
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel felicitó este lunes a José Ramón Machado Ventura por su cumpleaños 96, asegurando que el veterano dirigente continúa «activo en la vanguardia», una expresión que vuelve a poner de manifiesto el empeño del oficialismo en presentar a los últimos supervivientes de la generación histórica como protagonistas de la vida política del país.
«Al heroico Comandante de la Revolución, al médico ministro de tiempos fundadores, al infatigable y ejemplar formador de cuadros partidistas, al querido compañero José Ramón Machado Ventura, felicidades en su cumpleaños 96 que, nuevamente, lo encuentran activo en la vanguardia», escribió Díaz-Canel en Facebook.
La felicitación trasciende el homenaje personal. Forma parte de una narrativa oficial que insiste en presentar la llamada «continuidad» como heredera legítima de los fundadores del régimen, cuya autoridad histórica sigue invocándose para respaldar a una dirección que no participó en la lucha guerrillera y gobierna una Cuba profundamente distinta de la que aquellos prometieron construir.
La paradoja resulta cada vez más evidente: mientras desaparecen los protagonistas de la llamada «revolución cubana», sus sucesores necesitan mantenerlos simbólicamente en primera línea, como si su retirada definitiva amenazara con debilitar los fundamentos políticos del sistema.
La fórmula utilizada con Machado Ventura recuerda inevitablemente a la del «pie en el estribo», con la que el propio Raúl Castro y la propaganda oficial insisten en representar al exgobernante, de 95 años, como un combatiente todavía dispuesto a entrar en acción.
En ambos casos, el mensaje es semejante: los históricos envejecen, abandonan responsabilidades y desaparecen físicamente, pero la retórica gubernamental se resiste a reconocer que su tiempo político también está llegando a su fin.
Machado Ventura: el hombre que construyó la continuidad
La trayectoria de Machado Ventura ayuda a comprender por qué su figura continúa siendo reivindicada por el régimen.
Nacido el 26 de octubre de 1930 en San Antonio de las Vueltas, actual provincia de Villa Clara, estudió Medicina, se vinculó al Movimiento 26 de Julio y participó en el Segundo Frente Oriental Frank País, bajo el mando de Raúl Castro.
Tras el triunfo revolucionario ocupó responsabilidades sanitarias y ejerció como ministro de Salud Pública entre 1960 y 1968. Sin embargo, su verdadera influencia política se consolidó posteriormente, dentro del Partido Comunista de Cuba (PCC).
Miembro del Comité Central desde su creación en 1965 y del Buró Político desde 1975, desarrolló durante décadas responsabilidades relacionadas con la organización partidista, la disciplina interna y la política de cuadros.
Su función consistía, en buena medida, en contribuir a formar y seleccionar a quienes ocuparían las principales responsabilidades del Estado y del Gobierno, bajo los criterios políticos del PCC.
Machado Ventura fue, en ese sentido, uno de los arquitectos de la reproducción del poder castrista: un dirigente menos visible que Fidel o Raúl Castro, pero decisivo en la construcción del aparato encargado de preservar la fidelidad ideológica de las sucesivas generaciones de funcionarios.
Su lealtad a Raúl quedó reflejada en febrero de 2008, cuando fue designado primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, convirtiéndose en su sustituto institucional inmediato.
El nombramiento desplazó las expectativas de ascenso de dirigentes más jóvenes, como Carlos Lage, y demostró que el liderazgo histórico continuaba priorizando la confianza personal y política durante el proceso sucesorio.
En 2011, Machado Ventura asumió la segunda secretaría del PCC, cargo que mantuvo hasta abril de 2021. Participó así en la preparación de un relevo generacional diseñado no para sustituir los fundamentos del sistema, sino para garantizar su permanencia.
Un relevo que todavía necesita la bendición de sus fundadores
Raúl Castro abandonó la presidencia en 2018 y la primera secretaría del PCC en 2021, entregando formalmente el liderazgo a Díaz-Canel. Machado Ventura también dejó entonces sus principales responsabilidades partidistas.
Sin embargo, cinco años después, ambos siguen siendo utilizados como referencias superiores de autoridad en la comunicación oficial.
El caso de Raúl resulta especialmente ilustrativo.
Al despedirse de la jefatura del Partido en abril de 2021, aseguró que, mientras viviera, estaría preparado, «con el pie en el estribo», para defender la revolución y el socialismo.
Aquella metáfora terminó convertida en una consigna recurrente del aparato propagandístico.
En mayo de 2026, durante una movilización de apoyo a Castro, Díaz-Canel fue todavía más explícito: «Siga Usted con el pie en el estribo. ¡Ordene!».
La frase encierra una contradicción política difícil de pasar por alto: el hombre que ocupa formalmente la máxima responsabilidad del Partido y del Estado continúa dirigiéndose a su predecesor como a una autoridad superior, a quien invita públicamente a impartir órdenes.
En septiembre, tras nuevos rumores falsos sobre su fallecimiento, el régimen volvió a utilizar la imagen del «pie en el estribo», presentando la reaparición de Raúl Castro como una demostración de fortaleza política.
Las campañas «Raúl es Raúl» y «Y sigue aquí» reforzaron la misma idea: la mera presencia física del antiguo gobernante se transformaba en un acontecimiento propagandístico.
