«Muy difíciles de revertir»: La ambigüedad detrás de la nueva apertura económica del régimen cubano

Carlos Luis Jorge Méndez en la Mesa Redonda (imagen de referencia) © Captura de video YouTube / Canal Caribe
Carlos Luis Jorge Méndez en la Mesa Redonda (imagen de referencia) Foto © Captura de video YouTube / Canal Caribe

Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, ha vuelto a defender ante la prensa estadounidense la nueva apertura económica del régimen.

Pero una frase de su entrevista con USA Today merece especial atención.

«Hay transformaciones que estamos haciendo, que están cambiando tan profundamente la forma en que se comporta la economía nacional, y que serán muy difíciles de revertir», afirmó.

Muy difíciles de revertir. No irreversibles.

La diferencia es importante en un país donde anteriores aperturas al sector privado terminaron sometidas a nuevas restricciones.

El propio USA Today plantea la incógnita sobre la permanencia de las reformas y cita al empresario John Kavulich, quien considera que Cuba necesitaría modificar su Constitución para hacerlas realmente permanentes.

Méndez intenta despejar precisamente esa desconfianza. «Esto va en serio. No es una estratagema», aseguró.

Sin embargo, las garantías jurídicas de esa permanencia siguen sin estar claras.

Apertura, pero bajo control del PCC

Las 176 transformaciones anunciadas en junio amplían considerablemente el espacio de la iniciativa privada y la inversión extranjera.

Entre otros cambios, el gobierno de Miguel Díaz-Canel contempla una mayor participación del capital privado, nuevas posibilidades para las mipymes y modificaciones importantes en materia de inversión, comercio exterior y propiedad empresarial.

Pero, paralelamente, el discurso político ha marcado repetidamente los límites.

Díaz-Canel ha insistido en que Cuba no está renunciando al socialismo. El primer ministro Manuel Marrero Cruz ha asegurado que las medidas no representan un giro hacia el capitalismo, sino una «actualización del modelo socialista».

Y el propio Díaz-Canel ha dejado claro que las transformaciones continuarán bajo la dirección del Partido Comunista.

Ahí aparece la contradicción —o, como mínimo, la ambigüedad— del mensaje.

Hacia el exterior, La Habana necesita convencer a empresarios, inversores y gobiernos de que la apertura es real y duradera. Hacia el interior, garantiza que el socialismo seguirá siendo el marco del proceso y que el PCC conservará su control.

Méndez conoce bien ese doble discurso. Ya acompañó a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, 'El Cangrejo', en su primera entrevista internacional, en la que ambos defendieron una mayor apertura económica sin plantear una apertura política.

Y ahora vuelve a proyectar hacia Estados Unidos la imagen de una Cuba dispuesta a cambiar.

¿Dónde están las garantías?

Convertir las 176 medidas en leyes no resuelve necesariamente el problema.

Permitir jurídicamente una actividad privada no equivale a garantizar jurídicamente su permanencia. Una legislación que hoy permite importar directamente, contratar trabajadores o recibir inversión también puede modificarse mañana.

Una apertura realmente protegida necesitaría garantías de mayor rango:

  • reconocimiento constitucional estable de la propiedad y la empresa privadas
  • protección efectiva frente a expropiaciones o restricciones arbitrarias
  • seguridad jurídica para los inversores
  • debido proceso y mecanismos independientes capaces de hacer cumplir esos derechos frente al propio Estado

Ninguna reforma económica es absolutamente irreversible: incluso una Constitución puede modificarse. Pero existen enormes diferencias entre tener que cambiar una Constitución y simplemente modificar una resolución, un decreto o una ley.

Y ahí está la pregunta que el discurso oficial todavía no responde: ¿qué impediría jurídicamente al Partido Comunista cerrar mañana los espacios económicos que está abriendo hoy?

No hay pruebas para afirmar que el régimen haya diseñado las 176 transformaciones con la intención de revertirlas posteriormente. Pero tampoco existen, hasta ahora, garantías suficientes para descartar esa posibilidad.

Esa ambigüedad puede resultar políticamente conveniente. La Habana puede exhibir ante Washington y los inversores una «voluntad aperturista», atraer capital y reclamar reconocimiento por sus reformas sin comprometerse expresamente a que estas sean irreversibles.

Por eso las palabras de Jorge Méndez deben leerse exactamente como fueron pronunciadas.

El viceministro asegura que el proceso «va en serio». Dice que las transformaciones serán profundas. Dice que serán «muy difíciles de revertir».

Pero no dice que sean irreversibles.

Y mientras el mismo Partido Comunista que promete la apertura conserve también la capacidad política y jurídica de determinar sus límites, esa diferencia no es un simple matiz semántico: es una cuestión de garantías.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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