Medio millón de personas en Santiago de Cuba afectadas por la peor sequía en una década

Los ciclos de abastecimiento de agua superan los 30 días © Facebook/Corresponsalía de Prensa Santiago de Cuba
Los ciclos de abastecimiento de agua superan los 30 días Foto © Facebook/Corresponsalía de Prensa Santiago de Cuba

El municipio de Santiago de Cuba vive un panorama crítico, pues las alrededor de 500,000 personas que allí residen enfrentan la sequía más intensa en 10 años, con embalses en niveles mínimos y ciclos de distribución de agua que en muchos casos superan los 30 días, en medio de fallas acumuladas en el sistema hidráulico.

El abastecimiento en el municipio cabecera ha sido descrito como “alarmante” incluso por las autoridades, que reconocen la gravedad de la crisis.

La falta de lluvias no es la única causa: salideros sin atender, roturas en equipos, déficit eléctrico que impide bombear de manera continua, pipas insuficientes y ciclos desproporcionados han multiplicado el malestar de los vecinos, expuso el periódico oficial Sierra Maestra.

Las presas que abastecen a la ciudad muestran niveles deprimentes: Charco Mono está al 8.8% de su capacidad, Gilbert al 13%, Parada al 16%, Gota Blanca al 18.3% y Chalons apenas llega al 31.4%.

Para paliar la crisis, se trasvasa agua desde la presa Carlos Manuel de Céspedes, a decenas de kilómetros, con un 68.5% de llenado, según datos oficiales.

La respuesta institucional ha sido lenta e insuficiente. Según el medio de prensa, la primera secretaria del Partido Beatriz Johnson Urrutia, y el gobernador Manuel Falcón Hernández, dirigen las acciones de rehabilitación con apoyo del Gobierno central.

Pero los testimonios ciudadanos describen una realidad de largas esperas y precios desorbitantes: en Chicharrones, por ejemplo, vecinos denuncian no tener agua desde hace cuatro meses y verse obligados a pagar 400 pesos por apenas 20 litros.

En otros barrios, el recurso llega de forma intermitente o solo a través de camiones cisterna. Algunos delegados admiten que durante meses la distribución se limitó a priorizar familias vulnerables, mientras la mayoría quedaba desatendida.

Para quienes dependen de depósitos, cada ciclo puede tardar más de un mes, y aun así no alcanza para cubrir las necesidades básicas.

El problema se agrava con la precariedad de las infraestructuras. De las 106 instalaciones de bombeo, solo 19 cuentan con grupos electrógenos de emergencia, y el déficit del Sistema Eléctrico Nacional interrumpe constantemente el rebombeo.

Aunque se anuncian pozos con paneles solares y nuevos equipos en plantas clave, los resultados todavía no alivian la desesperación popular.

Las denuncias por salideros, despilfarro y negligencia son constantes. Vecinos hablan de fugas que llevan meses sin repararse, calles dañadas y comunidades enteras sin recibir servicio. Incluso quienes pagan el consumo aseguran que solo ven a los cobradores una vez al año, sin que el agua llegue de manera regular.

La empresa Aguas Santiago asegura que ha recuperado parte de su parque de pipas -17 de una treintena- gracias a apoyo externo, y se anuncian inversiones en rebombeos, pozos y desalinizadoras.

Sin embargo, los propios directivos reconocen que el deprimido Sistema Quintero, que abastece al 80% de la ciudad, apenas funciona al 50% de su capacidad.

Más allá de promesas y planes técnicos, la raíz del problema sigue siendo la falta de agua en las fuentes naturales y el deterioro acumulado de un sistema que no responde a la demanda real de la población.

Mientras tanto, crece la percepción de lentitud institucional, escasa comunicación oficial y falta de control sobre irregularidades como el uso de turbinas privadas que empeoran la desigualdad en el acceso.

El discurso oficial insiste en la urgencia y en la necesidad de ahorrar, pero la vida diaria en Santiago de Cuba muestra otra cara: familias sin agua durante semanas, barrios enteros comprando lo poco que consiguen a precios abusivos, y una población que sigue esperando soluciones reales en medio de la peor sequía en una década.

A fines de agosto, durante un habitual informe televisivo sobre el estado de los recursos hidráulicos, el máster Argelio Fernández informó, entre tecnicismos y circunloquios, que más de 884,000 personas en Cuba sufrían “restricciones” en el servicio del vital líquido.

Pero lejos de hablar de “crisis”, “emergencia” o incluso “desabastecimiento”, optó por una joya de la semántica oficial: “tendencia al incremento de las afectaciones por poca disponibilidad”, lo que se traduce en que cada día hay más gente sin agua.

Más de 90,000 personas en la ciudad de Las Tunas tienen dificultades para abastecerse de agua de forma regular en sus viviendas, especialmente en las zonas más altas de la geografía urbana, donde la presión nunca alcanza para llegar a los hogares.

La presa Zaza, el mayor embalse de Cuba, acumula apenas 106,4 millones de metros cúbicos de agua, lo que representa solo el 12% de su capacidad de diseño de 1,020 millones de metros cúbicos y la coloca en el segundo punto más bajo de su historia.

Como contraste, en Ciego de Ávila, el 30 % del agua se pierde por conductoras en mal estado, complicando el suministro que ya alcanza ciclos de nueve días.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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