Menos de 10 dólares: Así queda la subida de las pensiones tras movimientos en el mercado informal de divisas en Cuba

El aumento de pensiones en Cuba apenas compensa la devaluación del peso frente al dólar y el euro. La pensión mínima, equivalente a menos de 10 dólares, es insuficiente para cubrir necesidades básicas. La inflación y el mercado informal agravan la situación, dejando a los jubilados en una posición vulnerable.

Ancianos cubanos (imagen de referencia) © Flickr / CiberCuba
Ancianos cubanos (imagen de referencia) Foto © Flickr / CiberCuba

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El nuevo aumento de pensiones anunciado por el régimen cubano y en vigor desde septiembre de 2025 vuelve a chocar con la realidad del mercado informal de divisas, donde el peso cubano sigue perdiendo valor frente al dólar, el euro y la Moneda Libremente Convertible (MLC).

La aparente mejoría para los jubilados, que ahora reciben un mínimo de 4,000 CUP, se convierte en una cifra simbólica cuando se traduce al tipo de cambio que impera en la calle.

Con el dólar a 420 CUP, el euro en 477.5 CUP y la MLC en 200 CUP, los 4,000 pesos de pensión apenas alcanzan para 9.5 dólares o menos de 9 euros en el mercado negro. Esto significa que, incluso tras el ajuste, la pensión mínima en Cuba no llega a cubrir lo que en la mayoría de los países equivale a un solo día de gastos básicos.

La medida, recogida en la Resolución 14/2025, establece que quienes cobraban hasta 2,472 CUP reciben ahora un aumento de 1,528 CUP; y los que tenían entre 2,473 y 3,999 CUP se elevan directamente a 4,000. El objetivo, según la narrativa oficial, es reforzar la protección a los sectores más vulnerables, sin embargo, el impacto real se diluye ante el descalabro cambiario.

Según datos ofrecidos en julio por el primer ministro Manuel Marrero Cruz, la medida beneficiará a 1,324,599 personas, lo que representa el 79 % de los pensionados en el país. Entre ellos, el 82 %, equivalente a 438,572 jubilados, duplicará su pensión mínima, mientras que el 18 % restante verá incrementos hasta completar los 4,000 pesos.

El propio Marrero reconoció entonces que se trata de un ajuste parcial, ya que el gobierno carece de recursos para emprender una reforma integral del sistema de pensiones.


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Un análisis comparativo entre el momento en que se anunció la medida y la situación actual revela la magnitud de la pérdida. El 16 de julio, cuando el gobierno presentó el incremento, el dólar se cotizaba a 385 CUP y el euro a 426 CUP, lo que significaba que la pensión mínima de 4,000 pesos equivalía a 10.4 dólares o 9.4 euros en el mercado informal.

Dos meses después, con el dólar en 420 CUP y el euro en 477.5 CUP, esa misma pensión se reduce a 9.5 dólares o 8.4 euros. En términos prácticos, los jubilados han visto esfumarse casi un 10 % de su capacidad de compra antes incluso de haber cobrado un solo pago completo con el nuevo aumento.

El desfase entre pensiones y divisas resulta aún más evidente si se compara con el costo de la vida en la isla. Según el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), se necesitan al menos 30,000 CUP mensuales para garantizar una alimentación básica.

Es decir, la nueva pensión mínima cubre apenas una séptima parte de esa cifra. Un cartón de huevos ya supera los 3,000 CUP, mientras que productos esenciales como aceite, leche en polvo o pollo se comercializan únicamente en dólares o MLC, monedas que el Estado no entrega a la población mediante salarios ni pensiones.

El contraste lo reconocen incluso las propias autoridades. El vicepresidente Salvador Valdés Mesa admitió recientemente que “con un salario medio de 6,000 CUP no se vive”, en referencia a la inflación desbordada que pulveriza el poder adquisitivo de la mayoría de los cubanos. En ese contexto, las pensiones ajustadas quedan en niveles muy lejanos de las necesidades reales.

Si se mantiene el ritmo de depreciación actual, la situación será aún más grave a fin de año. En los dos últimos meses, el dólar subió de 385 a 420 CUP (9 %) y el euro de 426 a 477.5 CUP (12 %). Si esa tendencia se prolonga, el dólar cerraría diciembre cerca de 455 CUP y el euro en torno a 530 CUP.

En ese escenario, la pensión mínima de 4,000 pesos equivaldría a 8.8 dólares o 7.5 euros, es decir, una pérdida acumulada de más del 15 % de su valor real en apenas cinco meses.

Los jubilados son uno de los grupos más castigados por la crisis. Sin remesas familiares desde el exterior, resulta prácticamente imposible sostenerse con lo que entrega la seguridad social. El aumento anunciado puede significar un alivio transitorio, pero la equivalencia con menos de 10 dólares mensuales lo reduce a un parche en medio de una tormenta.

El comportamiento reciente del mercado informal de divisas agrava la situación. En apenas diez días, el dólar ganó 9 CUP, el euro subió 17.5 y la MLC recuperó terreno hasta los 200, confirmando la fragilidad del peso cubano. Cada escalón que suben las divisas equivale a una caída de varios peldaños para los jubilados, cuya pensión en términos reales se contrae casi a diario.

El resultado es un círculo vicioso: la inflación empuja al alza los precios, las divisas se disparan y los aumentos salariales o de pensiones quedan neutralizados en cuestión de semanas.

Sin una política integral que estabilice la moneda y abarate el acceso a bienes básicos, cualquier incremento nominal se traduce en un espejismo que poco cambia en la vida cotidiana de millones de jubilados cubanos.

El espejismo de "no dejar a nadie atrás"

El contraste entre los anuncios oficiales y la realidad económica desnuda la contradicción central del régimen cubano. Durante 66 años, millones de trabajadores fueron obligados a sostener con salarios ínfimos y enormes privaciones el proyecto de la llamada “revolución”, bajo la promesa de un bien común que nunca llegó.

Hoy, esas mismas personas, tras haber entregado su vida laboral a un sistema que les negó la libertad de prosperar, son abandonadas con pensiones que no alcanzan ni para sobrevivir.

El discurso de “no dejar a nadie atrás” se ha convertido en un eslogan vacío que intenta maquillar la incapacidad de garantizar una vida digna a quienes más lo necesitan. Mientras la propaganda insiste en presentar incrementos nominales como logros sociales, el mercado informal de divisas y la inflación cotidiana desmienten de inmediato esa narrativa.

Cada subida de las pensiones queda pulverizada en cuestión de semanas por el encarecimiento del dólar, el euro y el MLC, reflejo de un modelo económico que ha renunciado a estabilizar su propia moneda.

La brecha es aún más escandalosa al observar cómo los recursos nacionales se concentran en conglomerados controlados por la élite militar, mientras los jubilados deben hacer colas interminables para cobrar una pensión que apenas equivale a unos pocos dólares.

La política social que alguna vez se presentó como la piedra angular del sistema ha quedado reducida a un mecanismo de propaganda, incapaz de compensar el deterioro material y moral de la población.

En la práctica, los jubilados en Cuba son el rostro más visible de un fracaso estructural: el de un Estado que les exige sacrificios durante toda una vida para luego dejarlos atrás en su vejez. La promesa de igualdad se ha transformado en un legado de pobreza normalizada, y el principio de “no dejar a nadie atrás” se revela, una vez más, como una cruel ironía.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.


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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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