Ministra de Turismo de Venezuela finge normalidad: La cubana Leticia Gómez sigue las enseñanzas de Marrero Cruz



Leticia Gómez Hernández sigue el modelo cubano de usar el turismo como fachada de prosperidad en medio de la crisis. Su estrategia refleja la influencia de su mentor Manuel Marrero Cruz en el manejo del turismo como herramienta política en regímenes socialistas.

Manuel Marrero Cruz y Leticia Cecilia Gómez Hernández © X / @MMarreroCruz - Instagram / @leticiagomezve
Manuel Marrero Cruz y Leticia Cecilia Gómez Hernández Foto © X / @MMarreroCruz - Instagram / @leticiagomezve

Vídeos relacionados:

Mientras Venezuela atraviesa una de las coyunturas más tensas de los últimos años —con un despliegue militar estadounidense en el Caribe, crisis económica y un creciente malestar social—, la ministra de Turismo, Leticia Cecilia Gómez Hernández, intenta proyectar una imagen de normalidad, progreso y estabilidad.

Desde su cuenta de Instagram y en actos públicos, la funcionaria aparece sonriente, encabezando la Feria Internacional de Turismo de Venezuela (FITVen 2025) en Puerto Cabello. Allí organizó incluso una “caminata 5 K” con cientos de participantes, en lo que parece más un ejercicio de propaganda que una actividad cívica.

Mientras el país se tambalea, la ministra —cubana nacionalizada venezolana— sigue al pie de la letra el guion de su mentor, el primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz: usar el turismo como fachada de prosperidad en medio del colapso.

Una escuela política exportada: Del castrismo a Caracas

Leticia Gómez no es una figura improvisada. Llegó a Venezuela en 2001 “de la mano” de Marrero Cruz, entonces jerarca del grupo hotelero Gaviota S.A., propiedad del conglomerado militar GAESA, corazón económico del régimen cubano.

Bajo la tutela de Marrero Cruz, Gómez ascendió desde la gestión de hoteles expropiados hasta la presidencia de la estatal Venetur, y más tarde al Ministerio de Turismo, bajo el gobierno de Nicolás Maduro.

Su carrera refleja la exportación del modelo cubano de control económico y político: tecnócratas disciplinados al servicio del Estado militar, con el turismo como vía para captar divisas y mantener la estructura de poder.


Lo más leído hoy:


El método es inconfundible. En Cuba, Marrero Cruz ha convertido el turismo en su tabla de salvación política, incluso en los peores momentos de la crisis nacional. Mientras el país sufre apagones, inflación y una migración sin precedentes, el primer ministro insiste en que “Cuba necesita divisas y seguirá apostando por el turismo”.

Bajo su mandato, el régimen ha abierto hoteles a capital extranjero, flexibilizado pagos en divisas y eliminado trabas sanitarias para visitantes, pese a que la llegada de turistas se ha desplomado más de un 35 % respecto a 2019.

Para Marrero, la consigna es clara: mantener la ilusión de crecimiento aunque el país se hunda. En abril de 2025, en la feria turística cubana FITCuba, volvió a prometer “nuevas oportunidades para la inversión extranjera” en medio de apagones diarios y hospitales sin recursos.

Mientras la mayoría sobrevive con salarios equivalentes a 15 dólares al mes, el gobierno destina más del 40 % de la inversión nacional a la construcción de hoteles vacíos.

Ese cinismo se ha convertido en doctrina. Y Leticia Gómez, formada en esa escuela, la aplica con precisión en Venezuela.

Turismo y propaganda en tiempos de crisis

La FITVen 2025, que Gómez promueve como “el gran escaparate del turismo venezolano”, busca transmitir un mensaje político más que económico: “El país resiste, el turismo crece, Venezuela avanza”. Pero el contexto desmiente esa narrativa.

El Observatorio Venezolano de Finanzas calcula que la inflación interanual supera el 230 %, el salario promedio apenas llega a 40 dólares mensuales y más del 70 % de la población vive bajo el umbral de pobreza.

El turismo receptivo apenas representa el 2 % del PIB, y las llegadas internacionales han caído un 60 % desde 2018. Los apagones, la inseguridad y el colapso del transporte hacen casi imposible hablar de “reactivación turística”.

Pese a ello, la ministra insiste en promover ferias, recorridos y campañas internacionales. En su discurso, el turismo aparece como el motor de la recuperación nacional, exactamente la misma narrativa que Marrero Cruz repite en Cuba: el turismo como “locomotora de la economía socialista”.

Ambos funcionarios comparten la estrategia de “optimismo impostado”: negar la crisis mediante imágenes de prosperidad, anuncios de inversión y eventos cuidadosamente organizados para la televisión estatal.

