
La responsable de comunicación de la Presidencia cubana, Leticia Martínez Hernández, celebró con tono triunfal la reaparición de Raúl Castro después de varios días de rumores sobre su muerte o un grave deterioro de salud y aprovechó las imágenes del general de 95 años para cargar contra los medios de Miami.
«Los medios de Miami llevan una semana diciendo que Raúl ha muerto, o en el mejor de los casos que estaba gravemente enfermo. Han sacado hasta supuestas fuentes cercanas al General de Ejército», escribió Martínez en la red social X.
«No aprenden después de tantos años. Vuelve a salir Raúl y se les acaba la fiesta», remató.
La aparición de Castro durante el acto por los 65 años de la Dirección de Seguridad Personal permitió despejar al menos una incógnita: los rumores sobre su muerte eran falsos.
Pero el entusiasmo de una funcionaria encargada de la comunicación de la Presidencia revela algo más: para el aparato propagandístico del régimen cubano, que un dirigente de 95 años aparezca vivo ante las cámaras todavía puede presentarse como una victoria política.
Un ciclo que ya se ha repetido
La frase de Martínez «no aprenden después de tantos años» no surge de la nada.
Los rumores sobre la muerte o el deterioro de salud de Raúl Castro han aparecido varias veces durante los últimos años y con frecuencia han terminado seguidos de una reaparición pública utilizada por el régimen para desacreditar a quienes dieron por ciertas versiones no confirmadas.
En septiembre de 2024 se viralizó una falsa noticia sobre su muerte que utilizaba fraudulentamente la identidad visual de CiberCuba. El medio tuvo que aclarar entonces que no había publicado ninguna información semejante.
Un año después ocurrió algo todavía más llamativo. En septiembre de 2025, un perfil de Facebook difundió una supuesta hospitalización de Castro que terminó convertida en una falsa noticia sobre su muerte. El propio autor admitió posteriormente que había inventado la historia.
El régimen respondió desplegando una campaña coordinada en redes sociales con los eslóganes «Raúl es Raúl» y «Y sigue aquí».
Ministerios, organismos estatales, medios oficialistas y cuentas vinculadas al aparato gubernamental compartieron entonces imágenes de Castro como un dirigente «firme, presente y en combate», acompañadas nuevamente por la vieja consigna de que seguía «con el pie en el estribo».
Días después, el general reapareció públicamente.
En mayo de este año, CiberCuba desmintió otra falsa noticia sobre la muerte de Castro, nuevamente difundida mediante un montaje que imitaba fraudulentamente la imagen del medio.
La propia cobertura de CiberCuba ha advertido reiteradamente sobre la irresponsabilidad de presentar como hechos versiones sin comprobar. Pero también existe otra realidad difícil de omitir: el secretismo del régimen sobre la salud de sus dirigentes históricos crea el terreno perfecto para ese tipo de rumores.
Un hombre de 95 años cuya salud sigue tratándose como secreto de Estado
Las especulaciones tampoco aparecen en el vacío.
Raúl Castro ha reducido considerablemente sus apariciones públicas. Miguel Díaz-Canel reconoció en abril de este año que está retirado «por razones de salud» y que es una persona «frágil debido a su avanzada edad».
La propia Martínez había protagonizado meses antes un episodio que contrasta con sus burlas actuales: en mayo publicó fotografías de Raúl aparentemente retocadas para suavizar su deterioro físico, después de que reapareciera tras cinco meses de ausencia visiblemente desmejorado.
El antecedente evidencia una contradicción: la comunicación oficial intenta controlar y embellecer la imagen de un dirigente de 95 años, cuya fragilidad ha reconocido el propio Díaz-Canel, mientras después culpa exclusivamente a otros de las especulaciones que alimenta también el persistente secretismo del régimen.
El pasado agosto, durante la celebración por el centenario del dictador Fidel Castro, apareció en el Teatro Karl Marx, pero las imágenes oficiales lo mostraron fundamentalmente de lejos y en penumbras. No habló y no se difundieron primeros planos que permitieran observar con claridad su condición física.
Su ausencia de actos importantes y la opacidad institucional vuelven periódicamente a alimentar las especulaciones.
En lugar de proporcionar información transparente sobre el estado de quien durante décadas gobernó Cuba y continúa siendo presentado oficialmente como «líder al frente de la Revolución», el régimen prefiere administrar sus apariciones como acontecimientos políticos.
Y cada vez que reaparece, la propaganda transforma la prueba de vida en una pequeña epopeya.
