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El opositor cubano José Daniel Ferrer, exiliado en Estados Unidos desde 2025, considera viable que la administración del presidente Donald Trump aplique en Cuba una estrategia similar a la utilizada en Venezuela.
Así lo expresó este martes durante la presentación virtual del Primer Informe Integral sobre la Vigilancia Digital en Cuba, elaborado por la ONG Prisoners Defenders, en respuesta a una pregunta formulada por la agencia EFE.
Ferrer, líder de la organización opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), señaló que ve posible que Estados Unidos impulse una transición en la isla utilizando mecanismos de presión similares a los aplicados en Venezuela.
En ese sentido, afirmó:
“En el caso cubano, creo que el presidente estadounidense, Donald Trump, pudiese forzar una transición en la que el Ejecutivo insular no tenga otra opción, como no la tiene (la presidenta encargada de Venezuela) Delcy Rodríguez, de moverse según les dicte Estados Unidos”.
La afirmación sugiere una visión de la política exterior estadounidense como fuerza capaz de intervenir en procesos de cambio político en regímenes autoritarios, y coloca a Cuba en un escenario hipotético de transición impulsada desde fuera.
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Un posible escenario de intervención limitada en Cuba
Aunque Ferrer reiteró su preferencia por un cambio liderado desde dentro de Cuba, no descartó la intervención externa como último recurso.
Ante la posibilidad de que los cubanos no puedan alcanzar por sí solos el cambio político, expresó una postura pragmática:
“Los cubanos vamos a poder protagonizar el cambio sin necesidad de que Estados Unidos sea quien lo produzca. Pero, de no suceder, si me ponen a escoger entre la Cuba actual […] y una acción quirúrgica de mínimo acceso para sacar del poder a esa tiranía […] entonces me voy por la segunda opción”.
Con esta afirmación, el opositor plantea un dilema que refleja tanto el agotamiento ante el estancamiento político de la isla como su disposición a aceptar una intervención externa de baja intensidad como mecanismo de ruptura con el régimen vigente.
Paralelismos con Venezuela
Ferrer recurrió al caso venezolano como ejemplo para ilustrar el tipo de estrategia que cree factible en Cuba.
Según el activista, el plan de la Casa Blanca respecto a Venezuela -bajo el liderazgo de Trump- ha tenido como objetivo claro el retorno a la democracia, y expresó su respaldo a esa línea.
“Sigue creyendo” que el plan de Washington va a “llevar a la vuelta de la democracia a Venezuela”.
Este posicionamiento se suma a las declaraciones que el propio Trump ha ofrecido sobre la situación en el país sudamericano, donde ha elogiado a la dirigente Delcy Rodríguez, calificándola como “una persona fantástica”, mientras sostiene públicamente que Estados Unidos apoya su mandato como presidenta encargada.
Contexto venezolano y papel de Estados Unidos
En la misma línea de comparación, Ferrer aludió al contexto actual de Venezuela, marcado por la captura del mandatario Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, lo que dio paso a la juramentación de Rodríguez como presidenta interina.
Desde su nuevo cargo, la dirigente chavista ha subrayado que la respuesta a cualquier agresión externa será exclusivamente diplomática.
En paralelo, el gobierno interino venezolano, que Trump considera bajo tutela estadounidense, ha tomado medidas de apertura económica relevantes: ha enviado millones de barriles de petróleo a EE.UU. para su comercialización y ha incentivado la inversión extranjera en el sector petrolero, todo ello con impulso directo de la administración republicana.
Además, Washington ha mantenido una actitud escéptica frente a otras figuras de la oposición venezolana, como María Corina Machado, de quien ha señalado que no cuenta con apoyos internos suficientes, pese a que la propia Machado obsequió a Trump, en su reciente visita a la Casa Blanca, la medalla del Premio Nobel de la Paz.
Conclusión: entre el deseo de cambio interno y la presión internacional
Las declaraciones de José Daniel Ferrer revelan una tensión constante en el discurso opositor cubano: por un lado, la aspiración de una transformación democrática impulsada desde el interior; por otro, la aceptación estratégica de la injerencia internacional como catalizador posible del cambio.
Al equiparar la situación cubana con la venezolana y apuntar a una posible “fórmula” de presión desde Washington, Ferrer sitúa el futuro político de Cuba en un escenario internacional complejo, donde los equilibrios geopolíticos, las decisiones de potencias extranjeras y la acción ciudadana podrían entrelazarse para definir el destino del país.
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