
Vídeos relacionados:
En los kioscos que rodean la terminal de ómnibus nacionales de Matanzas se repite cada vez con más frecuencia una escena que refleja la profundidad de la crisis humanitaria cubana: hombres y mujeres que se acercan a los mostradores no para comprar, sino para pedir algo de comer, reportó el portal independiente 14yMedio.
No siempre son ancianos ni mendigos tradicionales. Muchos visten ropa limpia, caminan erguidos y conservan un aire de dignidad que contrasta con la necesidad que los empuja a extender la mano, relata el medio de prensa.
Yania, dependienta de uno de los kioscos, lleva años trabajando en la zona y asegura que nunca había visto una situación como la actual.
«Algunos de ellos vienen hablando en voz baja, con mucha vergüenza, casi implorándome para que les regale una tacita de café o un pedacito de pan sin nada adentro», relata.
La trabajadora describe la contradicción que enfrenta a diario: «Aquí el sándwich más barato cuesta 200 pesos y si doy algo gratis, lógicamente luego tengo que pagarlo de mi bolsillo. La verdad es que se me parte el corazón viendo a tanta gente pasar necesidad. En las caras se les nota que no son inventos, que están pasando mucha miseria».
Las cifras de clientes habituales han caído tanto que en su lugar han llegado otros que no compran nada, pero se quedan cerca observando, con la esperanza de que alguien les regale un poco de comida.
Un joven pasa con la mirada baja deteniéndose frente a cada ventanilla. Otro hombre, apoyado en su bicicleta, espera a que alguien termine de comer para pedirle las sobras.
Un muchacho descalzo sujeta a un perro flaco con una cuerda improvisada y evalúa si vale la pena acercarse a algún local.
Otro trabajador del sector resume la escena con crudeza: «Por aquí pasan gente tan flaca que dan ganas de llorar, pidiendo algo de comer o de tomar para no desmayarse».
El caso más ilustrativo es el de Pablo, un anciano de 67 años que muestra el interior vacío de sus bolsillos y habla sin dramatismo, como quien relata una rutina inevitable.
«Desde chiquito mis padres me enseñaron a ser decente, aun si estuviera muriéndome de hambre. Yo pido porque, a pesar de haber trabajado toda la vida, tengo una chequera miserable que no me permite sobrevivir, ni siquiera la primera semana del mes», afirma, según las declaraciones recogidas por 14yMedio.
El comedor subsidiado donde Pablo se alimentaba cerró desde mediados de 2024 y nadie ha informado cuándo volverá a funcionar.
«La comida era poca y a veces mal cocinada, pero al menos tenía un bocado seguro de lunes a viernes», recuerda. «En estos últimos tiempos he tenido que recoger sobras de la basura, comerme cualquier cosa que desechan los carretilleros o, en el peor de los casos, acostarme sin nada en la barriga».
La historia de Pablo no es una excepción. La encuesta «En Cuba Hay Hambre 2025», elaborada por el Food Monitor Program y Cuido60 con 2,513 respuestas válidas de las 16 provincias, reveló que el 33,9% de los hogares cubanos reportó que al menos un miembro se acostó sin comer en el último año.
Matanzas figura entre las provincias más golpeadas: el 67,3% de sus hogares reportó hambre en 2025. A nivel nacional, el 94,9% de los hogares perdió algún grado de acceso a alimentos y el 79,4% destina el 80% o más de sus ingresos solo a comida.
El Observatorio Cubano de Derechos Humanos estima que el 89% de la población cubana vive en pobreza extrema, y que siete de cada diez cubanos dejó de desayunar, almorzar o cenar por falta de dinero, cifra que sube al 79% entre mayores de setenta años.
Mientras tanto, el régimen responde con medidas de imagen. Díaz-Canel visitó en agosto de 2025 un centro de atención a personas en situación de calle en Villa Clara, y el primer ministro Marrero Cruz apareció en otro centro similar en Ciego de Ávila, mientras el Consejo de Ministros define la indigencia como un «trastorno del comportamiento humano multicausal», evitando reconocer la pobreza estructural como causa.
La pensión mínima, incluso tras el aumento de agosto de 2025 que la elevó a 4,000 pesos cubanos —unos nueve dólares al cambio informal—, no alcanza para cubrir una semana de alimentación básica, según reportes independientes.
Archivado en: