Pedro Hamed Fajardo Armas / Puerto de Cienfuegos Foto © Captura de video / Granma

Despido del estibador de Cienfuegos deja en evidencia al tardocastrismo

El tardocastrismo y su anticubana Central de Trabajadores de Cuba (CTC) han vuelto a quedar en evidencia con su silencio ante el injusto despido del estibador Pedro Hamed Fajardo Armas, tras denunciar públicamente los bajos salarios y malas condiciones laborales que provocaron una huelga de brazos caídos en el puerto de Cienfuegos.

La estética del tardocastrismo ya ni siquiera exige que no ocurran problemas, sino que no se sepan, que no se filtren a las redes sociales para que los medios alternativos no puedan reproducir la denuncia de un trabajador cubano que, si fuera obrero de un país capitalista y -especialmente- norteamericano, colombiano, brasileño o de cualquier otro gobernado por un adversario de La Habana, ya coparía los principales espacios de la prensa anticubana que paga el Partido Comunista.

El procedimiento esgrimido es el habitual, alguien denuncia públicamente su malestar por sus condiciones de trabajo, cosa rara en ese paraíso de la dictadura del proletariado, donde los obreros casi siempre mueren de felicidad y alborozo; e inmediatamente el estado represivo, que papagayea ser campeón olímpico en derechos humanos, lo reprime quitándole el trabajo, que es su único medio de vida.

Fajardo Armas debe prepararse ahora para el asesinato de su reputación -en formato público y privado- la maquinaria comunista de propaganda lo acusará desde poner en peligro un plan estratégico para burlar el embargo norteamericano con la publicación de unas fotos de su lugar de trabajo hasta de no haber sido crítico con uno de sus tatarabuelos por no ser valiente frente al colonialismo español.

En el ámbito privado, los factores de su cuadra y barrio correrán la inmundicia que es mal padre, mal hijo, mal esposo, que tiene tendencia al alcoholismo y otras depemndencias y que -en el círculo infantil- aprovechó un descuido de la auxiliar pedagógica para robarse una tortica de Morón que no le tocaba.

A diferencia del mundo artístico, donde funciona la solidaridad entre pares, desde que el 27N apoyó al Movimiento San Isidro, el silencio público parece ser la nota predominante entre los compañeros de Fajardo Armas, aunque estén decididos a mantener la huelga de brazos caídos y apoyo en privado al caído en desgracia.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de Transporte y Puertos desde la base (puerto de Cienfuegos) hasta la súperestructura burocrática (Secretariado Nacional) está más callado que una monja de clausura y solo levantará su voz para apalear a Pedro Hamed Fajardo Armas, acusándolo de traidor a la patria y todas esas boberías solemnes del catálogo de insultos y mítines de repudio castrista.

Aracelio Iglesias Díaz, lider portuario cubano / Foto: Cubarte

En el ya lejano 1933, el dirigente sindical comunista, Aracelio Iglesias Díaz, contrbuyó decisivamente a la caída del general Gerardo Machado Morales, liderando una huelga de diecinueve días en el puerto de La Habana y, a fines de ese año, los obreros portuarios acordaron, en solidaridad con un paro de los tabaqueros, no realizar los embarques de tabaco por los muelles de la capital cubana.

En 1938, puso freno a la situación de privilegios que prevalecía en el puerto y sentó las bases para lograr el establecimiento de las Listas Rotativas, que posibilitaron que  el Sindicato de Estibadores controlara el trabajo en todos los buques que, procedentes de Estados Unidos, venían consignados a la firma Federico Casteleiro & Seamship Company.

En 1940, los trabajadores de los muelles de la Auxiliar Marítima S.A., Hersey y Quinto Distrito Aduanal de Regla, llevaban más de tres años percibiendo salarios por debajo de la tarifa oficial, Aracelio Iglesias Díaz lideró una revuelta sindical que consiguió que los trabajadores de la Auxiliar Marítima S.A. cobrarán más de veinte mil pesos, por concepto de salarios dejados de percibir.

