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El periódico oficial La Demajagua, órgano oficial del Partido Comunista en Granma, publicó este sábado un artículo que promueve el consumo de semillas de calabaza, girasol, sésamo, granada, anacardo, amaranto y frijol caballero como vía para fortalecer la "soberanía alimentaria" en medio de la escasez, en lo que representa un nuevo episodio del patrón propagandístico del régimen ante el colapso alimentario.
El texto, en tono didáctico, reconoce desde su primer párrafo que Cuba atraviesa "tiempos de escasez de alimentos" y propone incorporar estas semillas a panes, caldos, ensaladas, cremas y batidos como alternativa nutricional de bajo costo.
La ironía del momento no pasa desapercibida, pues La Demajagua se publica desde una de las provincias más golpeadas por el hambre en toda Cuba.
Según la encuesta En Cuba Hay Hambre 2025 del Food Monitor Program, publicada en días recientes, 78,9 % de la población de Granma se encuentra en situación de hambre, más del doble del promedio nacional de 33,9 %.
Esa misma encuesta, que reveló que uno de cada tres hogares cubanos pasó hambre en 2025, también señala que 25 % de los cubanos se acuesta sin cenar y que 29 % de las familias ha eliminado una comida diaria.
El artículo de La Demajagua admite, casi de pasada, que los intentos previos del régimen por diversificar la producción agrícola han fracasado.
"Lástima que el intento de extender su cultivo no haya prosperado", indica el artículo sobre el amaranto, una planta que el propio Estado promovió sin éxito.
Este reconocimiento de fracaso no impide que el texto concluya con optimismo oficial. "De este modo, no solo se valoraría mejor la biodiversidad agrícola del país, sino que también se fortalecería la soberanía alimentaria", augura.
La pieza se inscribe en una cadena de iniciativas propagandísticas que el régimen ha desplegado en los últimos años para sustituir soluciones reales por alternativas de subsistencia.
En agosto de 2025, la Universidad de Oriente defendió la moringa como superior al yogur, la leche y las espinacas juntas.
En diciembre de ese año, un funcionario del régimen pidió a los cubanos dejar de comer papa y arroz porque "no son alimentos cubanos".
En abril de 2026, Artemisa presentó el cultivo de estevia como alternativa al azúcar, mientras su único central azucarero producía menos de 40 % de lo planificado.
En ese mismo mes, un informe reveló que cinco provincias se encuentran en niveles críticos de supervivencia alimentaria, La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Guantánamo y Santiago de Cuba.
El trasfondo estructural es devastador, pues Cuba importa entre 70 % y 80 % de sus alimentos, con un gasto estimado de 2,000 millones de dólares anuales, mientras la producción nacional se desploma.
Según datos oficiales, la carne de cerdo cayó un 93,2 %, el arroz entre un 59 % y un 81 %, los huevos un 43 % y la leche un 37,6 %.
Días atrás, el gobernante Miguel Díaz-Canel declaró ante comunistas extranjeros que Cuba "comerá lo que sea capaz de producir", mientras el viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca admitió que los avances de la Ley de Soberanía Alimentaria están "lejos de lo que espera el pueblo".
Preguntas frecuentes sobre la crisis alimentaria en Cuba y las soluciones propuestas por el régimen
CiberCuba te lo explica:
¿Qué propone el régimen cubano para enfrentar la escasez de alimentos?
El régimen cubano ha promovido el uso de semillas como las de calabaza, girasol y amaranto para fortalecer la "soberanía alimentaria". Sin embargo, estas propuestas son vistas como sustituciones de emergencia ante el colapso alimentario, y no abordan los problemas estructurales del sistema agrícola estatal.
¿Cuál es la situación actual de la crisis alimentaria en Cuba?
La crisis alimentaria en Cuba es severa, con el 33,9% de las familias pasando hambre y el 78,9% de la población en Granma enfrentando inseguridad alimentaria. La situación ha llevado a la población a recurrir a prácticas extremas como la caza de animales silvestres para sobrevivir.
¿Qué críticas se han hecho a las políticas alimentarias del gobierno cubano?
Las críticas se centran en que el gobierno intenta sustituir soluciones reales por alternativas de subsistencia, como el fomento de cultivos no tradicionales y la promoción de alimentos como la moringa y la estevia en lugar de abordar la falta de inversión y el colapso del sistema agrícola estatal.
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