Datos duros: La realidad detrás del discurso turístico

Venezuela: inflación del 230 %, pobreza superior al 70 %, turismo reducido al 2 % del PIB y caída del 60 % en visitantes internacionales.

Cuba: 35 % menos turistas que en 2019, inflación estimada en 500 %, apagones generalizados y un 40 % de la inversión estatal concentrada en hoteles, mientras la agricultura y la energía se desploman.

Comparativa: ambos regímenes destinan más recursos al turismo que a salud o vivienda. En Cuba, por cada dólar destinado a hospitales se invierten 1,70 en hoteles. En Venezuela, el presupuesto del ministerio de Turismo para 2025 supera al de Ciencia y Tecnología.

Los números son claros: ni Cuba ni Venezuela experimentan una recuperación real. El turismo sirve, más bien, para mantener a flote las estructuras de poder y asegurar divisas que los ciudadanos nunca ven.

Una red de control y privilegios

El turismo bajo estos regímenes no es una actividad económica normal: es una red de control político.

En Cuba, GAESA —el emporio militar que administra desde hoteles hasta bancos— maneja las principales cadenas hoteleras, los aeropuertos y las zonas francas. En Venezuela, Gómez replica ese esquema, vinculando a militares, empresarios afines y estructuras del poder chavista.

Bajo el disfraz de “cooperación turística”, ambos países han tejido mecanismos opacos de lavado de dinero y evasión de sanciones internacionales, a menudo mediante empresas mixtas o inversiones fantasma. El turismo se convierte así en una válvula de supervivencia económica y política, no en una industria abierta o transparente.

La ministra Gómez, en ese sentido, es más que una funcionaria: es un puente entre La Habana y Caracas, una pieza clave en la exportación del modelo económico-militar cubano.

La paradoja de la normalidad

Que en Caracas se celebre una feria turística mientras el país enfrenta apagones, escasez y amenaza de guerra revela una estrategia de manipulación.

Se trata de usar la apariencia de normalidad como herramienta de propaganda. El mismo guion que Marrero Cruz aplica en Cuba: fotos de hoteles relucientes, playas vacías y promesas de inversión en medio de un colapso nacional.

La FITVen no es una feria comercial: es una operación de imagen. Sirve para proyectar una Venezuela estable, abierta al mundo, cuando la realidad muestra otra cosa. Y, sobre todo, sirve para reforzar el discurso de resistencia del régimen chavista: “seguimos de pie, incluso bajo amenaza extranjera”.

En Cuba, Marrero Cruz ha perfeccionado este método. Ha llegado a afirmar que “Cuba vive un momento favorable para la inversión extranjera”, incluso mientras la isla enfrenta su peor crisis económica desde los años 90.

Las cifras lo desmienten: el turismo cayó drásticamente, la población sufre apagones de hasta 12 horas diarias, y el peso cubano se devalúa a ritmo histórico.

Ese contraste entre discurso y realidad —entre la sonrisa del funcionario y la penuria del pueblo— es el sello del estilo Marrero Cruz: un cinismo que niega la crisis, redefine la ruina como oportunidad y convierte la propaganda en política de Estado.

Reflexión final

Leticia Gómez Hernández representa la continuidad del modelo marrerista: un turismo sin turistas, una prosperidad sin pueblo y una propaganda sin vergüenza.

Su sonrisa en Puerto Cabello, sus ferias y caminatas, son parte de un guion aprendido de memoria: proyectar alegría en medio del desastre, mostrar orden en el caos, fingir estabilidad cuando todo se derrumba.

Tanto en Cuba como en Venezuela, el turismo es hoy una coartada: una fachada para captar divisas, un escenario para la foto oficial y una excusa para mantener el control político.

Pero la realidad, tozuda, siempre se filtra. Mientras la ministra celebra su feria, los venezolanos siguen emigrando, los vuelos internacionales se suspenden por la tensión militar y la inflación devora los salarios. Mientras Marrero proclama “nuevas oportunidades”, los cubanos hacen colas interminables para conseguir pan o combustible.

Ambos, maestro y discípula, hablan de prosperidad en países que se desmoronan. Y esa es quizás la mayor lección que Leticia Gómez aprendió de Marrero Cruz: que en los regímenes del Caribe socialista, la apariencia de normalidad vale más que la verdad.

COMENTAR

Archivado en:

Redacción de CiberCuba

Equipo de periodistas comprometidos con informar sobre la actualidad cubana y temas de interés global. En CiberCuba trabajamos para ofrecer noticias veraces y análisis críticos.


Sigue a CiberCuba en Google Discover: click aquí


Recibe las noticias de CiberCuba en WhatsApp: click aquí


¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




Siguiente artículo:

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada