
Vídeos relacionados:
Putinismo y tardocastrismo comparten pasión herodiana, encarcelando a niños y adolescentes que se manifiestan contra sus designios totalitarios, como parte del continuismo leninista de su cambiante ideario político; quizá por aquello de revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado.
Cuando el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, era fiñe, entonaba "Todos los niños del mundo/vamos una rueda a hacer/y en mil lenguas cantaremos/que en paz queremos crecer"; seguido de "Martí lo dijo en un libro/que me lee mi papá/nacen para ser felices/que el porvenir es la paz..."
Y ahora, temba con síndrome de Peter Pan, Díaz-Canel ha degenerado en carcelero de niños y adolescentes que protestaron el 11J, mantiene a más de mil cubanos presos por motivos políticos y está alineado con Moscú, a quien le debe mucho dinero y lo toca con migajas en forma de donativos para evitar que el tardocastrimo se desmorone, como le pasó a la URSS.
Cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, era un otlichno cantaba aquello de "Los peatones corren/torpemente entre los charcos,/y el agua forma un río en el asfalto/y no entienden por qué en este día tan malo/yo estoy tan contento..."
Y ahora, tembón con síndrome F1, fruto del cruce entre Iván el terrible y Lenin, se mete en la piel de Cheburashka y asegura que "todos los perritos de la calle me dan la patita" y que está mejor porque comparte vida con Gena, alguien que "no es normal porque se trata del mejor cocodrilo del mundo".
Un Fidel Castro atormentado por su convencimiento de que la Unión Soviética se iba a bolina, empezó a decir que los cubanos habían copiado mal lo bueno de los soviéticos y bien lo malo del Kremlin; ya puede el comandante en jefe descansar en paz; tardocastrismo y putinismo andan empatados en represión infantil y en Naciones Unidas se protegen mutuamente, como La Habana y Buenos Aires, en tiempos de Videla.
Lo más leído hoy:
El lavado de cerebro comunista, incluida la tergiversación permanente de la historia patria y la suplantación de la eficacia y verdad por lealtad incondicional, forman parte del catálogo totalitario al que están sometidos niños y jóvenes en ambos países; aunque menores rusos quieren ser millonarios como Putin y sus amigos y sus pares cubanos sueñan con irse a Estados Unidos, donde tener una casa, un carro y una buena pareja.
Pero las sociedades civiles rusa y cubana siguen dando muestra de vitalidad y esta misma semana se han multiplicado las protestas contra la guerra en Moscú, obligando a Putin a retratarse desempolvando una ley comunista-jesuita de que toda disidencia, en tiempo de guerra, es traición.
La dictadura más antigua de Occidente le metió un conteo de protección al cubano Pablo Enrique Delgado, por haberse acercado a la Embajada de Ucrania en La Habana con un ramo de flores en señal de solidaridad frente a la invasión rusa; el Palacio de la Revolución detecta a un hombre desarmado con una flor en la mano y tiembla al recuerdo de Yunior García Aguilera.
La patria suele ser la infancia, y a Vladimir y Miguel los criaron con compotas de palo, luego endurecidas en el KGB y el Colegio de Defensa Nacional, que entrenan en lapidar, simular y perseguir; aunque sirva de poco ante niños de Rusia y Cuba que no les temen, solo los desprecian porque siguen sin descubrir el lujo de la ternura y el encanto de seguir jugando a las casitas, cuando soldaditos de plomo derriban hogares a cañonazos y con la desidia comunista del general deterioro.
Archivado en:
Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.