¿Advertencia para La Habana? SOUTHCOM llama a «luchar contra el enemigo» y atacar las redes del narcotráfico

Jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan © X / @Southcom
Jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan Foto © X / @Southcom

«Ha llegado el momento de luchar contra el enemigo». Con esa contundencia se dirigió el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), a responsables de Defensa y Seguridad de 19 países reunidos en Panamá en el foro de la Americas Counter Cartel Coalition (A3C).

«Esta es nuestra oportunidad de decidir. ¿Estamos dispuestos a llevar la lucha al enemigo? Creo que sí», afirmó Donovan. «Estas son redes [...] que realmente están devastando nuestras propias sociedades. Tenemos que atacar estas redes. Tenemos que aplicar una fricción sistémica total sobre ellas».

En su mensaje, SOUTHCOM no mencionó a Cuba. Por tanto, sería incorrecto presentar las palabras del general como una amenaza dirigida específicamente contra La Habana.

Sin embargo, el contexto en que se producen, la nueva estrategia estadounidense contra el narcoterrorismo, el precedente venezolano y el extenso expediente histórico sobre la relación de funcionarios cubanos con el tráfico internacional de drogas permiten interpretar el mensaje también como una advertencia para el régimen.

El propio Donald Trump ya había colocado públicamente a Cuba dentro de su discurso sobre Maduro y los narcoterroristas. En noviembre de 2025, durante la campaña electoral de Honduras, Trump preguntó en Truth Social: «¿Tomarán Maduro y sus narcoterroristas otro país, como lo han hecho con Cuba, Nicaragua y Venezuela?».

La frase no equivale a una acusación judicial de narcotráfico contra el régimen cubano ni demuestra que Washington considere formalmente a Cuba parte de una organización narcoterrorista. Pero sí sitúa explícitamente a la isla dentro del mismo espacio político y de seguridad regional que Trump asociaba con Maduro y sus redes.

Meses después, esa retórica adquirió una dimensión muy diferente.

De la retórica a la «fricción sistémica total»

La expresión utilizada ahora por Donovan tampoco parece improvisada.

«Imponer una fricción sistémica total a los carteles de drogas y organizaciones terroristas» constituye una de las prioridades oficiales del jefe de SOUTHCOM.

Otra consiste en negar a los adversarios de Estados Unidos puntos de apoyo e influencia indebida en el hemisferio.

Y Washington ya ha demostrado que esa «fricción» puede ir más allá de la cooperación policial, las sanciones financieras o la interceptación de cargamentos. SOUTHCOM ha utilizado durante 2026 el mismo concepto al informar de operaciones cinéticas contra embarcaciones que identificó como vinculadas con organizaciones narcoterroristas.

La estrategia busca actuar sobre la red completa: producción, transporte, dirigentes, financiación, inteligencia, infraestructura y distribución.

Ahí resulta especialmente significativa una frase de Donovan en Panamá: «Tenemos que atacar estas redes».

El concepto de «red» permite una lectura mucho más amplia que la del cartel tradicional compuesto por narcotraficantes, laboratorios, sicarios y transportistas. Puede incluir también facilitadores, operadores financieros, estructuras de inteligencia, funcionarios corruptos o infraestructura utilizada para proteger el negocio.

Y es precisamente en ese terreno donde el expediente histórico cubano adquiere relevancia.

Mucho antes de Ochoa

La relación de altos funcionarios del régimen cubano con el narcotráfico no comenzó con la Causa 1 de 1989 y las ejecuciones del general Arnaldo Ochoa y Antonio de la Guardia.

Documentos de inteligencia estadounidenses desclasificados situaron ya a comienzos de los años 80 a funcionarios cubanos facilitando operaciones de narcotraficantes.

En 1982, un gran jurado federal estadounidense acusó a cuatro altos funcionarios cubanos en un caso que describía la utilización de territorio y aguas de Cuba para facilitar operaciones de drogas procedentes de Colombia.

Siete años después, el propio régimen reconoció durante la Causa 1 que oficiales situados en niveles extraordinariamente altos de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior habían negociado operaciones con narcotraficantes colombianos.

La versión oficial sostuvo que actuaron sin conocimiento de Fidel y Raúl Castro. Esa explicación ha sido cuestionada durante décadas por desertores, antiguos funcionarios y narcotraficantes.

Carlos Lehder, cofundador del Cartel de Medellín, ha asegurado que existieron acuerdos para utilizar territorio cubano e involucró directamente a Raúl Castro. Su testimonio no constituye por sí solo prueba definitiva, pero coincide parcialmente con operaciones y estructuras investigadas por Estados Unidos desde años antes.

Fiscales federales de Miami llegaron incluso a estudiar en 1993 una acusación contra Raúl Castro y otros altos cargos cubanos por tráfico de cocaína. El proceso nunca fue presentado, entre otras razones por problemas de credibilidad de determinados testigos, cuestiones relacionadas con inteligencia y otras dificultades para construir el caso.

La distinción es fundamental: existe abundante documentación sobre la participación histórica de altos funcionarios cubanos en operaciones relacionadas con narcotráfico, pero nunca quedó establecido judicialmente que Fidel o Raúl Castro dirigieran personalmente una organización narcotraficante.

