Miguel Díaz-Canel volvió a cargar este domingo contra «las élites que se enriquecen obscenamente» durante su intervención por el 26 de Julio.
La frase pretendía denunciar las desigualdades del capitalismo, pero terminó poniendo de relieve una de las mayores contradicciones del discurso oficial: la creciente brecha social que existe hoy dentro de Cuba.
«Las élites se enriquecen obscenamente», afirmó el gobernante al referirse a otros países. Sin embargo, la descripción recogida por Cubadebate encaja cada vez más con la realidad de una isla donde una minoría vinculada al poder político, militar y empresarial disfruta de un nivel de vida inalcanzable para la inmensa mayoría de los cubanos.
Mientras Díaz-Canel apelaba al sacrificio colectivo y a la resistencia frente al embargo estadounidense, millones de cubanos continúan enfrentándose a apagones diarios, escasez de alimentos y medicamentos, inflación descontrolada, salarios incapaces de cubrir las necesidades básicas y un éxodo migratorio sin precedentes.
La nueva élite del socialismo cubano
La narrativa oficial ha sostenido durante décadas que la llamada "revolución" eliminó las profundas desigualdades que existían antes de 1959. Sin embargo, la Cuba actual ofrece una imagen muy distinta.
En La Habana y otras ciudades proliferan restaurantes exclusivos, bares de lujo, automóviles de alta gama, mansiones remodeladas y negocios privados orientados a una clientela con un elevado poder adquisitivo.
Al mismo tiempo, la mayoría de la población hace largas colas para conseguir alimentos básicos, sobrevive con salarios estatales equivalentes a apenas unos pocos dólares al mes y soporta prolongados cortes eléctricos.
Las redes sociales también han hecho visible esa fractura. Empresarios cercanos al poder, funcionarios, artistas afines y nuevos actores económicos exhiben viajes, relojes de lujo, cenas exclusivas y propiedades que contrastan con la vida cotidiana de la mayoría de los cubanos.
Uno de los ejemplos más recientes de esa desconexión lo protagonizó Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo" y nieto de Raúl Castro, quien en una reciente entrevista con USA Today defendió el estilo de vida del que disfruta y admitió: "Me duele que mucha gente no pueda vivir como yo. Me pesa cómo lucha la gente. Y trabajo cada día para cambiar esa situación".
En esa misma conversación imaginó una Cuba donde cualquier ciudadano pudiera entrar a un supermercado y comprar productos como foie gras, una imagen que muchos interpretaron como el reflejo de la enorme distancia entre la casta privilegiada y una población que hoy dedica horas a conseguir alimentos básicos.
La referencia al foie gras terminó convirtiéndose, para muchos cubanos, en una metáfora del abismo que separa a quienes pueden aspirar a productos de lujo y quienes apenas logran encontrar pollo, aceite, arroz o medicamentos básicos.
Las reformas económicas están redefiniendo la propiedad
La contradicción resulta aún más evidente porque el propio gobierno de Díaz-Canel impulsa actualmente un amplio paquete de 176 Transformaciones Económicas y Sociales, presentado como la mayor actualización del modelo económico en décadas.
Aunque oficialmente se presentan como una modernización del socialismo, numerosos economistas consideran que estas medidas también están sentando las bases para una profunda redistribución de la propiedad.
La preocupación no reside únicamente en la apertura económica, sino en quiénes estarán en condiciones de adquirir empresas, activos estatales, participar en futuras privatizaciones o aprovechar las nuevas oportunidades de inversión.
En un país donde el acceso al crédito, las divisas, las licencias y buena parte de la actividad económica continúa dependiendo de decisiones políticas, muchos analistas advierten que los principales beneficiarios serán personas cercanas a las estructuras del poder, altos funcionarios, directivos de empresas estatales, militares y empresarios con vínculos privilegiados.
En otras palabras, mientras durante décadas el régimen combatió la propiedad privada en nombre de la igualdad, ahora corre el riesgo de facilitar la concentración de riqueza en manos de una élite estrechamente ligada al propio sistema político.
Un capitalismo de privilegios
La paradoja resulta difícil de ignorar.
Durante años el régimen cubano justificó las restricciones económicas afirmando que buscaba impedir el surgimiento de grandes fortunas privadas. Sin embargo, la realidad actual apunta hacia un modelo donde las oportunidades no dependen tanto del mercado como del acceso al poder.
Sin instituciones independientes, sin seguridad jurídica plena y sin igualdad de condiciones para competir, la apertura económica puede terminar consolidando un capitalismo de privilegios en lugar de una economía abierta y competitiva.
Cada vez son más visibles los contrastes entre quienes frecuentan hoteles de lujo, restaurantes exclusivos o urbanizaciones privilegiadas y quienes sobreviven con pensiones insuficientes o salarios que apenas alcanzan para unos pocos días de alimentación.
Una frase que terminó describiendo a Cuba
Por eso, cuando Díaz-Canel afirmó que "las élites se enriquecen obscenamente", muchos cubanos no pensaron en otros países.
Pensaron en quienes circulan en vehículos de lujo mientras el transporte público colapsa; en quienes disfrutan de exclusivas cenas mientras millones de personas apenas consiguen poner comida sobre la mesa; en quienes acumulan patrimonio mientras cientos de miles de cubanos emigran buscando las oportunidades que no encuentran en su propio país.
La frase pretendía ser una crítica al capitalismo. Pero terminó convirtiéndose, quizá sin proponérselo, en una descripción cada vez más reconocible de la Cuba que ha emergido bajo el propio modelo que Díaz-Canel defiende: una sociedad donde la desigualdad ya no es una excepción, sino una realidad que crece al ritmo de una nueva élite económica estrechamente vinculada al poder.
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