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La reciente polémica en torno a las declaraciones de Johana Tablada de la Torre, diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) y recién nombrada embajadora, volvió a tensar el pulso entre La Habana y Washington.
Tras admitir en una entrevista que Cuba puede “comprar todo el pollo que quiera” en Estados Unidos, la funcionaria fue objeto de fuertes críticas del Departamento de Estado, que la calificó de “títere de la dictadura cubana”.
En un mensaje difundido en la red social X, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado afirmó que “los funcionarios del régimen cubano ahora admiten abiertamente lo que siempre hemos sabido: no existe ningún bloqueo”.
El texto apuntó directamente a Tablada de la Torre, a quien citó como ejemplo de la supuesta contradicción del gobierno cubano al reconocer las compras de alimentos en Estados Unidos.
“El régimen es el que frena al país. Es hora de verdaderas libertades económicas para el pueblo cubano, no para las empresas dirigidas por los servicios de seguridad”, añadió la cancillería estadounidense, en un pronunciamiento que también incluyó al primer ministro Manuel Marrero Cruz, por sus planes de convertir a la isla en un centro logístico regional de la Unión Económica Euroasiática.
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La respuesta de Tablada
Tablada de la Torre reaccionó con dureza. En un extenso mensaje publicado en Facebook, acusó a Washington de manipular sus declaraciones y de fabricar una narrativa engañosa para “justificar la guerra económica contra Cuba”.
“Ni yo, ni el Presidente ni ningún funcionario cubano ha dicho jamás que el bloqueo no existe. Esta publicación de un medio oficial de Estados Unidos miente otra vez y de una manera muy engañosa y torcida”, aseguró.
La diplomática denunció lo que calificó de “linchamiento mediático” y señaló que el gobierno estadounidense recurre a la “distorsión y la mentira absoluta” para desacreditar a los funcionarios de la isla.
También compartió la entrevista completa que concedió al videopodcast oficialista Alma Plus, donde matizó que, aunque las leyes permiten la compra de alimentos en el mercado norteamericano, estas operaciones están sujetas a condiciones “onerosas” y regulaciones que dificultan el comercio.
“Cuba puede comprar pollo en Estados Unidos, pero bajo un esquema de pago anticipado, con costos adicionales y restricciones financieras que hacen que esas transacciones sean mucho más complicadas y caras”, explicó.
El trasfondo económico
La polémica estalla en medio de la crisis de desabastecimiento que golpea a la población cubana. El pollo, principal producto importado desde Estados Unidos, es uno de los alimentos básicos más escasos en la isla.
De acuerdo con el Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, las exportaciones de alimentos y productos agrícolas hacia la isla crecieron un 16,6 % en el primer semestre de 2025, alcanzando los 243,3 millones de dólares.
Solo en junio, las ventas sumaron 38,4 millones, un 10 % más que en el mismo mes de 2024. El 54 % de esas operaciones correspondió a la carne de pollo, que sigue siendo el producto más demandado por el mercado cubano.
Estas transacciones se realizan bajo el marco de la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones de 2000 y la Ley de Democracia Cubana de 1992, que autorizan ventas directas en efectivo de alimentos y productos agrícolas a la isla.
Mientras La Habana sostiene que el embargo continúa siendo un obstáculo central para sus finanzas y su comercio exterior, Washington argumenta que el verdadero freno está en el sistema económico cubano, dominado por empresas estatales y militares que limitan las oportunidades de los ciudadanos.
Choque político y narrativo
La controversia refleja un viejo punto de fricción entre los dos gobiernos: la interpretación sobre el impacto del embargo estadounidense.
Para el régimen cubano, la política de sanciones constituye una “guerra económica” que obstaculiza cualquier posibilidad de desarrollo.
Para Washington, en cambio, el embargo contiene excepciones que prueban que las causas del colapso económico de la isla no están en las sanciones, sino en el modelo político imperante.
Tablada, en su publicación, agradeció las muestras de solidaridad de quienes denunciaron lo que calificó de “ataque coordinado” contra su persona.
Sin embargo, las palabras de la diplomática volvieron a colocar en primer plano las contradicciones internas del discurso oficial: mientras admite que Cuba puede adquirir grandes volúmenes de alimentos en el mercado estadounidense, insiste en responsabilizar al embargo de la profunda crisis de abastecimiento que afecta al país.
La disputa mediática y diplomática entre Tablada y el Departamento de Estado suma así un nuevo capítulo a la larga confrontación entre La Habana y Washington, con el trasfondo de una economía cubana cada vez más deteriorada y una población que sigue padeciendo la escasez de productos básicos.
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