
El gobierno cubano ha vuelto a dejar en evidencia su ambivalencia hacia los empresarios privados, a quienes califica como un “mal necesario” en medio de la crisis económica que atraviesa la isla.
De acuerdo con lo declarado a la agencia EFE por el investigador Ricardo Torres Pérez, autor del informe "Sector privado en Cuba: ¿Válvula de escape o motor de desarrollo?", aunque la apertura hacia el trabajo por cuenta propia y las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) ha permitido cierta oxigenación, las autoridades siguen mostrando desconfianza y falta de compromiso hacia este sector emergente.
Los datos revelados por el Cuba Study Group enfatizan en que la narrativa oficial sostiene que estas formas de gestión no son el modelo ideal, sino un recurso obligado para mantener la economía a flote.
"No hay un compromiso, porque la ideología que prevalece todavía en el Gobierno entiende al sector privado como una amenaza", explicó Torres Pérez.
Desde que en 2021 se autorizara legalmente la creación de mipymes, más de 11 mil empresas privadas se han registrado en la isla, muchas de ellas dedicadas a la importación de alimentos, insumos básicos y productos de consumo que el Estado es incapaz de garantizar.
Sin embargo, su éxito ha despertado recelos en sectores del oficialismo que ven en estos actores un posible germen de desigualdad y pérdida de control político.
El discurso oficial está plagado de contradicciones: mientras recurre a los emprendedores para llenar los anaqueles vacíos, los acusa de especulación, les impone trabas burocráticas y limita sus importaciones.
El mensaje es claro: se les permite existir solo hasta donde convenga al poder, pero nunca como un sector libre y competitivo que pueda desplazar al monopolio estatal.
"Siempre hay una regulación nueva que se puede hacer para molestar a la empresa privada de una manera u otra", insistió Torres.
Para los cubanos de a pie, las mipymes son hoy la única vía para acceder a alimentos, medicinas o productos básicos, aunque los precios resulten elevados debido a la escasez y las restricciones impuestas por el propio régimen.
Sin estos negocios, el país estaría aún más sumido en la parálisis económica, pero el gobierno prefiere atacarlos antes que reconocer su papel indispensable.
El calificativo de “mal necesario” no solo revela el desprecio del régimen hacia la iniciativa privada, sino también su temor a perder el control absoluto sobre la vida económica del país.
Cuba necesita más libertad y menos consignas: empresarios capaces de generar riqueza, no demonizados por un sistema que ha demostrado, durante más de seis décadas, su total incapacidad para sacar al pueblo de la miseria.
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