El jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba, general Roberto Legrá Sotolongo, se encuentra en Bielorrusia en visita oficial para discutir nuevas formas de cooperación militar entre ambos regímenes, según confirmaron fuentes del Ministerio de Defensa bielorruso y la agencia EFE.
Valeri Revenko, jefe del departamento de Cooperación Internacional del ministerio, anunció en la red social X que el objetivo de la visita es la discusión de “medidas prácticas” para implementar actividades de entrenamiento de tropas cubanas, tomando como referencia “la experiencia de conflictos armados contemporáneos”, una expresión que en los círculos militares se interpreta como alusión directa a la guerra en Ucrania.
La llegada de Legrá Sotolongo a Minsk se produce en un momento de creciente acercamiento entre La Habana y el régimen de Alexander Lukashenko, principal aliado del Kremlin en Europa del Este y pieza clave en el dispositivo militar ruso frente a Ucrania.
En agosto de 2025, el jefe del Estado Mayor General del Ejército de Bielorrusia, general Pavel Muraveiko, realizó una visita oficial a La Habana como parte de la agenda de cooperación militar entre ambos países.
Durante su estancia, sostuvo encuentros con altos mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), encabezados por el general Roberto Legrá Sotolongo, con quienes discutió la implementación de programas de modernización del equipamiento militar cubano y el fortalecimiento del entrenamiento conjunto.
El ministerio de Defensa bielorruso calificó la visita como “una etapa clave en el desarrollo de la asociación estratégica con Cuba”, y subrayó que la colaboración entre Minsk y La Habana forma parte de un marco más amplio de coordinación militar con Moscú, consolidando así un eje de cooperación trinacional bajo influencia del Kremlin.
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Desde 2023, Cuba y Bielorrusia han firmado varios acuerdos de cooperación que incluyen modernización de armamento, entrenamiento especializado y asistencia técnica en el mantenimiento de sistemas antiaéreos.
En 2024, ambos gobiernos firmaron un plan de cooperación militar bilateral que contemplaba la modernización de los misiles S-125 Pechora de las FAR, realizada por ingenieros de la empresa estatal bielorrusa ALEVKURP, y la posibilidad de que Cuba adquiera lanzaderas de misiles Polonez, de alcance medio.
Ese programa fue presentado como parte de la “actualización tecnológica” del ejército cubano, aunque analistas lo interpretaron como un intento de reposicionar a Cuba dentro de la red militar de aliados del Kremlin.
La visita del alto mando cubano coincide con acusaciones del gobierno de Estados Unidos sobre la presunta participación de miles de ciudadanos cubanos en la ofensiva rusa en Ucrania.
En 2023, Kiev presentó una lista con 253 pasaportes de cubanos que habrían sido reclutados para combatir del lado de Moscú. Aunque el régimen cubano negó cualquier participación oficial, admitió la existencia de una “red de tráfico de personas” vinculada a ese fenómeno.
En los últimos meses, las autoridades ucranianas han intensificado las denuncias sobre la participación de ciudadanos cubanos en la guerra, señalando un incremento sostenido en el reclutamiento organizado por Rusia desde 2023.
De acuerdo con un informe publicado por la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania, en mayo de 2025 se detectó un aumento significativo de mercenarios cubanos integrados en unidades rusas desplegadas en el frente de Donetsk y Lugansk, reclutados bajo contratos temporales y promesas de residencia o compensación económica.
Kiev sostiene que estos combatientes llegan principalmente a través de Bielorrusia y la región rusa de Riazán, donde reciben instrucción militar antes de ser enviados al frente.
Un reporte más reciente, difundido el 19 de septiembre de 2025, eleva la cifra a más de 20,000 cubanos reclutados por Rusia desde el inicio de la invasión a Ucrania, muchos de ellos mediante redes de trata o acuerdos firmados bajo engaño.
Según las fuentes ucranianas citadas, parte de esos contingentes estaría integrado por personal militar retirado de las FAR, lo que sugiere un vínculo directo entre los programas de entrenamiento pactados con Bielorrusia y la posterior movilización de efectivos cubanos en apoyo al ejército ruso.
La Habana ha negado oficialmente cualquier implicación, pero no ha ofrecido detalles verificables sobre el destino de los reclutados ni las medidas adoptadas para impedir la salida de nuevos contingentes.
Una alianza bajo la sombra de Moscú
Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, el eje Moscú–Minsk–La Habana se ha reforzado en el terreno político, económico y militar.
En este contexto, Bielorrusia ha funcionado como un laboratorio de guerra y entrenamiento táctico para aliados estratégicos de Rusia, mientras que Cuba aporta legitimidad diplomática en América Latina y una plataforma histórica de influencia del Kremlin en el Caribe.
De acuerdo con analistas militares europeos, la cooperación cubano-bielorrusa va más allá del entrenamiento: forma parte de un entramado de transferencia tecnológica, doctrina de combate y asesoramiento en defensa aérea, todo ello supervisado por especialistas rusos.
Bielorrusia, que ha permitido el despliegue de misiles tácticos rusos en su territorio, actúa como intermediario y proveedor técnico para países aliados que, como Cuba, buscan modernizar sus fuerzas sin recurrir directamente a Moscú y eludir sanciones internacionales.
La presencia de Legrá Sotolongo en Minsk refuerza esa tendencia. Según medios de la región, la agenda de la visita incluye la actualización del plan de cooperación militar para 2026, el fortalecimiento de las capacidades de defensa radioelectrónica de las FAR y la evaluación del entrenamiento de oficiales cubanos en academias bielorrusas.
El interés de La Habana en absorber experiencias de guerra recientes —en especial las obtenidas en Ucrania— sugiere que el régimen busca adaptar sus estructuras militares a escenarios de conflicto asimétrico y ciberdefensa, dos áreas donde Bielorrusia ha actuado como socio clave del ejército ruso.
La estrategia del Kremlin
El reforzamiento de la alianza entre Cuba y Bielorrusia se inscribe en la estrategia global del Kremlin de sostener un bloque de aliados políticos y militares frente a Occidente.
Para Moscú, mantener una red operativa de cooperación en América Latina —con Cuba como punta de lanza— permite proyectar influencia, obtener respaldo diplomático y, eventualmente, crear corredores de intercambio militar y logístico fuera del alcance directo de las sanciones europeas y estadounidenses.
En el plano simbólico, la presencia militar cubana en Bielorrusia representa el retorno a una lógica de Guerra Fría, en la que La Habana vuelve a alinearse con Moscú en un contexto de confrontación geopolítica.
Sin embargo, el alcance real de esa cooperación dependerá de los recursos económicos del régimen cubano, actualmente inmerso en una crisis interna que limita su capacidad de inversión militar. Otros aliados que podrían estar tras bambalinas, como Venezuela y Nicaragua, atraviesan un tenso momento en sus relaciones con Estados Unidos.
Pese a ello, la coordinación de entrenamientos, la modernización de sistemas antiaéreos y la presencia de técnicos bielorrusos en la isla evidencian una relación que ya no es meramente política, sino operacional, y que se desarrolla bajo el amparo y la supervisión estratégica de Rusia.
Con esta visita, Cuba reafirma su alineamiento con los regímenes de Moscú y Minsk, consolidando un triángulo militar que refuerza la influencia del Kremlin tanto en Europa del Este como en el Caribe.
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