El ministro de la Industria Alimentaria de Cuba, Alberto López Díaz, defendió la venta de productos en dólares como una vía para sostener la producción de alimentos, al asegurar que “trae beneficios a la población”.
Durante una visita a empresas de Mayabeque, transmitida por el Telecentro Provincial Telemayabeque, el funcionario admitió que el aprovechamiento de la industria está “por debajo de su capacidad instalada” debido a la falta de materias primas, pero afirmó que las divisas captadas en mercados online y tiendas en moneda dura permiten comprar insumos y mantener activa la producción.
“Las empresas tienen que defender los ingresos en divisas. No es lo que nosotros queremos, pero está demostrado que con esos ingresos se compra materia prima y se producen alimentos para la población”, declaró López Díaz.
Las palabras del ministro contrastan con las denuncias de ciudadanos que, en redes sociales, exponen la imposibilidad de acceder a productos básicos en un país donde el salario promedio apenas ronda los 20 dólares en el mercado informal.
Hace solo semanas, una cubana en Guantánamo mostró en TikTok que una pieza de carne de res podía costar más de 70 dólares, un precio “impagable” para la mayoría de las familias.
“Esto no lo puede pagar el cubano”, dijo indignada, mientras grababa estantes vacíos y artículos de primera necesidad a precios internacionales.
En marzo, el gobierno presentó como “buenas noticias” la reapertura de la tienda 5ta y 96 en La Habana, también en dólares, y en agosto estrenó un supermercado en los bajos del Focsa, gestionado por GAESA, donde los pagos solo se aceptan en billetes verdes.
En todos los casos, el acceso queda restringido a quienes reciben remesas o manejan divisas extranjeras, mientras los mercados en pesos cubanos continúan desabastecidos.
Economistas como Pedro Monreal han advertido que este modelo no resuelve la crisis de producción ni garantiza estabilidad, y, en cambio, profundiza la desigualdad social entre quienes tienen acceso a dólares y quienes dependen únicamente del devaluado peso cubano.
La proliferación de estas tiendas exclusivas en divisas, que ya superan las 85 en todo el país, ha sido presentada por las autoridades como un mecanismo para financiar la industria. Sin embargo, para millones de cubanos, representa una condena diaria con salarios que no alcanzan, alimentos fuera de su alcance y un modelo económico que normaliza la exclusión.
Mientras el ministro asegura que vender en dólares “trae beneficios a la población”, cada vez más familias enfrentan el dilema de sobrevivir en un país donde comprar una libra de pollo o un litro de aceite puede costar el equivalente a meses enteros de trabajo.
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