La paradoja de Guantánamo: Las FAR reciben a un general asociado a la caída de Maduro

La reunión entre el jefe del Estado Mayor cubano y Francis Donovan adquiere una dimensión especial por la trayectoria reciente del jefe del Comando Sur, un general asociado al nuevo escenario regional surgido tras la captura de Maduro y al mayor revés sufrido por el eje Caracas-La Habana en décadas.



Legrá Sotolongo y Donovan en la Base Naval de Guantánamo y el jefe de Southcom en Caracas © Facebook / Minfar Cuba - X / @Southcom
Legrá Sotolongo y Donovan en la Base Naval de Guantánamo y el jefe de Southcom en Caracas Foto © Facebook / Minfar Cuba - X / @Southcom

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Cuando el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) confirmó la reunión celebrada el 29 de mayo entre el general de cuerpo de ejército Roberto Legrá Sotolongo y el jefe del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), Francis L. Donovan, el comunicado oficial la presentó como un intercambio técnico relacionado con la seguridad en torno al perímetro de la Base Naval de Guantánamo.

Según la nota oficial, ambas delegaciones valoraron positivamente el encuentro y acordaron mantener la comunicación entre ambos mandos militares. Sin embargo, para muchos observadores, la importancia de la reunión trasciende ampliamente los asuntos de seguridad tratados durante el encuentro.

La razón tiene nombre propio: Francis Donovan.

La fotografía resulta especialmente llamativa porque Cuba mantuvo durante más de dos décadas una estrecha alianza estratégica con el chavismo. Y Donovan está asociado, en la percepción de muchos analistas y observadores, al dispositivo militar estadounidense que acompañó el proceso que culminó con la captura de Nicolás Maduro y transformó por completo el panorama político venezolano.

Durante años, Caracas fue el principal aliado internacional de La Habana.

La llegada de Hugo Chávez al poder inauguró una relación privilegiada que se extendió a prácticamente todos los ámbitos: cooperación política, asistencia energética, asesoría de inteligencia y represión de opositores, presencia de personal cubano en organismos estatales venezolanos y una estrecha coordinación entre ambos gobiernos.

Tras la muerte de Chávez, Nicolás Maduro mantuvo esa alianza y la convirtió en uno de los pilares fundamentales de la supervivencia económica y geopolítica del régimen cubano.

Por eso los acontecimientos registrados en Venezuela durante los últimos meses fueron seguidos con enorme preocupación desde La Habana.

La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses alteró profundamente el equilibrio regional y representó el golpe más duro sufrido por el eje Caracas-La Habana desde la llegada del chavismo al poder.

Aunque Donovan todavía no había asumido formalmente el mando de SOUTHCOM cuando se produjo la operación del 3 de enero, ocupaba entonces el cargo de vicecomandante del United States Special Operations Command (SOCOM), la estructura encargada de coordinar las fuerzas especiales estadounidenses.

Su carrera profesional ha estado estrechamente vinculada a las operaciones especiales, la guerra irregular y las misiones conjuntas de alta complejidad.

Posteriormente, ya como jefe del Comando Sur, Donovan pasó a desempeñar un papel central en la gestión del nuevo escenario regional surgido tras la caída de Maduro.

En fechas recientes aterrizó por segunda vez en Caracas —la primera visita fue en febrero— para reunirse con representantes de las nuevas autoridades venezolanas y realizar maniobras militares en suelo venezolano, además de llevar una intensa agenda regional vinculada a la nueva estrategia estadounidense para el hemisferio occidental.

Esa estrategia ha adquirido una relevancia creciente dentro de la actual administración estadounidense.

El propio Comando Sur difundió el pasado 5 de mayo una fotografía de Donovan junto al secretario de Estado Marco Rubio frente a un gran mapa de Cuba durante la Conferencia de Jefes de Misión celebrada en Doral, Florida.

El mensaje que acompañaba la imagen destacaba los objetivos de la Estrategia de Seguridad Nacional para el hemisferio occidental, la lucha contra el narcoterrorismo y la necesidad de impedir que actores adversarios consoliden posiciones en la región.

La fotografía tuvo una amplia repercusión porque muchos observadores la interpretaron como una muestra de la importancia que Cuba ocupa actualmente dentro de las prioridades estratégicas de Washington.

La carga simbólica de la reunión de Guantánamo aumenta todavía más si se recuerda otro dato.

Según información reconocida por las propias autoridades cubanas, durante las operaciones que culminaron con la captura de Maduro murieron 32 efectivos cubanos pertenecientes a las FAR y al Ministerio del Interior desplegados en Venezuela.

Las bajas constituyeron uno de los episodios más sensibles para el aparato militar cubano en los últimos años y reflejaron hasta qué punto la crisis venezolana tenía implicaciones directas para La Habana.

En ese contexto, la imagen de Donovan sentado frente al jefe del Estado Mayor cubano adquiere un significado que va mucho más allá de una reunión técnica sobre seguridad fronteriza.

La paradoja resulta difícil de ignorar.

Durante décadas, el discurso oficial cubano presentó al Comando Sur como una de las principales expresiones del poder militar "imperialista" en la región. Al mismo tiempo, la alianza con Caracas fue elevada a la categoría de asociación estratégica fundamental para la supervivencia del régimen totalitario de La Habana.

Sin embargo, la fotografía de Guantánamo muestra una realidad muy distinta.

Muestra a altos mandos de las FAR reunidos cordialmente con una de las figuras militares más asociadas al escenario regional surgido tras la captura de Maduro y a la nueva estrategia hemisférica impulsada por Washington.

El contraste también se aprecia en el lenguaje utilizado por el propio MINFAR.

Durante décadas, la Base Naval de Guantánamo fue presentada por las autoridades cubanas como un territorio ocupado ilegalmente y una expresión permanente de la confrontación con Estados Unidos.

Sin embargo, el comunicado emitido tras la reunión evitó cualquier referencia a la ocupación, la soberanía o el conflicto histórico en torno a la base. En su lugar, destacó la seguridad perimetral, la comunicación entre mandos militares y la valoración positiva del encuentro.

Para algunos analistas, ese cambio refleja pragmatismo y la necesidad de mantener canales de comunicación abiertos en una de las fronteras más sensibles del hemisferio. Para otros, constituye una muestra de la nueva realidad estratégica que enfrenta La Habana tras los acontecimientos ocurridos en Venezuela.

Lo cierto es que la reunión entre Donovan y Legrá difícilmente puede entenderse al margen de ese contexto. No fue simplemente un encuentro sobre seguridad perimetral. Fue una fotografía cargada de simbolismo político e histórico.

Una imagen en la que el principal jefe militar cubano aparece reunido con una de las figuras más asociadas al nuevo escenario regional surgido tras la caída de Maduro, el principal aliado geopolítico que tuvo La Habana durante más de dos décadas.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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