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La nueva subida del dólar en el mercado informal cubano hasta los 550 pesos por unidad no solo marca otro récord histórico para la moneda estadounidense en la isla: también confirma el colapso acelerado del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados, incluso después de las subidas salariales y de pensiones anunciadas por el régimen en el último año.
Los datos oficiales y la evolución reciente del mercado cambiario muestran una realidad demoledora: en Cuba hoy se gana más pesos que hace un año, pero esos pesos valen mucho menos.
En abril de 2025, la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) informó que el salario medio mensual en Cuba era de 5,839 pesos cubanos (CUP). En ese momento, el dólar informal rondaba los 363 CUP, por lo que el ingreso promedio equivalía a unos 16 dólares mensuales.
Un año después, el salario medio subió nominalmente hasta una franja cercana a los 6,900 CUP, según estimaciones oficiales y economistas independientes. Sin embargo, con el dólar disparado este martes hasta los 550 CUP, ese salario equivale apenas a 12.6 dólares mensuales.
En términos reales, el trabajador estatal cubano perdió alrededor del 22 % de su poder adquisitivo en dólares en apenas un año, pese al aumento salarial en pesos.
La situación es todavía más dramática para los jubilados. Las pensiones medias, que tras los incrementos parciales de 2025 llegaron a rondar entre 9 y 10 dólares mensuales al cambio informal, hoy apenas equivalen a entre 4 y 4.5 dólares.
En muchos casos, las pensiones mínimas caen incluso por debajo de los cuatro dólares mensuales. Eso significa que miles de ancianos cubanos sobreviven con poco más de 13 centavos de dólar diarios.
El desplome del poder adquisitivo ocurre en paralelo con un incremento sostenido de los precios de alimentos, medicinas, transporte y productos básicos. Una libra de carne de cerdo supera fácilmente los 1,200 CUP en muchas provincias. Un cartón de huevos puede costar entre 3,000 y 4,000 CUP. Un litro de aceite ronda los 1,200 CUP y un paquete de pollo importado ya supera los 4,500 CUP en el mercado informal.
Mientras tanto, productos básicos de higiene como detergente, pasta dental o jabón continúan desapareciendo periódicamente de las tiendas estatales y reaparecen en reventa con precios inaccesibles para la mayoría de los trabajadores.
La dolarización parcial de la economía ha agravado aún más la fractura social. Muchos comercios venden productos esenciales exclusivamente en divisas o mediante tarjetas vinculadas a moneda extranjera, dejando fuera a millones de cubanos que dependen únicamente de salarios y pensiones estatales pagados en pesos depreciados.
El resultado es una economía dual donde sobrevivir depende cada vez más de recibir remesas, tener acceso a dólares o participar en actividades informales.
La crisis golpea especialmente a profesionales del sector estatal. Médicos, maestros, ingenieros y jubilados han visto cómo sus ingresos quedan pulverizados frente a la inflación. Un médico puede ganar el equivalente a 25 o 30 dólares mensuales en el mejor de los casos, mientras que un jubilado apenas logra comprar unos pocos alimentos básicos para una semana.
La pérdida de valor del peso cubano ha sido vertiginosa. En 2020, el dólar informal rondaba los 42 CUP. Hoy vale 550. Eso implica una depreciación cercana al 95 % de la moneda nacional en apenas seis años.
El fracaso del Ordenamiento Monetario de 2021, la impresión masiva de pesos sin respaldo productivo, la caída del turismo, la destrucción de la industria nacional y la dependencia extrema de importaciones han acelerado el deterioro económico del país.
La brecha entre la tasa oficial y el mercado informal también refleja la pérdida total de confianza en la moneda nacional. Aunque el Banco Central mantiene una referencia oficial artificialmente baja, la economía cotidiana de los cubanos funciona bajo los valores reales impuestos por la calle.
Cada subida del dólar reduce inmediatamente la capacidad de compra de salarios y pensiones. Y mientras el régimen continúa anunciando incrementos nominales en pesos, la inflación y la devaluación terminan absorbiendo cualquier mejora antes de que llegue al bolsillo de la población.
Para millones de cubanos, el resultado es una sensación permanente de empobrecimiento: trabajar más, cobrar más pesos y poder comprar menos comida.
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