«Guerrillero invicto», «pie en el estribo» y otra victoria imaginaria
Esta vez no fue diferente.
La Presidencia presentó al anciano general como un hombre de «firmeza» y «estirpe de guerrillero invicto», mientras el jefe de Seguridad Personal aseguró que permanece «con el pie en el estribo listo para defender la Revolución».
La metáfora ha sido repetida hasta el agotamiento por el aparato oficial. En mayo, el propio régimen aseguraba que Raúl permanecía «con el pie en el estribo y listos para la carga al machete».
En junio, por su cumpleaños 95, Díaz-Canel volvió a vestirlo de épica revolucionaria y lo calificó de «combatiente intrépido» y «guardián de las esencias».
Ahora Martínez Hernández aporta otra pieza a esa construcción: Raúl no reapareció simplemente: su existencia física sería una derrota de los adversarios y el fin de una supuesta «fiesta» en Miami.
Mientras Presidencia celebra que Raúl está vivo, millones intentan sobrevivir
El problema del mensaje no está en desmentir una noticia falsa. Es obvio que las informaciones no verificadas sobre la muerte de cualquier persona deben ser corregidas.
El problema está en convertir en victoria política la supervivencia física de un dirigente mientras el país que gobernó durante décadas atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente.
Mientras la jefa de comunicación de Díaz-Canel celebra eufórica que «se les acaba la fiesta» a los medios de Miami, para millones de cubanos la preocupación cotidiana está muy lejos de saber si Raúl apareció otra vez sentado en primera fila.
La pregunta para muchas familias es bastante más elemental: qué van a comer mañana, cuándo regresará la electricidad, si podrán conseguir agua, medicamentos o cuánto tendrán que pagar por un poco de arroz.
En agosto, CiberCuba recogió el testimonio de un cubano que salió con una carretilla a buscar agua y regresó sin una gota porque el apagón impedía el bombeo. «El mayor bloqueo que sentimos es vivir sin agua, sin electricidad y sin condiciones básicas», denunció.
Otros testimonios documentados durante las últimas semanas muestran familias para las que alimentarse se ha convertido prácticamente en un lujo, con precios inalcanzables para salarios estatales y apagones que además dificultan cocinar y conservar los alimentos.
Ese es el país sobre el que gobierna la Presidencia cuya responsable de comunicación encuentra motivos para festejar porque un hombre de 95 años volvió a aparecer ante las cámaras.
La propaganda necesita un Raúl eterno
La insistencia tiene una explicación política.
Raúl Castro dejó formalmente sus principales cargos, pero el régimen continúa utilizándolo como símbolo de autoridad, continuidad y supervivencia.
Por eso cada aparición necesita demostrar algo más que su mera presencia. Raúl tiene que seguir siendo el «guerrillero invicto», el hombre «con el pie en el estribo», el combatiente preparado para una «carga al machete» y, ahora, el anciano cuya reaparición supuestamente arruina una celebración en Miami.
La propaganda oficial parece incapaz de presentar la realidad más sencilla: Raúl Castro es un hombre de 95 años, con problemas de salud reconocidos incluso por Díaz-Canel, que inevitablemente aparece cada vez menos.
En lugar de eso, cada prueba de vida se convierte en una reafirmación del régimen.
Y ahí reside la contradicción esencial del mensaje de Martínez Hernández.
Una victoria con fecha de caducidad
Martínez puede celebrar que quienes dieron por muerto a Castro esta vez se equivocaron. Puede burlarse de ellos y repetir que «no aprenden después de tantos años».
Pero existe una realidad de la que ni la propaganda ni las consignas pueden escapar.
Cada reaparición puede desmentir un rumor. Ninguna puede derrotar al tiempo.
Raúl Castro tiene 95 años. Por eso resulta extraño convertir su supervivencia en una especie de competencia política que el régimen puede ganar indefinidamente.
Algún día la Presidencia tendrá que comunicar oficialmente la misma noticia que hoy su responsable de prensa celebra haber desmentido, porque —sencillamente— esa es la condición humana.
Hasta entonces probablemente se repetirá el ciclo: ausencia, rumores, hermetismo, reaparición y propaganda.
La diferencia es que para una población ocupada en sobrevivir en el ciclo de apagones, falta de agua, escasez y precios prohibitivos, comprobar periódicamente que Raúl Castro sigue vivo difícilmente puede considerarse una victoria.
Mucho menos una fiesta.
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