El trovador oficialista Raúl Torres salió en defensa pública de Israel Rojas, líder de la agrupación Buena Fe, tras la polémica entrevista publicada por el medio independiente La Joven Cuba (LJC).
En un encendido post en redes sociales, Torres calificó la intervención de Rojas como una “lechada jonronera” y arremetió contra LJC, a la que tildó de medio “contrarrevolucionario” que practica un “periodismo de cacería de brujas”.

El texto de Torres no escatimó en elogios hacia Rojas, a quien describió como un “titán de la cultura cubana” que representa “una Cuba nueva que rompe cadenas arcaicas”, y cuyo discurso –según él– no se acomoda ni al dogma ni a la disidencia.
“Isra, un artista trabajador, un crítico lúcido… no teme señalar tanto el bloqueo criminal de EE.UU. como nuestros propios errores internos. Esa es su grandeza”, escribió Torres.
Lejos de una defensa mesurada, el trovador conocido por sus himnos propagandísticos dedicados a Castro y Hugo Chávez, empleó un lenguaje emocional y grandilocuente para atacar a los entrevistadores, acusándolos de intentar “pescar en aguas turbias” con preguntas “ideológicamente malintencionadas”. Según su interpretación, LJC buscaba arrancar una frase polémica de Rojas para “alimentar el circo contrarrevolucionario”.
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En el corazón de su mensaje, Torres arremetió contra los medios independientes cubanos y su creciente influencia en el debate público nacional, afirmando que lo que realmente les molesta es que Israel Rojas “no cabe en sus narrativas binarias”, porque su discurso “exige cambio sin renunciar a la esencia [revolucionaria]”.
Este argumento, sin embargo, fue duramente cuestionado por sectores de la sociedad civil, que perciben en las recientes declaraciones de Rojas una estrategia de lavado de imagen, más orientada a testear el clima social que a expresar una auténtica autocrítica del sistema.
Uno de los pasajes más polémicos del post de Torres es su afirmación de que el dictador Fidel Castro habría “alzado una copa” ante la entrevista, porque Rojas “defiende la Revolución criticando lo que no funciona”.
En contraste con esta visión idealizada de la crítica “revolucionaria”, gran parte del público cubano percibió en la entrevista del líder de Buena Fe un esfuerzo tardío y superficial por mostrarse tolerante, tras años de alineamiento férreo con el discurso oficialista y de hostilidad hacia quienes se manifestaron durante el estallido social del 11J.
Torres también apeló a su biografía personal para justificar su lealtad al sistema: “Soy un negro de padres de familia otrora hambrienta a la que la revolución les dio dignidad, estudio y trabajo”, escribió, dejando claro que su apoyo a figuras como Rojas o el gobernante Miguel Díaz-Canel no es negociable.
En ese sentido, su mensaje terminó convirtiéndose en una exaltación del dogmatismo disfrazado de apertura: “¡Viva Fidel, Viva Raúl, Viva Díaz-Canel, Viva la Revolución y Viva Cuba libre pero también autocrítica!”
El tono agresivo de su cierre contrastó con el llamado al debate que aseguró defender: “Por las buenas regalo mi casa con todo adentro… por las malas le quito el castillo a quien sea”, advirtió Torres, entre bromas y amenazas apenas veladas.
Para muchos, el post de Torres confirma que tanto las declaraciones de Rojas como su eco en voceros del régimen, responden a una narrativa bien calibrada desde el oficialismo para aparentar una apertura que, en el fondo, no busca más que preservar el statu quo.
En un país marcado por la represión a la libertad de expresión, la instrumentalización de la cultura con fines propagandísticos sigue siendo un pilar central del régimen. Y en ese escenario, tanto Israel Rojas como Raúl Torres han demostrado, una vez más, que su lealtad está con el poder, no con el pueblo que sufre los apagones, la censura y la falta de futuro.
Lis Cuesta capta a Israel Rojas para debate en el ISA tras la polémica entrevista
Apenas un día después de la polémica, la directora de eventos del ministerio de Cultura y esposa de Díaz-Canel, Lis Cuesta Peraza, anunció en redes sociales que Rojas participará como invitado en su aula del Instituto Superior de Arte (ISA) para debatir sobre Industrias Culturales. “La carrera sobre Gestión se honrará con creadores que rompen barreras”, escribió.
El gesto ha sido interpretado como parte de una estrategia del oficialismo para rehabilitar figuras cuestionadas sin romper con el sistema. Rojas, ampliamente criticado por negar la existencia de presos políticos y legitimar la represión del 11J, fue objeto de una fuerte ola de escepticismo tras sugerir, en su entrevista con LJC, la posibilidad de indultar a algunos manifestantes. Muchos vieron en sus palabras un intento calculado de reposicionarse sin pagar el costo político de una autocrítica real.
La aparición inmediata de Cuesta Perazapara integrarlo a un “debate académico” ha sido vista como una maniobra simbólica que busca enmarcarlo como un actor renovador, pero siempre dentro de los límites del discurso oficial.
El ISA, bajo la influencia de la "no primera dama", se ha convertido en un escenario útil para promover lo que el poder intenta presentar como “apertura”, mientras se ignora la represión, el exilio forzado y la censura que han sufrido otros artistas críticos.
Cuesta Peraza, conocida por su lealtad militante al régimen y sus excesos retóricos en redes sociales, parece ahora ejercer un papel clave en la reintegración simbólica de figuras desgastadas al relato del castrismo.
Su iniciativa, sin embargo, ha sido recibida con el mismo recelo que la entrevista de Rojas: como parte de un guion oficial para aparentar cambios sin transformar nada.
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