Díaz-Canel llama a poner orden en La Habana y los cubanos responden: “Abandonen el poder”

En medio de los apagones, la basura y la desesperanza, la respuesta más repetida resume el sentimiento general: “No se puede vivir de discursos. Si quieren ordenar algo, empiecen por ordenar su salida del poder”.

Reclutas del Servicio Militar Obligatorio recogen basura en La Habana © Facebook / Miguel Díaz-Canel Bermúdez
Reclutas del Servicio Militar Obligatorio recogen basura en La Habana Foto © Facebook / Miguel Díaz-Canel Bermúdez

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El más reciente llamado del gobernante Miguel Díaz-Canel a “ordenar las cosas en La Habana” provocó una avalancha de críticas, ironías y expresiones de hartazgo entre los cubanos dentro y fuera del país, que interpretaron sus palabras como un nuevo intento de trasladar responsabilidades a la población, en lugar de asumir la evidente crisis de gestión estatal.

En un mensaje publicado en su cuenta de Facebook, el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) reconoció que la capital atraviesa una situación “compleja” debido a “agudos problemas generados por el bloqueo y por la desidia”, e instó a todas las “fuerzas comprometidas con el pueblo” —incluidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT)— a integrarse en labores de limpieza, control y “rescate del orden”.

Captura de pantalla Facebook / Miguel Díaz-Canel Bermúdez

“Hay que ordenar las cosas en La Habana. Ha faltado cooperación. Organismos, instituciones y estructuras partidistas deben estar en la calle combatiendo por el rescate de la limpieza”, escribió el mandatario, asegurando además que no se dispone de “combustible suficiente” para cubrir servicios esenciales como la recogida de basura, el suministro de agua o el transporte público.

El mensaje, que pretendía mostrarse como una convocatoria al trabajo voluntario y la disciplina social, terminó desatando una ola de indignación y sarcasmo entre los ciudadanos. Miles de comentarios coincidieron en una idea central: el verdadero desorden no está en las calles, sino en la administración del país.

“Si quieren limpiar, empiecen por el Consejo de Estado”, escribió un usuario en respuesta al mensaje oficial, mientras otro ironizaba: “Después de 66 años de desastre, ahora se acuerdan del orden”.


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La mayoría de los comentarios acusaron al gobierno de querer responsabilizar al pueblo por el colapso urbano, mientras los dirigentes “viven en casas cómodas y se desplazan con escoltas y autos oficiales”.

De la basura al hartazgo

Las calles de La Habana se han convertido en símbolo visible del deterioro nacional. Los montones de desechos acumulados, el hedor persistente, los apagones interminables y la escasez de agua potable son el retrato cotidiano de una capital sumida en el caos.

A ello se suman las recientes protestas y cacerolazos registrados en barrios como Centro Habana y Regla, donde vecinos salieron a exigir soluciones ante la falta de electricidad y agua durante días consecutivos.

En ese contexto, el llamado presidencial fue percibido como una provocación. “No hay combustible para recoger la basura, pero sí para movilizar tropas y caravanas políticas”, escribió un internauta.

Otros cuestionaron que se invoque la “voluntad del pueblo” mientras se amenaza con medidas represivas contra quienes protesten. “Primero militarizan los barrios, y ahora piden cooperación. No se puede mandar con miedo y pretender gratitud”.

Varios comentarios recordaron que el propio régimen reconoció la gravedad de la situación sanitaria. El ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), Armando Rodríguez Batista, admitió recientemente que “esa basura no está contenida: está regada por toda La Habana”, mientras la periodista oficialista Ana Teresa Badía reconocía que “La Habana huele a basura”.

“Lo admiten y no pasa nada. Ni dimisiones, ni sanciones, ni cambios. Solo discursos y más consignas”, escribió un ciudadano, reflejando la frustración generalizada.

“No es el bloqueo, es la desidia”

Entre las críticas más recurrentes se repitió una frase que ya circula en las redes como consigna popular: “No es el bloqueo, es la desidia”. Los usuarios acusaron al gobierno de Díaz-Canel de esconder su ineficiencia detrás del embargo estadounidense, mientras la corrupción y el abandono estatal siguen creciendo.

