
El oficialismo cubano volvió a exhibir un gesto de “solidaridad internacional”, esta vez con la historia de una niña vietnamita que entregó sus ahorros personales como donativo para Cuba, en un episodio presentado casi como épico.
La información fue difundida en Facebook por Rogelio Polanco Fuentes, embajador de Cuba en Viet Nam, quien destacó la acción de Ho Thao Nhi, estudiante de quinto grado en la escuela primaria Dinh Tien Hoang, en Ciudad Ho Chi Minh.
La menor pidió a sus padres romper su alcancía y entregó 5,100,000 dongs vietnamitas –unos 200 dólares estadounidenses– dinero que había reunido con su paga diaria y una bonificación escolar.
La propia estudiante declaró que deseaba enviar su aporte “a los niños de Cuba”, convencida de que “las pequeñas donaciones también pueden traerles alegría y cariño”.
El gesto fue aplaudido por la Cruz Roja de Vietnam, cuya vicepresidenta en Ciudad Ho Chi Minh la felicitó y le otorgó el título simbólico de “Buena Nieta del Tío Ho”.
Polanco agradeció “en nombre del pueblo de Cuba” el gesto de la estudiante Ho Thao Nhi, de quien además subrayó: “Su solidaridad nos conmueve y demuestra sus más puros sentimientos humanos, que forman parte de los valores que admiramos en el hermano pueblo vietnamita”.
El relato, exaltado como ejemplo de fraternidad, evidencia la capacidad del régimen cubano para capitalizar incluso la alcancía de una niña extranjera, mientras en la isla los problemas básicos de la niñez, como la escasez de leche o medicinas, continúan sin solución.
Sin dejar de mencionar, además, la capacidad del régimen cubano de utilizar –literalmente– cualquier hecho para servirse de su propaganda política.
Mientras el régimen cubano exalta como un triunfo la donación de una niña vietnamita que rompió su alcancía para enviar 200 dólares a la isla, en Cuba los niños inician el curso escolar con una libreta de dos asignaturas, uniformes heredados y sin materiales básicos.
La apertura del nuevo curso escolar estará marcada por apagones que paralizan la producción y dificultan el aprendizaje, en un escenario donde la crisis energética golpea directamente a las escuelas y hogares.
A ello se suma la escasez de más de dos mil maestros en provincias como Camagüey, que obliga a improvisar con personal no especializado y deja a miles de estudiantes sin la atención pedagógica adecuada.
En los hogares, la situación no es mejor: madres como la que muestra la dificultad para conseguir leche enfrentan a diario un panorama de desabastecimiento, y muchas familias se ven obligadas a dormir en portales o techos debido a apagones interminables.
Esa es la verdadera realidad de la niñez cubana, en contraste con los relatos propagandísticos de solidaridad extranjera que el oficialismo eleva a categoría de epopeya.
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