Posteriormente, el Sindicato de Estibadores denunció públicamente los atropellos del jefe de la Policía Marítima, provocando que el entonces jefe de la Marina de Guerra, coronel Ángel A. González, citara a Aracelio Iglesias, que presentó pruebas que sirvieron para destituir al jefe de la Policía Marítima.

En paralelo, Aracelio Iglesias, combinando la presión de las huelgas con la negociación, consiguió un aumento salarial del 15%, que tuvo carácter general para todos los obreros marítimos y portuarios del país con el Decreto 2982, de 1941.

En 1942, las luchas de los portuarios habaneros lograron el establecimiento de las Listas Rotativas de Trabajo, cuando se dictó por el gobierno el Decreto 1286 de 5 de mayo en ese propio año. Posteriormente se convalidaron las listas, al aprobar el Congreso de la República de Cuba la Ley no. 11, de 20 de marzo de 1943, que consolidó legalmente el fruto de las luchas obreras.

Más tarde, con motivo del conflicto surgido por una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia sobre el uso de los “carritos” en los muelles (planchas en las que se depositaba la mercancía, arrastradas por tractores) se obtuvo otro 15% de aumento salarial para los obreros del puerto de La Habana, contenido en el Decreto 2, de 6 de enero de 1944. Un año después, se alcanzó un 20% de aumento en los salarios para todos los obreros portuarios de Cuba, al dictarse el Decreto 431, de 14 de febrero de 1945.

Dos años más tarde se logró otro 15% de aumento en las labores de manipulación de mercancías con excepción del azúcar y sus derivados y que amparaba a los obreros portuarios nacionalmente, comprendido en la Resolución no. 1181 del 1 de julio de 1947.

Aracelio Iglesias Díaz fue asesinado por pistoleros al servicio de las empresas marítimas el 17 de octubre de 1948, tras acabar una reunión en La Habana; Pedro Hamed Fajardo Armas, ha sido ultimado civilmente por el hegemómico Partido Comunista de Cuba y sus secuaces de la CTC; el crimen de Aracelio fue publicado por la prensa de la época; los periódicos, radios y televisiones de la costra ideológica enemiga de la nación cubana guardan silencio cómplice.

A  62 años del triunfo de una revolución que se proclamó de los humildes y para los humildes, el estibador cienfueguero Hamed Fajardo Armas, ha sido despedido por los capataces tardocastrista sin derecho a indemnización alguna y, a partir de ahora, será vigilado y perseguido, tras ser clasificado como enemigo de la casta verde oliva y enguayaberada, incluido el servil capataz Ulises Guilarte de Nacimiento, que teme a un estallido popular.

La oposición cubana tampoco se ha pronunciado sobre la situación del obrero portuario despedido en Ciefuegos, que nos abe cómo va a poder mantener a su familia de ahora en adelante; cuando el paquete neoliberal propinado por el gobierno al pueblo, profundizará la pobreza y desigualdad.

Quizá toda esta cochambre antiobrera comenzó en 1963, cuando Fidel Castro Ruz razonaba así en asamblea de militantes del partido comunista y obreros ejemplares de la construcción:

(...) Nosotros tenemos que olvidarnos de esas cuentas abstractas y empezar a pensar en una aritmética -si ustedes quieren- concreta y económica.  Nosotros tenemos que aprender a pensar económicamente y con una aritmética económica. 

Porque ustedes no pueden divorciar de ninguna manera sus intereses como clase trabajadora de sus intereses como clase dirigente y gobernante del país, como clase propietaria de la riqueza del país. Porque la aritmética de antes era la aritmética de una clase explotada y sojuzgada y la aritmética de una clase dominante y explotadora, en que cada vez que le sacaban un centavo al trabajador iba para sus bolsillos; mientras que cuando ahora el trabajador ahorra un centavo, que malgasta y que bota, ese centavo va para sus bolsillos precisamente.  Es decir, no está ahorrando para otra clase, está ahorrando para sí.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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