El Noticiero Nacional de Televisión (NTV) difundió este lunes un reportaje en el que presentó a la especie bufalina como una «promesa para elevar las entregas a la industria» de carne y leche.
El reportaje destacó el trabajo de la Empresa Agropecuaria Bayamo en la provincia de Granma, en el oriente de Cuba y aseguró que «la rusticidad ante el clima y el alto potencial productivo de carne y leche señalan a la especie bufalina como promesa para elevar las entregas a la industria».
Acorde al medio oficialista, los búfalos pueden alcanzar más de 420 kilogramos de peso comercial en unos 30 meses, con una conversión de 600 a 650 gramos diarios. Por ello, la empresa creó un centro de promoción de sementales con capacidad para 25 ejemplares, donde los animales conviven alrededor de un año antes de ser distribuidos a otras provincias.
El productor privado Daniel Muñoz Valle, de la cooperativa de créditos y servicios Anselmo Aldana, lleva poco más de un mes trabajando con búfalos y aseguró que el crecimiento es notable: «Es una diferencia muy grande. Yo creo que para mí casi es al doble de los terneros lo que se va incrementando diariamente. Porque bueno, yo en eso lo estoy viendo».
El problema es que esta historia ya ha sido contada muchas veces.
Los búfalos de agua (Bubalus bubalis) llegaron a Cuba a comienzos de los años 80 como parte de los planes oficiales para impulsar la producción de carne y leche. Desde entonces, la prensa estatal ha presentado periódicamente a esta especie como una alternativa capaz de transformar la ganadería nacional.
Cada cierto tiempo reaparece el mismo relato. Cambian la provincia, la granja o los funcionarios entrevistados, pero el mensaje permanece intacto: los búfalos resisten mejor el clima, producen más leche, ganan peso con rapidez y representan una oportunidad para incrementar la oferta de alimentos.
En 2016, medios oficiales promocionaban una granja de Cienfuegos que prometía expandir su rebaño hasta 4.000 animales y aumentar significativamente la producción de leche, carne, queso mozzarella y yogur.
Un año después, la Televisión Cubana hablaba del crecimiento acelerado de la especie y de su potencial para contribuir a la alimentación de la población. En 2018, nuevos reportajes en Ciego de Ávila insistían en que los búfalos podían ayudar a recuperar la industria cárnica y lechera.
La narrativa continuó en 2025, cuando Miguel Díaz-Canel visitó una unidad pecuaria en Guantánamo y elogió la producción de carne y leche de búfala como ejemplo del potencial del sector.
Ahora, en 2026, el Noticiero Nacional vuelve a presentar a los búfalos como una promesa para elevar las entregas a la industria. Cuatro décadas después de su introducción en Cuba, el discurso oficial sigue siendo esencialmente el mismo.
Sin embargo, lo que sí ha cambiado es la situación de la ganadería cubana, que atraviesa su peor crisis en décadas.
Cuba ha perdido más de 900.000 cabezas de ganado vacuno desde 2019, y al cierre de 2024 la masa ganadera total era de apenas unos 3 millones de animales, unos 400.000 menos que el año anterior.
La producción de leche se desplomó un 37,6% según el Anuario Estadístico de Cuba 2023, mientras que en Camagüey —la principal provincia lechera del país— se registraron casi 59.000 muertes de reses y más de 7.000 sacrificios clandestinos solo en 2024.
Los datos oficiales confirman una severa crisis alimentaria que va mucho más allá de la carne y la leche: la producción de huevos cayó 43%, la de viandas 44% y la de arroz 59,1%.
En ese contexto, una encuesta del Food Monitor Program reveló que uno de cada tres hogares cubanos pasó hambre en 2025, con el 33,9% de las familias reportando que al menos un miembro se fue a dormir sin comer, frente al 24,6% del año anterior, y el 96% de la población perdió capacidad de adquisición de alimentos.
Frente a ese cuadro, el régimen responde con un rebaño de 3.000 búfalos en una provincia de más de 800.000 habitantes, repitiendo una promesa que lleva más de cuarenta años sin cumplirse.
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