Ernesto Soberón, junto a un cartel colgado en la puerta de la Embajada de Cuba en Uruguay. Foto © MINREX / Twitter / CiberCuba

¿Juntos por Cuba?

El director general de Asuntos Consulares y Cubanos en el Exterior, Ernesto Soberón, nos ha sorprendido al sacar pecho de la atención que las autoridades cubanas prestan a sus nacionales residentes en el exterior. Entiendo que no es un logro, sino un deber, pero si le da gustico jactarse del valor que se le presupone a los soldados en el combate, no nos queda más remedio que aguarle la fiesta.

Desde el MINREX están confundiendo deliberadamente el acto de responder correos electrónicos en los consulados, que es lo menos que se espera de un servicio público, con el de solucionar o por lo menos intentar solucionar los problemas de la gente.

Como comprenderán, una cosa es leer y contestar mensajes (que se agradece) y otra muy distinta es dar muestras de escucha activa, de buena gestión y de voluntad para buscar una salida satisfactoria a las inquietudes de las personas.

Si hoy entendemos que el fin del silencio administrativo en los consulados es un logro es porque venimos de la era de las cavernas. Los que llevamos más de 20 años fuera de Cuba sabemos que hubo una época en la que los consulados no respondían al teléfono, ni a los mensajes y para renovar un pasaporte había que hacerse 400 kilómetros y dormir a la intemperie, en la acera, para que luego te trataran como a un perro vagabundo, que parece que sobra en todas partes.

Creíamos honestamente que esos tiempos pertenecían al pasado, pero nos bajó de la nube un cartel abiertamente amenazante exhibido sin pudor alguno en la puerta de entrada a la Embajada de Cuba en Uruguay. En un tono fuera de lugar advierte de que quien ose acercarse a esa sede diplomática sin cita previa se arriesga a "medidas más extremas". No me negarán que de esta forma reconocen subliminalmente que las que ya se aplican son extremas. Tenemos que agradecerle, como mínimo, la honestidad.

Porque es, sin dudas, una medida extrema presentar la propuesta de cobrar entre 40 y 150 dólares mensuales, más 25 por tramitación a distancia, por la prórroga de estancia en el exterior a los cientos de cubanos varados en el extranjero porque Cuba no ha hecho nada por ayudarlos a volver a casa.

Nos alegramos, se lo aseguro, de que el Gobierno haya escuchado el clamor de los cubanos contrarios a que su país no sólo los deje tirados en el extranjero en mitad de una pandemia, sino que, además, tenga la poca vergüenza de querer sacarles el dinero por una situación que ellos no han provocado y que no tienen la posibilidad de remediar.

Eso por no entrar en el debate sobre si Cuba debe retirar el permiso de residencia a los cubanos que pasan más de 24 meses fuera de su país o si es normal que los cubanos en el exterior sólo tengamos derecho a pagar para volver casa y no podamos votar en las elecciones de nuestro país o en la reforma de la Constitución.

El MINREX podrá jactarse de su buen hacer el día que nos devuelva nuestros derechos y levante todas las trabas que impiden a muchas familias cubanas reunirse en fin de año. 

Decir a estas alturas que el Gobierno de Cuba se deja la piel para mantener el contacto entre los cubanos de dentro y fuera de la Isla es faltar a la verdad. Pregúntele a los médicos y deportistas condenados a ocho años de exilio forzado. Pregúntele a todos los que no nos atrevemos a regresar por temor a que nos amarguen las vacaciones sólo por opinar de manera diferente al gobernante Partido Comunista. 

Los cobros abusivos por sellitos ridículos estampados en el pasaporte cubano retratan a un estado usurero que comete la torpeza de intentar estrangular a la gallina de los huevos de oro. Si yo supiera que ese dinero va a parar al mantenimiento de las escuelas, a crear refugios para víctimas de la violencia machista; a apoyar a mujeres rurales; al arreglo de calles en nuestros barrios, le aseguro que con gusto lo pagaría. Pero como no me lo dicen; como no sabemos adónde van a parar esas multas, doy rienda suelta a mi imaginación y creo que de algún lado sale el pedazo de reloj que exhibe el embajador de Cuba en España o el Tag Heuer de Díaz-Canel. Lo bueno nos gusta a todos, pero hay que pagarlo. 

En España, cuando usted se acerca a una frontera internacional o del territorio Schengen, el Ministerio de Asuntos Exteriores le envía automáticamente un mensaje de texto a su celular con los números de teléfonos de los consulados a los que puede pedir ayuda en ese país.

Mensaje enviado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Foto: CiberCuba

Le juro por Dios que si me llegara un mensaje de este tipo procedente de Cuba, me da un amago de infarto porque creería que llevo un ejército de espías pegados a la nuca. Esa no es una diferencia banal. Si lo envía España, me da confianza y seguridad. Si me lo mandara el Gobierno de mi país, me lo tomaría como una sutil advertencia. Hay que ver qué retorcidos somos. 

Pero nos educaron en el terror y la amenaza. Por tanto, ¿quién va a creer que ustedes quieren que luchemos juntos por la prosperidad de Cuba? Métase en mi piel y aterrice en La Habana en un avión procedente de Europa (cuando se pueda) para que vea cómo le caen encima las anguilas y lampreas que tiene el Gobierno trabajando en el aeropuerto José Martí, intentando sacarnos dinero hasta por la sonrisa.

Pase, como hemos pasado muchos, por el dolor de que nos roben en el aeropuerto; de que nos pesen el equipaje en básculas con más trampas que una película de chinos; de que te abran la maleta y te hurguen en la ropa interior con unas manos que uno no sabe dónde fue la última vez que se posaron.

Los que hemos soportado esa humillación no nos creemos que ustedes hablen en serio cuando se jactan de la atención permanente a los cubanos en el exterior. No digo que no se note el cambio de los últimos años. Digo que no es suficiente. Y a estas alturas, no es admisible que sigamos expoliando a los emigrantes. No, no y no. Así ni estamos juntos ni pensamos en lo mejor para Cuba.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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