No se trata únicamente de rendir homenaje a quienes fundaron el sistema. La reiteración de esos mensajes revela hasta qué punto la dirección actual sigue recurriendo a ellos como fuente de legitimidad política.
Díaz-Canel ejerce los principales cargos institucionales, pero su autoridad se presenta constantemente como una prolongación de la voluntad de Fidel y Raúl Castro, antes que como resultado de un proyecto político propio.
La celebración de los 96 años de Machado Ventura reproduce ese mecanismo: un dirigente retirado de las responsabilidades principales continúa siendo descrito como alguien «activo en la vanguardia», aunque su participación pública sea cada vez más limitada.
La vieja guardia frente a las protestas y la crisis
La presencia de los históricos no ha sido exclusivamente ceremonial.
Durante las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles para exigir libertades y cambios políticos, el régimen recurrió nuevamente a sus veteranos dirigentes.
Raúl Castro participó en reuniones del Buró Político, Ramiro Valdés se desplazó a Palma Soriano y Machado Ventura viajó a Villa Clara, donde llamó a «fortalecer la vigilancia revolucionaria en los centros de trabajo y demostrar la firmeza de la Revolución».
La movilización evidenció que, ante una crisis política de gran magnitud, la dirección de Díaz-Canel seguía respaldándose en figuras vinculadas a los mecanismos tradicionales de control del poder.
Machado Ventura también protagonizó durante años recorridos por cooperativas, centrales azucareros y explotaciones agrícolas, reclamando incrementos productivos y mayor disciplina laboral.
En 2019, ante la escasez de combustible, recomendó recurrir a las yuntas de bueyes, incluso donde existían tractores. En 2021 pidió ampliar los cultivos de plantas medicinales para aliviar el desabastecimiento de medicamentos.
Aquellas exhortaciones contrastaban con los problemas estructurales de una economía centralizada que el propio dirigente había defendido durante décadas.
En enero de 2025, Machado Ventura aseguró que nunca se había preocupado por cuánto ganaba y que personalmente no tenía problemas materiales.
Sus declaraciones contrastaron con las dificultades económicas de millones de cubanos y con la imagen de sacrificio que los medios oficiales atribuyen habitualmente a los dirigentes históricos.
Una generación que se extingue y un poder que se resiste a despedirla
El fallecimiento de Ramiro Valdés Menéndez, el 21 de junio de 2026, a los 94 años, marcó otra etapa en la desaparición de la generación que participó en la toma del poder y la construcción del Estado comunista cubano.
Fundador de los servicios de inteligencia y seguridad del régimen, antiguo ministro del Interior y viceprimer ministro hasta su muerte, Valdés había permanecido vinculado a responsabilidades gubernamentales durante más de seis décadas.
En mayo, CiberCuba identificó a cuatro supervivientes nonagenarios de la generación histórica: Raúl Castro, Machado Ventura, Ramiro Valdés y Guillermo García Frías.
Tras la muerte de Valdés, permanecen tres de aquellas figuras: Raúl Castro, de 95 años; Machado Ventura, de 96; y Guillermo García Frías, de 98.
Raúl continúa siendo presentado oficialmente como «líder al frente de la Revolución», pese a haber abandonado sus principales responsabilidades institucionales. García Frías mantiene su vinculación con el Grupo Empresarial Flora y Fauna, mientras Machado Ventura sigue recibiendo homenajes por su trayectoria partidista.
El contraste entre su avanzada edad y el discurso oficial de permanente disposición al combate resulta particularmente significativo en un país donde el relevo generacional fue presentado como garantía de estabilidad política.
La nueva dirección dispone de sus propios cuadros, instituciones y mecanismos de control, pero sigue insistiendo en una legitimidad heredada de los combatientes de la Sierra Maestra.
Esa dependencia simbólica plantea una contradicción: la «continuidad» pretende demostrar que el régimen puede sobrevivir a sus fundadores, pero necesita seguir exhibiéndolos como si todavía fueran imprescindibles.
El poder político, concentrado durante décadas en Fidel y Raúl Castro y su círculo histórico, ha sido transferido formalmente a una generación posterior. Sin embargo, el discurso gubernamental continúa subordinando la autoridad de los nuevos dirigentes al legado de sus predecesores.
La persistencia de ese relato también refleja una dificultad para justificar la permanencia del sistema a partir de sus resultados actuales, en un país marcado por la crisis económica, los apagones, el deterioro de los servicios públicos y una emigración masiva.
Mientras los dirigentes históricos son recordados como protagonistas de las conquistas revolucionarias, las responsabilidades por el deterioro acumulado durante sus largos períodos de gobierno rara vez forman parte de los homenajes oficiales.
Machado Ventura, uno de los hombres que contribuyó a seleccionar y formar a las generaciones destinadas a suceder a los Castro, representa precisamente esa continuidad entre el poder de los fundadores y el de sus herederos.
A sus 96 años, Díaz-Canel lo felicita por permanecer «activo en la vanguardia», del mismo modo que insiste en presentar a Raúl Castro, de 95, eternamente preparado para una nueva carga, «con el pie en el estribo».
Pero el tiempo impone un límite que ninguna consigna puede modificar. Los hombres que construyeron el régimen están desapareciendo, mientras sus sucesores siguen buscando en ellos la autoridad que necesitan para justificar su propia permanencia en el poder.
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