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El régimen cubano continúa afrontando los daños que dejó el huracán Melissa en el oriente del país con medidas que evidencian la precariedad de su gestión y sirven más como maquillaje que como solución real.
Un ejemplo es la instalación de tanques colectivos en la comunidad de Grito de Yara, municipio Río Cauto, provincia de Granma, donde los vecinos deben compartir el acceso al agua potable mediante depósitos plásticos colocados en puntos comunes.
Según publicó en Facebook José Manuel Rodríguez Valdivia, empleado del gobierno local y portavoz del régimen en esa provincia, los tanques de polietileno de tres mil litros se colocan en puntos estratégicos del poblado de Grito de Yara, en el municipio Río Cauto, para que los vecinos puedan recoger agua potable.
En su publicación, el funcionario describió la iniciativa como un “apoyo vital” a los damnificados, junto con la entrega de colchones personales y cameros.
Las imágenes difundidas muestran depósitos plásticos compartidos entre varias familias, lo que refleja la precariedad del acceso al agua en la zona.
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Aunque la medida ha sido presentada como una solución temporal, no resuelve el deterioro de la infraestructura hidráulica ni la dependencia de los habitantes de un sistema de distribución colectiva improvisado.
Sin dejar de mencionar, además, que mucha de estas soluciones temporales –tal y como lo demuestra la historia– se alargan en el tiempo hasta convertirse en permanente, trayendo consigo, a la vez, nuevos problemas.
El huracán Melissa provocó severas inundaciones en el oriente del país, especialmente en la provincia de Granma, donde el desbordamiento del río Cauto dejó comunidades incomunicadas y dañó a miles de viviendas.
A pesar de la magnitud de los daños, el gobierno no ha declarado oficialmente una situación de catástrofe, aunque la instalación de tanques comunitarios y la llegada de ayuda internacional evidencian la dimensión real de la emergencia.
En el municipio Río Cauto, provincia de Granma, el régimen ha implementado medidas improvisadas para paliar la crisis generada tras el paso del huracán Melissa.
Entre las acciones adoptadas, el régimen aclaró que el otorgamiento de colchones a los damnificados no sería gratuito en todos los casos. Algunos estarían exentos de pago mientras otros deberían abonar el 50 por ciento del costo.
Por otro lado, la venta de alimentos como picadillo y salchichas a los damnificados ha generado críticas entre los afectados, quienes esperaban un mínimo de asistencia gratuita en medio del desastre.
De manera aún más polémica, el régimen vendió el agua embotellada a los afectados por las inundaciones.
Este hecho ha provocado indignación entre los cubanos, quienes consideran inaceptable que en una situación como la que dejó Melissa a su paso por la región oriental, el régimen sea capaz de vender el agua, así sea a precios "simbólico".
Preguntas frecuentes sobre la respuesta del régimen cubano al huracán Melissa
¿Cómo ha respondido el régimen cubano a la crisis de agua en Granma tras el huracán Melissa?
El régimen ha instalado tanques colectivos de agua en la comunidad de Grito de Yara como solución temporal al acceso al agua potable, evidenciando la precariedad de su gestión y la falta de infraestructura adecuada.
¿Es gratuita el agua que se distribuye a los afectados por el huracán en Río Cauto?
No, el agua distribuida no es gratuita. El régimen cubano ha decidido vender el agua a 40 pesos por núcleo familiar, argumentando que el cobro es para cubrir "costos logísticos".
¿Qué otros tipos de ayuda ha recibido la población de Granma afectada por el huracán?
Además de los tanques de agua, se han distribuido casas de campaña, mosquiteros y kits de cocina, principalmente gracias a donativos internacionales, como los procedentes de la India. La ayuda directa del régimen ha sido limitada y se ha enfocado en la venta de recursos, como colchones y alimentos, a precios simbólicos.
¿Cuál es la situación actual de las comunidades afectadas por el huracán Melissa en Granma?
Las comunidades siguen lidiando con graves problemas como la falta de agua potable y electricidad. Más de 7,700 personas permanecen evacuadas y muchas viviendas han sido destruidas. La respuesta gubernamental ha sido insuficiente, dependiendo en gran medida de la ayuda internacional para atender las necesidades básicas de los damnificados.
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