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La escasez de agua golpea con fuerza a la ciudad de Pinar del Río donde barrios enteros pasan más de dos meses sin servicio, las pipas no cubren la demanda y quienes logran acceder a una pagan tarifas que consumen medio salario, mientras el gobierno admite que buena parte de las bombas instaladas son recicladas y no resuelven el problema.
Los puntos críticos se multiplican en la ciudad. En Cuneta, Lazareto, Mijares y Llamazares, los vecinos esperan ciclos de abasto que nunca llegan. En el reparto Llamazares, donde predominan los edificios, una bomba lleva más de un mes en un taller de La Habana, lo cual ha dejado sin servicio a cientos de familias.
En otras zonas como el Vélez, Justo Hidalgo o Villamil, las quejas son similares: los ciclos se extienden a más de 30 días y el agua, cuando llega, no sube a los segundos pisos, reflejó el periódico oficial Guerrillero.
Los testimonios reflejan el drama cotidiano. “No puedo darme el lujo de pagar una pipa, soy jubilado, esto es insostenible”, confesó un residente. Quienes logran acceder al servicio en carros cisterna aseguran que el precio equivale a medio salario, un lujo inalcanzable para la mayoría.
Robert Hechevarría Ramírez, director de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado Pinar del Río, admitió que los equipos disponibles no dan abasto. Muchas de las bombas recibidas desde el paso del huracán Ian, a fines de septiembre de 2022, son recuperadas de talleres en La Habana o en Pinar del Río, lo que explica las constantes roturas.
Además, debido a los constantes y extensos apagones, quedan inservibles porque carecen de grupos electrógenos. En la práctica, cada vez que hay un corte del servicio eléctrico, el bombeo se detiene y tarda horas en reiniciarse, explicó el medio de prensa.
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El panorama se agrava por los salideros y la obsolescencia de las conductoras principales. Una de 20 pulgadas, la más antigua de la ciudad, trabaja con apenas dos pozos, mientras la de 30 pulgadas sufre un salidero que no puede repararse por falta de insumos. La consecuencia: el tanque del acueducto tarda seis horas en llenarse y solo tres en vaciarse, prolongando ciclos que ya eran los más largos del país.
La respuesta oficial ha sido prometer nuevas inversiones. Se anunció la llegada de bombas desde La Habana y el rescate de equipos en Mantua y La Pescadería, que aliviarían la situación de más de 17,000 habitantes. Sin embargo, hasta ahora los resultados no se han sentido en los hogares pinareños.
Mientras tanto, el día a día se hace insoportable para miles de familias. Calles abiertas por reparaciones sin mejoras visibles, pipas que no alcanzan, equipos que se rompen antes de usarse.
La crisis del agua en Cuba ha alcanzado niveles muy alarmantes, pues más de tres millones de personas, equivalente a 30 % de la población residente en el país, sufren hoy la falta total o parcial de ese recurso en todo el país, según datos oficiales.
El gobierno cubano decidió liberar de sus empleos habituales a los delegados de circunscripción para que se dediquen por completo a atender directamente a la población, en medio de una profunda crisis energética y de abasto de agua que ha desatado crecientes protestas en varias regiones del país.
La ciudad de Guantánamo enfrenta una crítica situación por la escasez de precipitaciones que ha llevado al colapso parcial del sistema de abasto de agua, especialmente en la zona sur del municipio.
El municipio de Santiago de Cuba vive un panorama crítico, pues las alrededor de 500,000 personas que allí residen enfrentan la sequía más intensa en 10 años, con embalses en niveles mínimos y ciclos de distribución de agua de hasta 38 días, en medio de fallas acumuladas en el sistema hidráulico.
Asimismo, Holguín enfrenta el peor déficit hídrico de la última década, con más de 200,000 habitantes afectados además por cortes y reducciones en el abasto.
En la ciudad de Las Tunas más de 90,000 personas tienen dificultades para abastecerse de agua de forma regular en sus viviendas, especialmente en las zonas más altas de la geografía urbana, donde la presión nunca alcanza para llegar a los hogares.
La espirituana presa Zaza, el mayor embalse de Cuba, acumula apenas 106,4 millones de metros cúbicos de agua, lo que representa solo el 12% de su capacidad de diseño de 1,020 millones de metros cúbicos y la coloca en el segundo punto más bajo de su historia.
Preguntas frecuentes sobre la crisis del agua en Pinar del Río y otras regiones de Cuba
¿Por qué los habitantes de Pinar del Río están pagando medio salario por una pipa de agua?
Los habitantes de Pinar del Río pagan medio salario por una pipa de agua debido a la grave escasez de este recurso. La ciudad enfrenta una crisis de agua donde los ciclos de abasto se extienden por más de dos meses y la infraestructura hidráulica está obsoleta. Muchas bombas son recicladas y no logran satisfacer la demanda, lo que obliga a las familias a recurrir a camiones cisterna con tarifas elevadas, inalcanzables para la mayoría.
¿Qué problemas afectan la distribución de agua en Cuba?
La distribución de agua en Cuba está afectada por la obsolescencia de las infraestructuras, las frecuentes roturas de bombas y los apagones. La falta de mantenimiento de las conductoras y la escasez de insumos dificultan la reparación de salideros. Los apagones constantes, además, impiden el funcionamiento continuo de las estaciones de bombeo, agravando la situación en todo el país.
¿Cómo está respondiendo el gobierno cubano a la crisis del agua?
El gobierno cubano ha prometido nuevas inversiones y la llegada de equipos para aliviar la situación del agua. Sin embargo, hasta la fecha, los resultados de estas promesas no se han sentido en los hogares. La liberación de delegados de sus funciones habituales para atender a la población directamente es otra medida adoptada, aunque el impacto real de estas acciones aún está por verse.
¿Qué regiones de Cuba están más afectadas por la crisis del agua?
Regiones como Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas y Pinar del Río están gravemente afectadas por la crisis del agua. En estas zonas, los ciclos de distribución de agua superan los 30 días, y en algunos casos, los habitantes han esperado hasta 85 días para recibir el servicio. La sequía, combinada con la infraestructura deficiente y los apagones, ha intensificado esta problemática.
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