“Nos piden limpiar las calles, pero no limpian el sistema. Nos piden orden, pero gobiernan con el desorden institucional más grande de América Latina”, señaló otro comentario. “Si el pueblo tiene que hacer lo que el Estado no hace, ¿para qué existen los ministerios, los delegados y las empresas estatales?”, cuestionó otro.

Muchos reprocharon que el llamado a la disciplina social llegara acompañado de advertencias contra quienes “cierren vías o interrumpan servicios públicos” durante las protestas, lo que fue interpretado como una criminalización del descontento ciudadano.

“Primero nos dejan sin agua, luz ni comida, y cuando protestamos, nos acusan de desorden. El verdadero desorden es el que han creado ellos”, señaló un internauta en los comentarios a la publicación del gobernante.

Una capital colapsada

Las condiciones de vida en La Habana se han deteriorado drásticamente en los últimos meses. Los apagones de más de 12 horas diarias, la falta de agua y el desbordamiento de basura han convertido a varios municipios en focos de insalubridad.

Las lluvias recientes agravaron la crisis: calles anegadas, contenedores flotando, aguas contaminadas invadiendo portales y viviendas.

“Hay barrios donde los niños juegan entre moscas y desperdicios”, comentó una vecina de Diez de Octubre. “El olor es insoportable, no hay recogida hace semanas y las enfermedades están al alza. Pero lo único que dicen es que limpiemos y que tengamos conciencia”.

En las redes, muchos compararon la situación actual con los peores momentos del llamado 'Período Especial'. “Es como volver a los noventa, pero sin esperanza”, se lee en otro mensaje. “Ni luz, ni agua, ni comida, ni medicinas. Solo promesas y consignas”.

“No se puede vivir de discursos”

El llamado de Díaz-Canel también fue criticado por su tono paternalista. “Pide empatía y sacrificio, pero él no sabe lo que es pasar 24 horas sin electricidad o sin agua para bañarse”, escribieron varios usuarios.

Otros señalaron la desconexión entre los discursos oficiales y la vida cotidiana: “Hablan de moral revolucionaria mientras el país se hunde en la miseria”.

Algunos mensajes pedían que el gobierno abandone su retórica de resistencia y asuma su fracaso. “La mejor forma de poner orden es renunciando. Eso sí resolvería el problema de raíz”, comentó uno de los usuarios más compartidos.

Hubo también expresiones de burla: “Van a crear una ‘Brigada de la Basura Revolucionaria’ con los mismos que antes formaban las ‘brigadas de respuesta rápida’”. Otro escribió: “Cuba no necesita más discursos de limpieza, necesita limpiar el discurso”.

Entre las pocas voces que defendieron el mensaje presidencial, algunos alegaron que “con unidad todo se puede lograr”, pero la mayoría respondió con escepticismo. “Unidad sí, pero no detrás de quienes nos han traído hasta aquí”, replicó otro comentarista.

“El pueblo ya no cree”

El tono general de las reacciones mostró un desgaste profundo. Las palabras del gobernante, en lugar de motivar, reavivaron la percepción de un poder desconectado y carente de soluciones.

“Ya no creemos en sus llamados ni en sus justificaciones. Cada vez que hablan, todo empeora”, se repitió en decenas de respuestas.

Para muchos, la frase “hay que ordenar las cosas” se interpretó como una metáfora involuntaria de un sistema que perdió el control. “No hay orden ni en la economía, ni en la salud, ni en la educación, ni en la calle. Y ahora quieren que el pueblo sea quien los salve del caos que ellos mismos crearon”.

La convocatoria de Díaz-Canel se convirtió así en un termómetro del hartazgo nacional. Más que un llamado al trabajo voluntario, sus palabras encendieron un debate sobre la legitimidad de un régimen que insiste en discursos heroicos frente a una realidad que se desmorona.

En medio de los apagones, la basura y la desesperanza, la respuesta más repetida resume el sentimiento general: “No se puede vivir de discursos. Si quieren ordenar algo, empiecen por ordenar su salida del poder”.

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