La conexión con el Cartel de los Soles

Investigaciones publicadas en 2025 añaden una nueva dimensión al expediente histórico sobre Cuba y el narcotráfico: la posible continuidad entre las operaciones documentadas desde los años 80 y el posterior desarrollo de redes criminales incrustadas en el Estado venezolano.

Un informe del Center for a Free Cuba, junto con otras organizaciones, presentó a Cuba como «precursora del Cartel de los Soles» y sostuvo que métodos, relaciones y capacidades desarrollados por el aparato cubano habrían contribuido posteriormente al modelo venezolano de utilización de estructuras estatales para facilitar actividades ilícitas.

Otro dossier, El Estado mafioso cubano y el Cartel de los Soles, elaborado por Juan Antonio Blanco y Emilio Morales y difundido por Cuba Siglo 21 y Havana Consulting Group, va más lejos.

Sus autores sostienen que La Habana no sería únicamente un antecedente histórico, sino una pieza funcional del ecosistema asociado al Cartel de los Soles, aportando capacidades de inteligencia y contrainteligencia, protección política y conexiones internacionales.

El informe señala además a estructuras vinculadas a GAESA como parte de un entramado financiero que debería ser investigado por las autoridades estadounidenses.

Sin llegar a constituir hechos establecidos judicialmente, sus conclusiones —que no han sido adoptadas públicamente por SOUTHCOM— adquieren relevancia al contrastarlas con antecedentes documentados: las investigaciones estadounidenses de los años 80, la participación reconocida de altos oficiales cubanos en operaciones con narcotraficantes colombianos, la investigación federal que llegó a contemplar cargos contra Raúl Castro y, décadas después, la profunda penetración de los servicios cubanos en los aparatos de inteligencia y seguridad de la Venezuela chavista.

La hipótesis resulta especialmente pertinente ante la estrategia que ahora describe SOUTHCOM. Si el narcotráfico funciona no solo mediante carteles tradicionales, sino a través de redes que combinan criminales, funcionarios, estructuras financieras, inteligencia y protección estatal, la importancia de Cuba no dependería necesariamente de que la isla sea hoy una gran ruta física de cocaína.

Precisamente eso es lo que las investigaciones de 2025 plantean: que el posible papel cubano debe buscarse menos en los cargamentos que atraviesan sus costas y más en las capacidades de inteligencia, protección, financiación e influencia internacional que podrían sostener esas redes.

Cuba no es hoy una gran ruta de cocaína

Existe además evidencia que obliga a evitar conclusiones maximalistas.

Evaluaciones internacionales recientes no presentan a Cuba como uno de los principales centros de producción o tránsito de cocaína del continente. El Global Organized Crime Index 2025 tampoco considera a la isla una gran ruta internacional, aunque identifica mercados ilícitos, tráfico de drogas, corrupción y problemas relacionados con actores criminales.

Pero la relevancia de Cuba para la estrategia descrita por SOUTHCOM no dependería necesariamente de que grandes cargamentos de cocaína atraviesen actualmente la isla.

Dependería de algo diferente: que Estados Unidos llegara a determinar que estructuras cubanas proporcionan inteligencia, protección, logística, comunicaciones, financiación, cobertura política u otros servicios a organizaciones consideradas narcoterroristas.

En ese escenario, Cuba podría ser contemplada como parte de una red aunque no fuera un gran corredor físico de la droga.

El precedente que cambia la lectura: Venezuela

Ese es el contexto que vuelve especialmente sensibles las palabras de Donovan.

En noviembre de 2025, Trump hablaba de «Maduro y sus narcoterroristas» y mencionaba expresamente a Cuba, Nicaragua y Venezuela. En enero de 2026, Estados Unidos llevó su ofensiva contra Maduro a un nivel que pocos meses antes parecía difícil de imaginar.

Ahora SOUTHCOM afirma que ha llegado el momento de «llevar la lucha al enemigo», «atacar estas redes» y aplicar sobre ellas una «fricción sistémica total».

Ninguna de esas circunstancias demuestra que exista una operación estadounidense en preparación contra Cuba. Tampoco permiten afirmar que Donovan estuviera hablando específicamente de La Habana.

Pero la secuencia resulta difícil de ignorar.

Durante más de cuatro décadas, investigaciones judiciales, documentos de inteligencia, testimonios de narcotraficantes y expedientes estadounidenses han colocado repetidamente a altos funcionarios cubanos alrededor de operaciones internacionales de narcotráfico.

Investigaciones más recientes intentan conectar aquella experiencia con el desarrollo posterior de estructuras criminales dentro del chavismo.

A eso se suma ahora un presidente estadounidense que ya incluyó públicamente a Cuba en su discurso sobre Maduro y los «narcoterroristas», una Administración que ha elevado el combate contra esas organizaciones al terreno de la seguridad nacional y un Comando Sur que asegura que ya no basta con interceptarlas: hay que atacar sus redes completas.

Donovan no mencionó a Cuba en Panamá. Pero después de Venezuela, y después de las propias palabras de Trump sobre la isla, La Habana tiene razones para escuchar atentamente el mensaje.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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