Díaz-Canel felicita al sector azucarero en un país sin azúcar: "Otro logro del socialismo"

“Un poco de pudor: Cuba en 1960 era el mayor productor de azúcar. Hoy debe importar azúcar”, le ripostó un usuario. “Ni azúcar, ni sal, ni peces… ni vida, ni futuro bajo tu mandato”, concluyó otro.

Miguel Díaz-Canel y trabajadores y dirigentes del sector cañero (abril 2024) © radiorebelde.cu / Estudios Revolución
Miguel Díaz-Canel y trabajadores y dirigentes del sector cañero (abril 2024) Foto © radiorebelde.cu / Estudios Revolución

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El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel publicó un mensaje en su cuenta oficial de X (antiguo Twitter) celebrando el Día del Trabajador Azucarero, con palabras que pronto se viralizaron por su evidente disonancia con la realidad productiva del país.

“Hoy es el Día del Trabajador Azucarero, fecha que recuerda la firma en 1960 de la Ley 890, mediante la cual el Gobierno Revolucionario puso en manos del país más de un centenar de centrales. A los miembros de ese importante sector, que saben del gran reto que tienen, felicidades”, dijo este martes el líder de la llamada “continuidad”.

Captura de pantalla X / @DiazCanelB

El texto, aparentemente inofensivo, provocó una avalancha de reacciones satíricas, críticas y de ira entre quienes observan el colapso irreversible de una industria que, en la zafra 2024–2025, produjo menos de 150,000 toneladas, cifra más baja en más de un siglo.

La insólita “felicitación” que desató mofa

El mensaje de Díaz-Canel fue calificado de absurdo por analistas y ciudadanos: felicitar algo que prácticamente no existe. En los comentarios a su publicación emergió una ola de críticas y burlas hacia el gobernante.

“Otro logro del socialismo: país azucarero, sin azúcar”, expresó un usuario. “Un poco de pudor: Cuba en 1960 era el mayor productor de azúcar. Hoy debe importar azúcar”, le recordó otro. “Ni azúcar, ni sal, ni peces… ni vida ni futuro bajo tu mandato”, concluyó un tercero.


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La ironía fue la respuesta común: felicitar al "sector azucarero" en un contexto en el que la industria agoniza, los centrales se caen a pedazos y gran parte del país consume azúcar importada.

Un usuario se remontó al pasado: “152 centrales azucareros para ser más exactos. Hoy no superan los 15 activos y ustedes son tan cínicos que hablan de ‘importante sector’”.

La publicación también reactivó críticas hacia el discurso oficialista, que en muchos casos festeja cifras simbólicas sin respaldo en la realidad. Y usuarios le recordaron a Díaz-Canel su reciente reunión con empresarios del sector azucarero de China, con la esperanza de rescatar la maltrecha agroindustria azucarera nacional con ayuda de inversión extranjera.

La voz de Rocío Monasterio: Herencia azucarera y crítica actual

Entre los comentarios más resonantes estuvo el de Rocío Monasterio, política de Vox de origen cubano:

“No tienen pudor. Han arruinado el sector azucarero. Las centrales con producciones ridículas, sin actualizar, cayéndose a trozos. Y lo que es más triste, el pueblo cubano sufriendo como nunca”, criticó la representante española.

Monasterio, de origen cubano y con vínculos familiares con el antiguo negocio azucarero en la Isla, reaccionó con enfado evidente a la publicación del gobernante cubano.

Según se ha documentado, los antepasados paternos de Monasterio poseían la Compañía Azucarera Atlántica del Golfo y el central Manuelita, con cotización hasta en la bolsa de Nueva York, hasta que fueron expropiados tras la llamada “revolución cubana”, de la que Díaz-Canel se considera “continuidad”.

La tormenta ideológica: ¿Felicitar o tapar fracasos?

La incongruencia de saludar un sector moribundo fue interpretada por muchos medios y voces independientes como una maniobra propagandística: usar fechas históricas para proyectar normalidad donde no la hay. Alguien lo definió así: “Es como premiar a un enfermo terminal por su salud”.

Algunos comentaristas advirtieron que este tipo de gestos reflejan un gobierno que ya no puede sostener logros reales, y recurre a gestos rituales para mantener la ilusión de una industria nacional funcional.

"Hablar del Día del Trabajador Azucarero cuando ustedes destruyeron la industria azucarera es un insulto. Nacionalizaron para 'rescatarla' y terminaron enterrándola. Ni azúcar, ni centrales, ni vergüenza", explotó una cubana. "Hoy el azúcar brilla por su ausencia, pero bueno, celebren con un guarapo imaginario que es lo único que queda", añadió.

Otros señalaron que esa política discursiva forma parte de la estrategia de control del relato: celebrar incluso lo que no existe para que el Estado no pierda legitimidad ante su propia base de simpatizantes.

En el fondo, la respuesta colectiva fue clara: no se felicita lo que cae, se corrige. Pero el Estado continúa con sus gestos simbólicos, desconectados de la realidad tangible del país.

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