El exiliado y exprisionero político cubano, José Daniel Ferrer, cuestionó la decisión de permitir la entrada a Cuba de un petrolero ruso sancionado, en medio de la actual estrategia de presión energética impulsada por EE.UU., y advirtió sobre las implicaciones políticas que podría tener ese movimiento.
En una breve publicación en Facebook este lunes, Ferrer sostuvo que, más allá de la situación energética del régimen cubano, la autorización del arribo del buque puede enviar señales equivocadas en el tablero geopolítico.
“De qué el régimen criminal castrocomunista está acabado sin petróleo o con petróleo, es innegable”, afirmó.
Sin embargo, matizó de inmediato el alcance de esa realidad al subrayar que “dejar pasar un súper tanquero ruso sancionado, no fue una decisión inteligente”.
El líder opositor fue más allá al advertir sobre la lectura internacional del gesto.“Hay gestos que pueden ser interpretados por los enemigos de Estados Unidos como debilidad de Trump y fortaleza de Putin y los Castro”, concluyó.

Sus declaraciones se producen tras la llegada a la isla del petrolero ruso Anatoly Kolodkin, sancionado por Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido, con más de 700,000 barriles de crudo, en el primer gran envío de este tipo en más de tres meses.
¿Qué dicen desde la Casa Blanca?
Paralelamente, este mismo 30 de marzo, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, justificó la decisión de la administración Trump de permitir la llegada del petrolero ruso Anatoly Kolodkin a Cuba argumentando "razones humanitarias".
En rueda de prensa, aclaró que no ha habido ningún cambio firme en la política de sanciones, y advirtió que Washington se reserva el derecho de confiscar buques que se dirijan a la Isla en violación de esas sanciones.
Ante la pregunta de por qué la administración permitió que Rusia enviara ese petróleo a Cuba y no otros países, Leavitt respondió: "Fue una decisión. Se seguirá tomando caso por caso por razones humanitarias o de otro tipo, pero no ha habido ningún cambio firme en nuestra política de sanciones".
Cuando un periodista preguntó si eso significaba una "luz verde" permanente para Rusia, la portavoz fue tajante: "No, eso no es lo que dije. Es caso por caso".
Una lectura opuesta desde Washington
Mientras Ferrer cuestiona la decisión desde una perspectiva política y simbólica, voces cercanas al Departamento de Estado han ofrecido una interpretación radicalmente distinta.
El periodista Eric Martin, en un mensaje publicado en la red social X, defendió que la operación no debilita la estrategia estadounidense, sino que la refuerza.
“Que Trump permita que el petrolero ruso llegue a Cuba NO refuta la cuarentena estadounidense”, escribió, para enfatizar seguidamente: “La CONFIRMA”.
Según Martin, el elemento central no es la procedencia del petróleo, sino quién controla su entrada.
“El único petróleo que llegará a Cuba es el que Estados Unidos autorice”, subrayó.
El reportero vinculó este episodio con un enfoque estratégico más amplio que ya había adelantado en un artículo previo: “Como ya anticipé hace un mes: El plan es convertir a Estados Unidos en el nuevo estado protector de Cuba…”.
Un movimiento condicionado
De acuerdo con informaciones reveladas por el propio Martin, Washington habría permitido el envío tras una concesión del régimen cubano relacionada con la embajada estadounidense en La Habana.
Según esas fuentes, el gobierno cubano habría autorizado la importación de combustible para la sede diplomática, en lo que el periodista describió como “una acción importante” que demostraría que “La Habana está colaborando, aunque un poco”.
Aunque esta versión no ha sido confirmada oficialmente, encaja con la lógica de presión selectiva que ha caracterizado la política reciente de la Casa Blanca hacia la isla.
El trasfondo: Presión sin colapso inmediato
El arribo del petróleo ruso ocurre en medio de una profunda crisis energética en Cuba, marcada por apagones prolongados y escasez de combustible. Sin embargo, expertos advierten que el volumen recibido apenas cubriría unas dos semanas de consumo.
El propio Donald Trump confirmó la autorización del envío con un argumento que mezcla pragmatismo y retórica política: “Si un país quiere enviar algo de petróleo a Cuba, no tengo problema con eso”.
No obstante, reiteró su postura crítica hacia el gobierno cubano: “Cuba está terminada. Tienen un mal régimen… un liderazgo muy malo y corrupto”.
Lejos de representar un alivio estructural, el episodio parece insertarse en una estrategia más amplia: restringir el acceso del Estado cubano a recursos energéticos, mientras se mantiene la capacidad de autorizar suministros bajo condiciones específicas.
Desde enero, Washington ha intensificado esa presión mediante una especie de “cuarentena” al petróleo destinado al gobierno, al tiempo que permite ciertas flexibilizaciones para el sector privado emergente.
En ese pulso de interpretaciones, lo que parece claro es que la crisis energética de la isla continúa siendo un elemento central de presión política, y que cada movimiento -incluido el arribo de un buque sancionado- forma parte de un tablero mucho más amplio donde se redefinen las relaciones entre Cuba, Estados Unidos y sus aliados o adversarios.
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