
Cada año, el destino Cuba retrocede posiciones entre los más visitados del Caribe, en medio de una caída sostenida del sector turístico que sigue sin recuperar los niveles previos a la crisis.
Según datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) en Facebook, hasta agosto de 2025 arribaron al país 1,791,363 viajeros, lo que equivale al 84,3 % respecto al mismo período de 2024, es decir, 332,910 visitantes menos.
Dentro de esa cifra, los visitantes internacionales sumaron 1,259,972, apenas el 78,4 % del registro del año pasado.
En números absolutos, son 347,896 turistas menos que los que llegaron en igual etapa de 2024.
El principal mercado emisor siguió siendo Canadá, aunque con una fuerte caída: 526,245 visitantes frente a los 665,856 del año anterior.
Le siguió la comunidad cubana en el exterior, que pasó de 203 206 a 161 195.
Desde Estados Unidos viajaron 83,981 personas, cifra inferior a los 104 358 registrados en 2024. También se produjeron descensos en la llegada de turistas de la Federación Rusa (de 132,927 a 80,553), así como de España, Francia, Alemania, Portugal y México.
La única excepción fue Argentina, que mostró un ligero repunte: 34,833 visitantes frente a los 32,904 del año anterior.
Los datos confirman la tendencia negativa del turismo cubano en un contexto de crisis estructural, pérdida de conectividad aérea y creciente competencia regional.
La caída se produce además en un momento crítico para la economía nacional, que depende del sector como una de sus principales fuentes de divisas.
En 2024, la isla experimentó uno de sus peores momentos en materia turística, cuando se registró la menor llegada de visitantes en casi dos décadas, reflejo de la incapacidad del sector para recuperar los niveles previos a la pandemia y a la crisis económica interna.
Meses después, el turismo ruso sufrió una notable caída, lo que profundizó el desplome de un mercado que había sido clave para sostener la llegada de viajeros. Esta situación coincidió con una percepción cada vez más negativa del país como destino.
El panorama continuó deteriorándose y, en pleno verano, muchos cubanos cuestionaban quién querría viajar a una nación marcada por apagones y descontento social, lo que evidenció que no solo los turistas extranjeros, sino también la propia población emigrada, perdía interés en visitar la isla.
Pocos días después, se consolidaba el desplome del turismo internacional, confirmando que la tendencia negativa afectaba de manera transversal a todos los mercados emisores y dejando al sector en una situación crítica para las finanzas nacionales.
Ya en septiembre, las dificultades se hicieron más visibles cuando el propio gobierno intentó tranquilizar a los turistas ante los constantes apagones, al tiempo que Canadá advirtió a sus ciudadanos sobre la falta de electricidad, un golpe directo a la principal fuente de visitantes de la isla.
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