
El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, John Ratcliffe, ha reivindicado el papel decisivo de su agencia en la operación militar que permitió capturar a Nicolás Maduro, un antecedente que cobra especial relevancia tras el llamamiento de Washington a los cubanos para colaborar secretamente con los servicios de inteligencia estadounidenses.
Un reportaje publicado el viernes por The Atlantic, firmado por Shane Harris, describe el creciente protagonismo de Ratcliffe en las decisiones de seguridad nacional de Donald Trump y su apuesta por recuperar las operaciones clandestinas como una de las principales herramientas de la CIA.
El artículo recuerda que, durante un discurso pronunciado en junio, Ratcliffe afirmó que, «gracias a la CIA», las fuerzas especiales estadounidenses consiguieron localizar y capturar a Maduro menos de cuatro minutos después de aterrizar en el mayor complejo militar de Venezuela.
No se trataba únicamente de una reivindicación institucional. Según investigaciones de Reuters y The New York Times, la CIA había desplegado desde agosto de 2025 un pequeño equipo clandestino en Venezuela y contaba con una fuente dentro del gobierno chavista que ayudó a rastrear los movimientos de Maduro y determinar su ubicación.
La información obtenida, complementada con vigilancia aérea y un seguimiento minucioso de las rutinas del gobernante, resultó fundamental para la operación del 3 de enero, que culminó con su captura junto a Cilia Flores.
Reuters también identificó a Ratcliffe como integrante, junto con Marco Rubio, Pete Hegseth y Stephen Miller, del reducido grupo de altos funcionarios que preparó durante meses la estrategia estadounidense hacia Venezuela.
Según The Atlantic, el director ha devuelto a la CIA una posición central en el asesoramiento al presidente y ha impulsado las operaciones encubiertas y paramilitares, cuyos responsables figuran entre los sectores más activos de la agencia.
Ratcliffe utilizó la captura de Maduro para advertir a La Habana
El precedente venezolano no es una simple comparación entre escenarios. El propio Ratcliffe lo utilizó como advertencia durante su visita a Cuba el pasado 14 de mayo, cuando se reunió con altos responsables del aparato de seguridad del régimen.
Según reveló Axios, citando a un funcionario de la CIA, Ratcliffe instó a sus interlocutores cubanos a extraer lecciones de la operación estadounidense que derrocó a Maduro.
Entre los participantes en aquella reunión figuraban el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas; el jefe de la inteligencia cubana; y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, «El Cangrejo», nieto de Raúl Castro y figura vinculada a los contactos reservados con Washington.
El director transmitió que Estados Unidos estaba dispuesto a negociar cuestiones económicas y de seguridad, pero condicionó cualquier entendimiento a cambios fundamentales en Cuba.
Un funcionario de la CIA advirtió entonces que la oportunidad para alcanzar un acuerdo no permanecería abierta indefinidamente y que Trump buscaría otras vías para hacer cumplir sus exigencias si fracasaban las conversaciones.
Del diálogo reservado al llamamiento público de la CIA
Cinco meses después, la agencia dirigida por Ratcliffe ha pasado a solicitar abiertamente colaboración de ciudadanos cubanos, en una campaña difundida desde el viernes por el secretario de Estado Marco Rubio y respaldada posteriormente por el Comando Sur estadounidense.
La CIA publicó un mensaje en español dirigido a quienes desean impulsar cambios políticos en la isla, invitándolos a establecer una «asociación discreta» con sus servicios de inteligencia.
La agencia difundió además una guía para contactar de forma confidencial y solicitó a los potenciales colaboradores información sobre sus puestos de trabajo y su nivel de acceso a datos sensibles.
El comandante del SOUTHCOM, general Francis L. Donovan, amplificó el mensaje de la CIA e instó a los cubanos a aprovechar el momento para construir el cambio que desean, mientras el Departamento de Estado también respaldó públicamente la campaña.
La ofensiva se desarrolla después de meses de conversaciones entre Washington y representantes del régimen cubano, que han reiterado su negativa a negociar modificaciones del sistema político, el papel rector del Partido Comunista o la celebración de elecciones multipartidistas.
El gobierno estadounidense también ha explorado la posibilidad de identificar interlocutores dentro de la propia estructura de poder cubana, siguiendo parcialmente el modelo venezolano, donde Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina tras la captura de Maduro.
Trump tampoco ha descartado una operación semejante en Cuba. En una entrevista concedida a Axios en junio, respondió «Posiblemente. Es posible» cuando le preguntaron si una eventual acción estadounidense contra la isla podría desarrollarse como la ejecutada en Venezuela.
La combinación de presión diplomática, búsqueda de contactos internos, operaciones de inteligencia y planificación de opciones militares mantiene abiertas distintas alternativas para Washington, sin que exista confirmación pública de una decisión de intervenir militarmente.
El protagonismo que Ratcliffe ha adquirido en la administración Trump, descrito ahora por The Atlantic, sitúa al director de la CIA en el centro de esa estrategia.
La misma agencia cuya inteligencia contribuyó a hacer posible la captura de Maduro busca ahora colaboradores dentro de un régimen cubano al que su director ya advirtió personalmente sobre las consecuencias de ignorar el precedente venezolano.
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