
La activista cubana Yamilka Lafita, conocida en redes sociales como Lara Crofs, compartió en un emotivo texto en Facebook las razones que la llevaron a regresar a Cuba tras más de once años fuera, a pesar de contar con visados y oportunidades de trabajo en otros países.
“Las ganas de regresar siempre me carcomían”, confesó la historiadora del arte y defensora de derechos humanos, quien asegura que la nostalgia y el arraigo a su tierra fueron más fuertes que la posibilidad de rehacer su vida lejos de la represión y las carencias.
“Estar fuera de Cuba, los suficientes años para mí, conocí 14 países, sus culturas y su gente. Pero las ganas de regresar siempre me carcomían”, expresó.
Lafita admitió que el regreso no ha estado libre de dolor, debido a que amigos y familiares han partido al exilio, y muchos de los espacios que solía compartir ya no existen. “Hoy apenas tengo amigos, he perdido fatídicamente familiares y amigos, y el piquete con el cual me gustaba pasar los momentos han sido todos exiliados”, lamentó.
Sin embargo, su retorno está impulsado por un compromiso profundo con la memoria, la resistencia y la esperanza. “No se trata de una decisión superficial, ni de una lucha por el pasado, sino por la Cuba que aún vive en mi interior y en el de los que siguen dentro de esta isla, enfrentando las mismas dificultades y opresiones que yo misma paso”.
Una trayectoria marcada por la solidaridad
El nombre de Lara Crofs es inseparable de la solidaridad ciudadana en Cuba. Fue clave en la campaña que logró llevar a la pequeña Amanda Lemus a España para un trasplante de hígado que salvó su vida. También ha encabezado entregas de insumos y medicamentos en distintas provincias, e impulsado campañas para damnificados del huracán Ian en Pinar del Río.
Su activismo la ha puesto en el punto de mira de la Seguridad del Estado, quienes la han detenido en múltiples ocasiones, amenazado e incluso acosado con actos de vandalismo en su vivienda. Pese a ello, siempre repite: “Yo de Cuba no me voy, los que se tienen que ir son ustedes”.
Entre la vulnerabilidad y la resistencia
En los últimos meses, Lafita también ha vivido en carne propia la precariedad del sistema de salud cubano. Complicaciones derivadas de la diabetes y la epilepsia la dejaron postrada en cama, sin acceso al medicamento adecuado, lo que provocó una ola de solidaridad de la misma comunidad que ella ha defendido durante años.
Lejos de rendirse, su mensaje actual muestra la convicción de seguir siendo testigo y voz de lo que ocurre en la isla. “Cuba para mí no es solo un lugar geográfico, sino una patria de resistencia, una tierra marcada por el sufrimiento pero también por la esperanza”, escribió en su post.
Lafita asegura que no está preparada para renunciar a Cuba ni a su gente, aunque eso signifique vivir bajo hostigamiento. “Hablar de Cuba, escribir sobre Cuba, denunciar lo que pasa aquí, hacer cuanto pueda por su libertad, no es una opción, sino un deber mientras esté en esta tierra”, escribió.
Su regreso no es solo personal, parece más un gesto cargado de simbolismo en un país donde millones han partido en busca de un futuro mejor. Para ella, quedarse es una forma de resistencia y un compromiso con la memoria colectiva de los cubanos que no pueden, o no quieren, abandonar la isla.
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