril, que puso fin a 38 días de la Operación Epic Fury —la ofensiva militar conjunta lanzada por EE.UU. e Israel el 28 de febrero contra Irán—.
La delegación estadounidense estuvo encabezada por Vance, acompañado del enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump.
Por el lado iraní participaron el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi.
Ghalibaf llegó a Islamabad con escepticismo declarado: "Tenemos buenas intenciones pero no confiamos. Nuestra experiencia negociando con los estadounidenses siempre ha terminado en fracasos y promesas rotas".
El objetivo central de Washington era obtener un compromiso firme e irreversible de Teherán sobre su programa nuclear. Vance lo resumió con claridad.
"Necesitamos ver un compromiso firme de que no buscarán desarrollar un arma nuclear, y que no buscarán las herramientas que les permitirían desarrollar rápidamente un arma nuclear. Ese es el objetivo central del presidente de Estados Unidos", dijo.
Trump, por su parte, sintetizó la posición de su gobierno en una sola frase: "Sin arma nuclear. Eso es el 99% del asunto".
En paralelo a las negociaciones, el Mando Central de EE.UU. desplegó dos destructores para iniciar operaciones de desminado en el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial.
Irán había cerrado parcialmente el estrecho el 4 de marzo con minas, drones y misiles, colapsando el tráfico naval en un 97% y disparando el precio del crudo Brent de 67 a más de 126 dólares por barril.
Teherán rechazó la versión estadounidense sobre el desminado y sostuvo que mantiene el control del estrecho.
Trump respondió con otra frase contundente: "Vamos a abrir el estrecho aunque no lo usemos, porque hay muchos otros países en el mundo que sí lo usan y que o están asustados, o son débiles, o tacaños".
El mandatario también expresó su frustración con los aliados de la OTAN, a quienes acusó de haberse mantenido al margen durante la guerra y de no haber sido consultados previamente.
Además, advirtió a China que tendría "grandes problemas" si suministraba sistemas de misiles antiaéreos a Irán, y amenazó con aranceles del 50% a cualquier país que provea armas a Teherán.
El contexto militar que rodeó las conversaciones era devastador: la Operación Epic Fury destruyó más de 5,000 objetivos militares iraníes, degradó el 90% de su capacidad misilística y el 95% de sus drones, y causó la muerte del líder supremo Alí Jamenei el 1 de marzo.
El saldo del conflicto incluía casi 3,400 muertos en Irán —más de 1,600 civiles—, más de 2,000 en Líbano, 23 en Israel y 13 militares estadounidenses fallecidos en combate.
Tras 21 horas de negociaciones maratónicas, las conversaciones concluyeron sin acuerdo en la madrugada de este domingo. El principal obstáculo fue precisamente el programa nuclear: EE.UU. presentó lo que Vance denominó la "oferta final y mejor" de Washington, pero Teherán no la aceptó.
Al anunciar el fracaso, Vance fue directo: "La mala noticia es que no hemos llegado a un acuerdo, y creo que eso es una mala noticia para Irán mucho más que para Estados Unidos".
Y añadió: "Hemos dejado muy en claro cuáles son nuestras líneas rojas, en qué cosas estamos dispuestos a ceder y en qué cosas no. Y ellos han elegido no aceptar nuestros términos".
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