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Una inquietante declaración de la diplomática cubana Johana Tablada de la Torre encendió alarmas sobre el clima interno en la isla: “No lo dudo”, dijo al ser preguntada sobre una posible distribución de armas a la población ante un eventual conflicto con Estados Unidos.
Aunque aseguró no tener detalles concretos, en declaraciones a El Sol de México la funcionaria describió la existencia de estructuras organizativas dentro del país preparadas para escenarios de guerra.
Según explicó, en Cuba existen mecanismos donde la población sabe “a dónde ir” en caso de ataque, incluyendo brigadas de producción y defensa.
Este tipo de afirmaciones refuerza la narrativa del régimen de una amenaza constante, utilizada históricamente para justificar la militarización de la sociedad y el control ciudadano.
No obstante, la falta de transparencia y la ausencia de información verificable generan preocupación sobre el alcance real de estas medidas.
Las declaraciones de Tablada no ocurren en el vacío. Se producen en un momento de máxima tensión política, económica y militar, marcado por un aumento sostenido de la presión de la administración del presidente Donald Trump sobre el régimen cubano.
En las últimas semanas, altos funcionarios en Washington y el propio presidente Trump han intensificado un discurso inusual por su dureza, llegando a calificar a Cuba como un “Estado fallido” y señalando la necesidad de cambios profundos en su sistema político.
Estas declaraciones han estado acompañadas de medidas que refuerzan el cerco energético, agravando la ya crítica escasez de combustible y provocando apagones prolongados en toda la isla.
En paralelo, el régimen ha respondido con una escalada en su retórica y preparación interna. Se ha observado un incremento en las maniobras militares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), junto con la reactivación de ejercicios como los llamados “sábados de la Defensa”, orientados a preparar a la población ante escenarios de confrontación.
Por su parte, los medios oficialistas han intensificado el discurso de la “guerra de todo el pueblo”, una doctrina histórica que apela a la movilización generalizada en caso de conflicto.
Este clima se produce mientras el país atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente, con escasez generalizada, inflación descontrolada y un éxodo migratorio sin precedentes.
A la par de la confrontación pública, también han trascendido contactos y supuestas negociaciones discretas entre figuras del régimen —incluidos miembros de la familia Castro— y actores en Estados Unidos, lo que sugiere que, más allá del discurso oficial, La Habana estaría explorando salidas políticas o garantías ante un posible escenario de transición.
Analistas señalan que este tipo de discursos también busca cohesionar a sectores afines al régimen y enviar un mensaje de fortaleza frente a la presión internacional. Sin embargo, opositores advierten que podría servir como justificación para reforzar mecanismos represivos en caso de protestas internas, como ocurrió tras el estallido social del 11 de julio de 2021.
La comunidad internacional observa con cautela este tipo de declaraciones, en un momento donde la estabilidad regional es clave. Mientras tanto, dentro de la isla, el temor no proviene únicamente de una amenaza externa, sino de la incertidumbre sobre cómo el propio Estado podría actuar frente a su población.
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