Industria destruida y sin rumbo: Cuba ya no puede sostener su propio desarrollo, advierte experto

Cuba enfrenta una crisis industrial profunda, sin capacidad para recuperar su infraestructura ni generar encadenamientos productivos. La falta de inversión y el enfoque en el turismo han agravado la situación.

Cuba se hunde en su propia desindustrialización Foto © Invasor

Cuba atraviesa una crisis estructural marcada por la pérdida total de su capacidad para generar encadenamientos productivos, resultado de una desindustrialización profunda que ha dejado al país sin insumos clave, sin infraestructura funcional y sin un programa real de recuperación.

Así analizó el economista cubano Pedro Monreal en el perfil de Facebook El Estado como tal, a raíz de la reciente publicación del capítulo “Industria Manufacturera” del Anuario Estadístico de Cuba 2024, de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

Captura de Facebook/El Estado como tal

“Con una industria de bienes intermedios por el suelo y con una industria de bienes de capital ʻevaporadaʼ, Cuba ha perdido la capacidad real de generar los encadenamientos productivos que exige el proceso de desarrollo. No importa que la propaganda oficial diga otra cosa”, enfatizó Monreal.

Refirió, además, que la erosión de la base industrial “refleja la crisis derivada de la fractura del modelo de inserción de la etapa soviética que condujo a la descapitalización y obsolescencia tecnológica de una buena parte de la planta industrial, proceso agudizado después del ʻordenamientoʼ”.

Los datos confirman que la industria nacional, antaño considerada el “espinazo” del desarrollo, está reducida a ruinas.


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El experto recordó que el índice físico industrial en 2024 fue menor al de hace 35 años, incluso fue inferior a los niveles registrados en el “fondo” del Período Especial. La caída ha sido constante y no muestra señales de revertirse.

Mientras el gobierno continúa hablando de “recuperar capacidades industriales no utilizadas, la realidad es mucho más sombría porque la obsolescencia material (“hierros viejos”) y la obsolescencia tecnológica (funcionamiento subestándar) exigirían inversiones multimillonarias”, argumentó.

Uno de los casos más graves es la industria azucarera. De ser símbolo de orgullo y motor económico, pasó a convertirse en un cementerio productivo “como resultado del mayor dislate de política industrial de la historia de Cuba”, sostuvo Monreal, en alusión a la Tarea Álvaro Reinoso, impulsada por Fidel Castro en 2002 y con la cual se desmantelaron 120 de los 165 centrales azucareros que estaban en funcionamiento por entonces.

Advertencias ignoradas, decisiones impuestas y desmontaje sistemático provocaron que hoy Cuba, un país históricamente productor de azúcar, dependa de las importaciones para abastecerse. No fue una caída inevitable, fue una política ejecutada con total desprecio por sus consecuencias.

El problema no se limita a la industria azucarera. La erosión afecta también a sectores como los bienes intermedios y de capital, lo que hace imposible generar encadenamientos entre ramas productivas.

Igual ocurre con la obsoleta infraestructura eléctrica y la falta de inversiones que mantienen a la isla en una grave crisis energética, con apagones prolongados que afectan la vida cotidiana y paralizan su ya golpeada actividad económica.

La desaparición de la industria de fertilizantes ha afectado gravemente a la agricultura, que a su vez, al no producir materias primas, impide el funcionamiento de lo poco que queda de la industria alimentaria. El país se quedó sin base productiva propia.

Apuntó el especialista que los datos son contundentes: la industria de alimentos produce hoy apenas una cuarta parte de lo que generaba en 1989. El colapso es total y bidireccional: lo que no produce la industria falta en el campo, y lo que no produce el campo, falta en las fábricas. Es un ciclo roto que refleja la fractura de todo el modelo productivo.

A pesar de este panorama, no existe un plan serio para revertir la situación. “La ausencia de un programa creíble de reindustrialización es uno de los más notables y alarmantes vacíos de la política económica en Cuba. Ni siquiera cuenta la industria con algo parecido a la hoja de parra de las 63 (ineficaces) medidas de la agricultura”, remarcó.

Otros economistas han analizado que parte del desastre proviene de la apuesta ciega por el turismo como única “locomotora” económica. La transformación abrupta de la matriz productiva en los años 90 desvió inversiones hacia un sector de servicios incapaz de sostener la economía nacional.

A ello se suma la prioridad dada a la construcción de hoteles de lujo, la importación de todos los insumos, y el abandono progresivo de la producción real. Todo ello cuando, según datos de la ONEI, la tasa de ocupación hotelera cayó a apenas un 24,1% en el primer trimestre de 2025, y el número de turistas descendió un 29,3% interanual. Los ingresos por turismo también se desplomaron un 21,5%.

Mientras tanto, se mantiene una estructura centralizada, sin autonomía empresarial ni flexibilidad para recuperar sectores clave. Las decisiones se siguen tomando desde una lógica de control, no de desarrollo. Y quienes deberían frenar el hundimiento, lo aplauden desde sus tribunas.

La consecuencia más grave de todo este proceso no es solo la pérdida de empleos o la caída del PIB. Es la imposibilidad de que Cuba se levante desde adentro. Sin una industria fuerte, sin encadenamientos entre sectores, sin soberanía productiva, no hay desarrollo posible. Esa es la realidad que ningún eslogan puede ocultar.

Preguntas frecuentes sobre la crisis industrial y económica en Cuba

¿Cuál es el estado actual de la industria en Cuba y sus principales problemas?

La industria cubana se encuentra en un estado crítico de desindustrialización, con una capacidad productiva severamente erosionada. La falta de insumos, la obsolescencia tecnológica y la descapitalización han dejado al país sin una base productiva sólida. La industria azucarera, que fue un pilar económico, ha colapsado debido a decisiones políticas desacertadas, como la Tarea Álvaro Reinoso, y actualmente Cuba depende de importaciones para abastecerse.

¿Qué impacto tiene la desindustrialización en la economía cubana?

La desindustrialización ha provocado un colapso productivo en Cuba, impidiendo la creación de encadenamientos productivos esenciales para el desarrollo económico. La falta de una industria sólida afecta a sectores como la agricultura y la producción de alimentos, dificultando la autosuficiencia y la soberanía alimentaria. Además, la centralización económica y la falta de inversión en sectores clave han perpetuado una crisis estructural que limita el crecimiento económico.

¿Por qué el enfoque en el turismo no ha logrado reactivar la economía cubana?

La apuesta por el turismo como principal motor económico ha sido ineficaz debido a la baja tasa de ocupación hotelera y la disminución del número de turistas. A pesar de importantes inversiones en hoteles y complejos turísticos, el sector no ha generado los ingresos esperados ni ha compensado el declive de otras industrias. Esta estrategia ha llevado a la descapitalización de sectores fundamentales como la agricultura y la industria manufacturera, agravando la crisis económica.

¿Existen planes o medidas para reindustrializar Cuba?

No existe un plan creíble de reindustrialización en Cuba, según el economista Pedro Monreal. A pesar de discursos oficiales sobre la necesidad de reformas, no se han implementado acciones concretas para revitalizar la industria. El enfoque sigue siendo centralizado y controlado, sin dar espacio a la autonomía empresarial ni a la dinamización de sectores productivos. La falta de un programa de reindustrialización efectivo es uno de los vacíos más alarmantes de la política económica cubana.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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