EE.UU. pone fin a su cooperación internacional contra la desinformación de Rusia, China e Irán

La decisión es coherente con la narrativa de Trump, un presidente que ha construido su carrera política al margen de los hechos verificables, difundiendo teorías conspirativas, tergiversando datos y desacreditando a las agencias de inteligencia que documentaron la injerencia rusa.

Imagen de referencia creada con Inteligencia Artificial © CiberCuba / ChatGPT
Imagen de referencia creada con Inteligencia Artificial Foto © CiberCuba / ChatGPT

Vídeos relacionados:

El gobierno de Estados Unidos notificó recientemente a varios países europeos la decisión de abandonar los convenios de cooperación conjunta para enfrentar las campañas de desinformación promovidas por gobiernos hostiles como Rusia, China e Irán.

La medida supone la cancelación de memorandos de entendimiento que habían sido firmados en 2023 bajo la administración de Joe Biden, con el propósito de coordinar una estrategia común para identificar y exponer operaciones de manipulación informativa, indicó el diario Financial Times.

La notificación, enviada la última semana por el Departamento de Estado, marcó el cierre definitivo de un capítulo que había buscado blindar a las democracias occidentales frente a una de las herramientas más eficaces de los regímenes autoritarios: la guerra informativa.

El desmantelamiento del GEC

La decisión se enmarca en una política más amplia del presidente Donald Trump, que desde su regreso a la Casa Blanca ha impulsado recortes drásticos en agencias dedicadas a proteger los procesos democráticos estadounidenses.

El Centro de Compromiso Global (GEC, por sus siglas en inglés), creado en 2011 para contrarrestar la propaganda terrorista y luego enfocado en desinformación estatal, fue cerrado en diciembre de 2024 después de que legisladores republicanos bloquearan la renovación de su mandato.

James Rubin, quien dirigió el GEC hasta finales del año pasado, describió la decisión de poner fin a los acuerdos internacionales como “un acto unilateral de desarme” en la guerra informativa contra Moscú y Pekín.


Lo más leído hoy:


A su juicio, la inteligencia artificial multiplicará los riesgos de manipulación en los próximos años, lo que hace aún más arriesgada la retirada estadounidense.

Desde la administración, sin embargo, la narrativa es opuesta. Darren Beattie, subsecretario de Estado interino de Diplomacia Pública, celebró la clausura del organismo y de los convenios internacionales: “Lejos de eliminar un plan aislado, nos enorgullece haber terminado con todo el GEC. Sus actividades de censura eran incompatibles con nuestra posición a favor de la libertad de expresión y, además, ineficaces”.

Rubin negó categóricamente que la oficina se hubiera dedicado a censurar, defendiendo su papel como pieza clave para exponer campañas extranjeras de manipulación que buscaban sembrar caos en sociedades democráticas.

Marco Rubio cerró la oficina contra la desinformación extranjera

En abril, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció el cierre definitivo de la Oficina de Manipulación e Interferencia de Información Extranjera, heredera del GEC.

El cubanoamericano argumentó que el organismo, con un presupuesto superior a 50 millones de dólares anuales, se había convertido en una amenaza para la libertad de expresión y se dedicaba a “silenciar a los mismos estadounidenses que debía servir”.

La medida se enmarcó en los recortes impulsados por la administración Trump y por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), creado y dirigido por Elon Musk, que ha impulsado el cierre de programas diplomáticos y de agencias como USAID.

Exfuncionarios advirtieron entonces que la clausura dejaba a Estados Unidos sin un mecanismo especializado para contrarrestar campañas de manipulación extranjeras, en un momento de alta vulnerabilidad global.

Campañas de injerencia: Una amenaza persistente

La clausura de los acuerdos internacionales contrasta con el historial de operaciones hostiles que ha enfrentado Washington en la última década.

Las advertencias comenzaron en diciembre de 2016, cuando Barack Obama sancionó a Rusia por sus ciberataques y operaciones de desinformación durante las elecciones presidenciales. Trump, entonces presidente electo, pidió pruebas públicas, alimentando la división interna.

En 2017, el fiscal especial Robert Mueller abrió una investigación que condujo a cargos contra exasesores de la campaña de Trump. En 2019, su informe concluyó que Moscú había desarrollado “operaciones sistemáticas” para influir en los comicios, aunque sin probar una conspiración criminal con el entorno del republicano.

En paralelo, el entonces senador Marco Rubio denunció la labor propagandística de Telesur y Prensa Latina, alineadas con los gobiernos de La Habana y Caracas, y el Departamento de Estado alertó sobre la influencia combinada de Rusia, China, Cuba e Irán en el continente.

Ese mismo periodo, la televisora rusa RT intentó expandirse en América Latina con un proyecto en Cuba, consolidando la narrativa del Kremlin en la región. En 2019, el secretario de Estado Mike Pompeo advirtió a Rusia que no interfiriera en las elecciones estadounidenses.

En 2020, el director del FBI aseguró que Moscú estaba impulsando campañas contra Biden. Washington también acusó a Cuba de usar redes sociales para difundir propaganda, mientras Trump cuestionaba abiertamente la legitimidad de los resultados electorales, amplificando la desconfianza interna.

Este recorrido muestra que la manipulación informativa extranjera no ha sido un fenómeno aislado, sino una estrategia sostenida para socavar la confianza en las instituciones y debilitar el liderazgo de Estados Unidos y sus aliados.

Una decisión coherente con el relato de Trump

El cierre del GEC y el abandono de los acuerdos internacionales son coherentes con la narrativa de Trump, un presidente que ha construido su carrera política al margen de los hechos verificables. Desde 2016, ha difundido teorías conspirativas, tergiversado datos y desacreditado a las agencias de inteligencia que documentaron la injerencia rusa.

En la cumbre de Helsinki en 2018 llegó a poner en duda, ante Putin, las conclusiones de sus propios servicios de seguridad y dio verosimilitud a la negación del Kremlin. Más recientemente, ha justificado ciertos argumentos de Moscú para invadir Ucrania, como la supuesta amenaza que representa la OTAN, declaraciones utilizadas por la propaganda rusa para reforzar su narrativa bélica.

Con este historial, el desmantelamiento de la arquitectura contra la desinformación no aparece como un movimiento aislado, sino como parte de un patrón: relativizar la amenaza de las campañas extranjeras, minimizar la evidencia documentada y otorgar margen a los adversarios estratégicos de Occidente.

La cancelación de los acuerdos con Europa y el cierre de la oficina especializada dejan a Washington sin una estructura formal para enfrentar un desafío que ha demostrado ser real y sostenido.

Críticos alertan que, en un escenario global marcado por la guerra informativa, la expansión tecnológica y la inteligencia artificial, la retirada estadounidense puede tener un costo elevado no solo para su democracia, sino también para la estabilidad de todo el bloque occidental.

COMENTAR

Archivado en:

Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.


Recibe las noticias de CiberCuba en WhatsApp: click aquí


¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




Siguiente artículo:

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada