
Eliminar el impuesto sobre la renta, proteger constitucionalmente la propiedad privada, crear una nueva clase empresarial cubana, abrir el país a la inversión internacional y establecer sistemas de vales para educación y sanidad son algunas de las propuestas de una hoja de ruta que plantea cómo reconstruir Cuba tras el fin del sistema comunista.
El documento, impulsado por el empresario cubanoamericano Jorge Mas Santos y la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), articula en 13 pilares una transformación económica, institucional y social de la isla basada en el Estado de derecho, la libre empresa y una reducción sustancial del peso del Estado sobre la economía.
La propuesta parte de la necesidad de reconstruir prácticamente desde cero numerosas instituciones después de más de seis décadas de un modelo centralizado y plantea que la prosperidad futura dependerá no solo de la llegada de capital, sino también de que los cubanos puedan convertirse en propietarios, empresarios e inversores.
Estado de derecho y propiedad privada
El primer pilar coloca las instituciones antes que la economía.
La hoja de ruta propone un nuevo marco constitucional que garantice las libertades individuales, la propiedad privada, el cumplimiento de los contratos, la igualdad ante la ley y la independencia del Poder Judicial.
La seguridad jurídica aparece como una condición fundamental para atraer inversiones y permitir el desarrollo empresarial.
El modelo supondría una ruptura con el sistema actual, en el que el Estado conserva amplias facultades sobre la actividad económica y los principales sectores estratégicos.
Recuperar el capital humano dentro y fuera de Cuba
El segundo pilar se concentra en el capital humano cubano.
La propuesta considera esencial aprovechar tanto el talento existente dentro de la isla como el acumulado durante décadas por la diáspora.
Para ello plantea una política migratoria abierta que facilite el regreso y la participación de profesionales, empresarios y especialistas cubanos residentes en otros países.
El objetivo sería conectar las capacidades de los cubanos de la isla con el conocimiento, las redes empresariales y el capital desarrollado por varias generaciones en el exterior.
Abrir una empresa sin atravesar una maraña burocrática
El tercer pilar propone simplificar radicalmente las regulaciones.
La hoja de ruta plantea crear una ventanilla única para constituir empresas, obtener permisos, contratar trabajadores y realizar otros trámites necesarios para desarrollar una actividad económica.
La filosofía regulatoria puede resumirse en uno de los principios del documento: si algo no está expresamente prohibido, debe considerarse permitido.
El propósito es reducir la discrecionalidad administrativa y facilitar la creación rápida de nuevos negocios.
Eliminar el impuesto sobre la renta
Una de las propuestas más llamativas aparece en el cuarto pilar: la eliminación del impuesto sobre la renta personal.
En su lugar, el documento plantea un impuesto nacional al consumo cuya recaudación estaría apoyada por sistemas digitales.
También propone establecer reglas tributarias estables a largo plazo para proporcionar previsibilidad tanto a los ciudadanos como a los inversores.
El objetivo declarado es construir un sistema fiscal sencillo, transparente y difícil de modificar arbitrariamente.
Hipotecas, créditos y mercados de capital
El quinto pilar aborda la reconstrucción del sistema financiero.
La hoja de ruta propone desarrollar un mercado bancario moderno que permita conceder hipotecas, financiar empresas y movilizar ahorro e inversión.
También contempla la creación de mercados de capital y la libre circulación de inversiones y beneficios.
El acceso al crédito sería especialmente importante en un país donde millones de ciudadanos tendrían que financiar viviendas, pequeños negocios y nuevos proyectos empresariales.
Crear una clase empresarial cubana
El sexto pilar constituye una de las apuestas centrales del proyecto: garantizar que los cubanos no sean únicamente trabajadores de las compañías que operen en la nueva economía, sino también propietarios.
La hoja de ruta plantea incentivos para las empresas que cuenten con al menos un 10 % de propiedad cubana.
Esa participación no debería ser meramente nominal: tendría que incluir acciones, derechos de voto y mecanismos de protección para los socios minoritarios.
La intención es fomentar la aparición de una nueva clase de empresarios e inversores cubanos y permitir que parte de la riqueza generada por la reconstrucción permanezca en manos nacionales.
Siete sectores para diversificar la economía
El séptimo pilar identifica siete sectores prioritarios: agricultura, tecnología, manufactura, minería, construcción, infraestructura y turismo.
El objetivo es evitar que la economía dependa excesivamente de una sola actividad.
La agricultura tendría que recuperar capacidad productiva; construcción e infraestructura asumirían buena parte de la reconstrucción física del país; y tecnología y manufactura deberían permitir a Cuba desarrollar actividades de mayor valor añadido.
El turismo seguiría teniendo un papel importante, pero dejaría de funcionar como una de las escasas fuentes relevantes de divisas.
Libre comercio y apertura internacional
El octavo pilar propone integrar rápidamente a Cuba en los mercados internacionales.
El documento plantea acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Canadá, América Latina y la Unión Europea, además de tratados bilaterales para proteger las inversiones.
También contempla zonas destinadas al procesamiento de exportaciones y una modernización profunda de las aduanas.
Uno de los objetivos concretos es conseguir que las mercancías puedan ser despachadas en un plazo de 24 horas, reduciendo los obstáculos que actualmente dificultan el comercio.
Cambiar también la cultura económica
La transformación propuesta no termina con nuevas leyes.
El noveno pilar sostiene que después de décadas de economía estatal sería necesario fomentar una cultura basada en la responsabilidad individual, la propiedad, el emprendimiento y el deber cívico.
La hoja de ruta plantea que esos conceptos formen parte de la educación de las nuevas generaciones.
También propone un proceso formal de verdad y reconciliación para abordar las consecuencias políticas y sociales acumuladas durante décadas de régimen comunista.
Reconstruir electricidad, carreteras, puertos y telecomunicaciones
El décimo pilar se ocupa de una de las necesidades más urgentes de cualquier transición: la infraestructura.
La propuesta contempla inversiones masivas en generación y distribución eléctrica, carreteras, puertos, aeropuertos y telecomunicaciones.
La magnitud del deterioro acumulado convierte esta reconstrucción en una condición previa para buena parte del resto del proyecto: sin electricidad estable, conectividad, transporte y logística sería difícil atraer grandes inversiones o desarrollar una economía competitiva.
Vales educativos y libertad de elección
El undécimo pilar plantea una transformación profunda del sistema educativo.
Cada niño recibiría un vale financiado con fondos públicos que podría utilizarse en cualquier escuela acreditada. Los estudiantes de familias con menos recursos, aquellos con discapacidad y los residentes en zonas rurales recibirían una financiación mayor.
La propuesta pone además especial énfasis en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como en formación profesional, oficios y emprendimiento.
El Estado financiaría la educación, pero las familias tendrían mayor capacidad para elegir dónde estudian sus hijos.
Un modelo similar para la sanidad
El duodécimo pilar aplica una filosofía semejante al sistema sanitario.
Cada ciudadano dispondría de un vale para recibir atención de proveedores autorizados.
El modelo permitiría la coexistencia de hospitales públicos, clínicas privadas, servicios de telemedicina y otros proveedores, manteniendo al mismo tiempo protección para personas con enfermedades preexistentes.
La propuesta busca separar la financiación pública de la prestación exclusiva de los servicios por parte del Estado y fomentar la competencia entre proveedores.
Una red de protección para quienes realmente la necesiten
El último pilar plantea mantener una red de protección social, pero concentrada especialmente en los grupos vulnerables.
Adultos mayores, personas con discapacidad y trabajadores que atraviesen periodos temporales de desempleo estarían entre sus principales beneficiarios.
La intención es ofrecer asistencia sin construir un sistema que genere dependencia permanente del Estado.
Un modelo para la Cuba del día después
Los 13 pilares dibujan, en conjunto, una transformación que va mucho más allá de sustituir un gobierno.
La hoja de ruta propone pasar de una economía dominada por el Estado a otra sustentada en la propiedad privada, la iniciativa individual, la inversión y la competencia, manteniendo mecanismos públicos de financiación y protección para determinados servicios y grupos sociales.
El proyecto no resuelve por sí solo algunas de las cuestiones más complejas que tendría que afrontar una transición, entre ellas el tratamiento de las propiedades confiscadas, el destino de numerosos activos actualmente estatales o el calendario y coste concreto de las reformas.
Pero sí ofrece una respuesta detallada a una pregunta que adquiere creciente importancia ante cualquier escenario de cambio político: qué modelo económico e institucional podría sustituir al construido por el castrismo durante más de seis décadas.
La respuesta de esta hoja de ruta pasa por un Estado de derecho, propiedad privada, apertura internacional y, especialmente, por convertir al ciudadano cubano en protagonista económico de la reconstrucción del país.
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