Trump recluta a Marco Rubio para Gaza: ¿Quiénes lo acompañarán en el Consejo de la Paz?



La visión de Trump para este órgano es ambiciosa.

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En un movimiento que redefine el enfoque internacional sobre la Franja de Gaza, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la creación de un organismo clave para supervisar la reconstrucción y administración del enclave palestino: el Consejo de la Paz para Gaza.

Este nuevo ente, oficialmente denominado Junta Ejecutiva para Gaza, estará compuesto por figuras influyentes del ámbito diplomático, económico y estratégico global, con un claro protagonismo de personalidades cercanas a la Casa Blanca.

Marco Rubio, Tony Blair, Jared Kushner y Steve Witkoff entre los designados

Uno de los nombres que más ha sorprendido es el del senador Marco Rubio, actual secretario de Estado, a quien Trump ha confiado una de las carteras estratégicas de la Junta.

Junto a él, el consejo contará con el ex primer ministro británico Tony Blair, el emisario presidencial Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del mandatario y figura recurrente en las negociaciones internacionales de la actual administración.

Otros integrantes anunciados son el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; el financiero Marc Rowan, director de Apollo Global Management; y Roberto Gabriel, asesor en temas de seguridad nacional.

La Casa Blanca precisó que cada miembro “asumirá carteras concretas, entre las que se incluyen el fortalecimiento de la capacidad de gobernanza, relaciones regionales, reconstrucción, atracción de inversiones, obtención de financiación a gran escala y movilización de capital”.


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Un consejo con ambiciones globales

La visión de Trump para este órgano es ambiciosa. Según sus propias palabras, se trata del “consejo más grande y prestigioso jamás reunido en cualquier momento y lugar”.

El presidente estadounidense ha asumido directamente la presidencia de la Junta, lo que subraya la importancia política del organismo en la estrategia global de su administración.

Además de los nombres ya mencionados, la Junta Ejecutiva contará con representantes regionales e internacionales: el ministro de Exteriores de Turquía, Hakan Fidan; el diplomático qatarí Ali al Zawadi; el jefe de Inteligencia egipcia, Hasán Rashad; la ministra emiratí Rim al Hashimi; el empresario chipriota-israelí Yakir Gabay; y la diplomática neerlandesa Sigrid Kaag, quien ha coordinado diversas iniciativas de paz en Oriente Medio.

Segunda fase del plan de paz: Gobernanza tecnócrata y desarme de Hamás

La conformación de este Consejo de Paz marca el inicio formal de la segunda fase del plan de paz de Trump para Gaza, que contempla la transición hacia un modelo de gobernanza tecnócrata, con énfasis en la desmilitarización del grupo islamista Hamás.

La Casa Blanca ha reiterado que uno de los objetivos centrales es el establecimiento de un gobierno local independiente de estructuras armadas, para lo cual se ha creado el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG).

Este comité estará presidido por Ali Shaath, un economista palestino con experiencia administrativa.

Según el comunicado oficial, el NCAG “supervisará la restauración de los servicios públicos esenciales, la reconstrucción de las instituciones civiles y la estabilización de la vida diaria en Gaza, al tiempo que sentará las bases para una gobernanza autosostenible a largo plazo”.

Un dispositivo militar internacional liderado por EE.UU.

Para garantizar la seguridad del enclave durante esta transición, Washington ha impulsado la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF).

Esta estará encabezada por el mayor general estadounidense Jasper Jeffers, comandante de operaciones especiales, y actuará como contingente de la ONU encargado de garantizar la seguridad, el desarme y la entrega segura de ayuda humanitaria.

Complementando esta estructura militar, se ha nombrado como Alto Representante para Gaza al diplomático búlgaro Nickolay Mladenov, exministro de Exteriores de Bulgaria y excoordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio.

Su rol será el de enlace político entre el Consejo de Paz y el gobierno técnico palestino.

Supervisión estratégica de un plan en marcha

La Junta Ejecutiva tendrá la misión de aplicar los 20 puntos del plan presidencial estadounidense, orientados a lograr la “paz, estabilidad, reconstrucción y prosperidad duraderas en la región”.

Entre las medidas clave figuran el desarme total de Hamás, la reconstrucción de infraestructura civil, el desarrollo de instituciones gubernamentales no partidistas y la movilización internacional de recursos económicos.

“El comité estará gobernando Gaza hasta que una Autoridad Palestina reformada pueda asumir el poder”, ha explicado la Casa Blanca, abriendo la puerta a una transición más amplia que incluiría, en fases futuras, un posible camino hacia la autodeterminación palestina.

Críticas e interrogantes

A pesar de la contundencia del anuncio, las dudas persisten. El comunicado oficial y las declaraciones de Witkoff —amigo personal de Trump de su etapa como promotor inmobiliario en Nueva York— omiten referencias a las obligaciones israelíes, como la retirada militar completa del territorio gazatí, una de las principales demandas palestinas.

Tampoco se ha mencionado un horizonte temporal para la creación de un Estado palestino, como se contemplaba originalmente en el plan de paz presentado por Trump en 2020. Mientras tanto, desde el inicio de la tregua en octubre, cientos de palestinos han muerto en ataques israelíes, lo que arroja sombras sobre la viabilidad de una transición pacífica.

Conclusión: un plan bajo control estadounidense

Con esta Junta Ejecutiva, Trump no solo refuerza el control estadounidense sobre el proceso de transición en Gaza, sino que también define una estructura inédita, fuertemente influenciada por figuras cercanas a su órbita política y empresarial. La presencia de Marco Rubio como rostro latino y del ex primer ministro británico Tony Blair como figura internacional, busca dar legitimidad y amplitud al órgano, aunque críticos advierten sobre su falta de representatividad palestina real y los intereses geoestratégicos que lo atraviesan.

La ejecución de esta segunda fase del plan dependerá no solo de la capacidad de coordinación del Consejo, sino también de la voluntad política regional, de la respuesta de Hamás —que hasta ahora no ha mostrado intención de desarmarse— y del compromiso internacional con una reconstrucción que no repita errores del pasado. Mientras tanto, el futuro de Gaza sigue entre interrogantes, atravesado por diplomacia, tensiones, y un tablero de poder que, por ahora, tiene sello estadounidense.

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