Maduro no creyó que EE.UU. iría por él: La Habana toma nota y busca evitar el mismo desenlace

Nicolás Maduro baila y se burla de Trump días antes de su captura © Captura de video X / @jbillinson
Nicolás Maduro baila y se burla de Trump días antes de su captura Foto © Captura de video X / @jbillinson

Nicolás Maduro fue advertido de que Estados Unidos podía ir por él. No lo creyó y seis días después fuerzas estadounidenses entraron en Caracas y lo capturaron junto a Cilia Flores.

Ocho meses más tarde, las señales procedentes de La Habana apuntan a que el régimen cubano no quiere cometer el mismo error.

La cúpula habría reforzado la protección de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel, y el jefe de Seguridad Personal acaba de plantear públicamente qué ocurriría si alguien intentara «secuestrar o asesinar» a uno de los principales dirigentes.

Pero Venezuela dejó otra lección para La Habana: Estados Unidos no solo consiguió sacar a Maduro del poder, sino que encontró dentro del propio chavismo una figura, Delcy Rodríguez, con la que gestionar el día siguiente.

La administración de Donald Trump estaría intentando identificar un interlocutor semejante dentro del régimen cubano. Sus propios organismos de inteligencia, sin embargo, habrían advertido de que encontrar una «Delcy cubana» será considerablemente más difícil.

Maduro recibió una advertencia y la ignoró

Un informe de inteligencia citado por Infobae reveló que Vladimir Padrino López advirtió a Maduro el 28 de diciembre de 2025 sobre la posibilidad de una operación militar estadounidense.

El entonces ministro de Defensa recomendó suspender los permisos navideños, reforzar las unidades militares y elevar la actividad operativa.

Maduro desestimó la alerta. Según el informe, intermediarios con contactos en Estados Unidos le habían asegurado que Washington no actuaría militarmente contra él o su familia.

El 3 de enero, fuerzas estadounidenses ejecutaron la operación que terminó con su captura. Durante la acción murieron 32 cubanos vinculados al aparato militar y de seguridad desplegado por La Habana en Venezuela.

La Habana parece haber tomado nota

En agosto, una investigación de The New York Times basada en funcionarios estadounidenses, informó que Cuba habría reforzado la seguridad de Raúl Castro y Díaz-Canel para dificultar una eventual operación destinada a capturarlos o matarlos.

La posibilidad tampoco ha sido descartada públicamente por Washington.

En junio, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, fue interrogado directamente sobre una operación de captura o eliminación contra Díaz-Canel similar a la ejecutada contra Maduro.

Hegseth respondió que Estados Unidos tenía «opciones para todos los escenarios» y aseguró que «todas esas opciones están sobre la mesa», aunque dejó la eventual decisión en manos de Trump.

No existe información pública de que el presidente estadounidense haya ordenado una operación contra la cúpula cubana. Pero La Habana parece haber incorporado esa posibilidad a sus cálculos.

Este fin de semana, el general de brigada Emir Mesa Corona, jefe de la Dirección de Seguridad Personal, recordó a los 32 muertos en Venezuela y preguntó qué harían las FAR, el MININT, la Contrainteligencia Militar y «cada cubano revolucionario» si intentaran «secuestrar o asesinar» a uno de los principales dirigentes.

Raúl Castro pidió, además, que la sangre de los fallecidos en Venezuela «no sea olvidada jamás» y que su ejemplo se convierta en «la guía a seguir» para Seguridad Personal.

Los hombres que murieron durante la operación que no pudo impedir la captura de Maduro son convertidos así en modelo de resistencia para quienes tendrían que impedir un escenario semejante en Cuba.

La otra lección de Venezuela: encontrar una Delcy

La operación estadounidense no terminó con la captura de Maduro.

Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina y se convirtió en la figura dentro del propio aparato chavista con la que Washington pudo gestionar la nueva etapa.

Según reportes recogidos por CiberCuba, la administración Trump ha pedido a las agencias de inteligencia identificar dentro del régimen cubano a funcionarios actuales o antiguos que puedan actuar como interlocutores pragmáticos en un eventual proceso de transición.

El modelo sería precisamente Delcy Rodríguez.

Sin embargo, los organismos de inteligencia habrían advertido a la administración Trump de que reproducir ese modelo en Cuba será mucho más difícil.

La estructura cubana es considerada más cerrada, rígida y cohesionada que la venezolana, y las agencias estadounidenses no habrían identificado hasta ahora una figura que reúna claramente las condiciones para desempeñar ese papel.

La dificultad resulta crucial: sacar del tablero a un dirigente es solo una parte del problema. Washington necesitaría saber quién puede mantener funcionando las instituciones, controlar a los aparatos militar y de seguridad y conducir una transición sin provocar un vacío de poder.

Óscar Pérez-Oliva y otros nombres bajo la lupa

Entre los nombres que han aparecido en informaciones y análisis sobre un hipotético «Delcy cubano» figura Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera.

CiberCuba señaló desde enero su perfil como una figura a observar ante una eventual transición. Su rápido ascenso, su vinculación familiar con los Castro y su perfil económico lo han colocado bajo especial atención.

Sin embargo, reportes posteriores apuntaron a una paradoja: La Habana estaría posicionando a Pérez-Oliva como posible sucesor, mientras Washington tendría reservas sobre su idoneidad, precisamente por su estrecha vinculación con el núcleo de poder castrista.

También han aparecido los nombres del ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, y de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, «El Cangrejo», nieto y hombre de confianza de Raúl Castro.

Ambos mantuvieron contactos con el director de la CIA, John Ratcliffe, durante su visita a La Habana en mayo. Sin embargo, no existen elementos públicos que permitan afirmar que Washington haya seleccionado a ninguno como candidato para encabezar una transición.

La difusión de esos nombres puede tener, además, un efecto particularmente incómodo para un sistema construido alrededor de la lealtad: alimentar sospechas dentro de la propia cúpula sobre quién podría estar dispuesto a negociar con Washington llegado el momento.

Dos lecciones que La Habana no quiere olvidar

La experiencia venezolana plantea así dos desafíos diferentes para el régimen cubano.

El primero es externo: evitar que Estados Unidos pueda repetir una operación destinada a capturar a uno de sus dirigentes.

El segundo es interno: evitar que Washington encuentre dentro del propio sistema una figura capaz de desempeñar el papel que Delcy Rodríguez asumió tras la caída de Maduro.

Las señales de los últimos meses apuntan a que La Habana presta atención a ambos.

Raúl y Díaz-Canel tendrían mayor protección; Seguridad Personal proclama su disposición a combatir; los 32 muertos en Venezuela son convertidos en ejemplo; y Díaz-Canel ha advertido de una posible acción militar y prometido resistencia «hasta la última gota de sangre».

Al mismo tiempo, las informaciones sobre la búsqueda estadounidense de una «Delcy cubana» colocan bajo observación los movimientos dentro de la propia élite.

Maduro recibió una advertencia y decidió que Estados Unidos no se atrevería.

La Habana parece haber extraído una conclusión diferente: el precedente venezolano ya existe y el peligro no estaría únicamente en quién pueda entrar desde fuera, sino también en quién esté dispuesto a negociar desde dentro.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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