
El drama de Roger O’Connor, un cubano residente en Singapur, refleja la crueldad de las nuevas restricciones migratorias impuestas por el gobierno de Estados Unidos, que hoy le impiden estar junto a su familia en uno de los momentos más dolorosos de su vida, como lo es la muerte de su madre.
O’Connor contó a la televisora WVLT-TV, de Knoxville, Tennessee, que su madre falleció la semana pasada en un accidente de tránsito en Pigeon Forge, mientras celebraba su cumpleaños junto a su esposo.
Desde entonces, su mayor preocupación es poder viajar a Estados Unidos para acompañar a su padre y despedirse de ella en el funeral programado para el 24 de agosto en Chattanooga.
“Ha sido muy duro para mi padre. Creo que quizás soy la persona racional en esta situación, y mi padre está abrumado por las emociones y el dolor. Ahora mismo solo espero poder estar ahí para él”, dijo el cubano en declaraciones a WVLT-TV.
El problema es que Roger enfrenta el muro burocrático levantado por la proclama presidencial firmada por Donald Trump en junio de 2025, que restringe la entrada a Estados Unidos de ciudadanos de siete países, incluida Cuba, bajo el argumento de “riesgos para la seguridad nacional”.
El peso de las restricciones
La orden ejecutiva de Trump suspendió la emisión de nuevas visas para cubanos en las categorías más comunes: B-1 (negocios), B-2 (turismo), B-1/B-2 (mixtas), F (estudiantes), M (técnicos) y J (intercambio cultural). Aunque contempla excepciones, el texto no incluyó una vía específica para casos humanitarios, lo que complica a quienes, como Roger, necesitan un permiso urgente para viajar.
De acuerdo con el propio O’Connor, ya ha tenido que vivir el duelo a distancia, despidiéndose de su madre a través de una videollamada familiar. “Fue un momento muy difícil para mí. Oramos y lloramos juntos en familia”, relató.
La audiencia de Roger con la embajada estadounidense está fijada para este miércoles. Sabe que el reloj corre en su contra, pero asegura que, aunque no llegue al funeral, quiere estar al lado de su padre y rendir homenaje en el cementerio.
“Le dije [a mi papá]: si no puedo ir, ¿por qué no te tomas un tiempo libre del trabajo y vienes a quedarte conmigo? Quizás un mes o dos y podamos pasar tiempo juntos. Pero creo que ahora mismo lo importante es que yo vaya”, explicó.
Una historia que duele a muchas familias cubanas
La odisea de este cubano no es un caso aislado. Desde que se anunció la nueva proclama migratoria, miles de cubanos han visto cómo se cancelaban sus planes de viaje, estudios o reunificación familiar.
La Casa Blanca justificó la medida acusando al Gobierno de La Habana de ser “Estado patrocinador del terrorismo” y de negarse a cooperar en materia de deportaciones y seguridad.
Para los cubanos de a pie, sin embargo, la medida significa un nuevo golpe a la ya frágil relación con sus familias en Estados Unidos. En el caso de Roger, se traduce en la posibilidad real de no poder despedirse de su madre ni acompañar a su padre en medio del dolor.
Su historia recuerda la de tantos cubanos marcados por la distancia y la política, donde cada trámite migratorio puede convertirse en una barrera insalvable para algo tan humano como llorar juntos la pérdida de un ser querido.
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