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Nicolás Maduro ofreció a la administración de Donald Trump un acuerdo sin precedentes para evitar una posible confrontación militar con Estados Unidos: conceder a empresas norteamericanas el control de la riqueza petrolera y minera venezolana, a cambio de restablecer las relaciones diplomáticas, según una investigación periodística.
Un reportaje publicado este viernes por The New York Times citó a varias personas cercanas a las negociaciones entre altos funcionarios venezolanos y el entonces enviado especial estadounidense Richard Grenell, que habrían durado varios meses antes de colapsar la semana pasada.
De acuerdo con las fuentes consultadas, Maduro propuso abrir todos los proyectos actuales y futuros de petróleo y oro a compañías estadounidenses, revertir las exportaciones energéticas hacia Washington —actualmente dominadas por China— y rescindir los contratos de cooperación con empresas chinas, iraníes y rusas.
A cambio, Caracas esperaba detener la escalada militar de Estados Unidos, que en los últimos meses había desplegado buques de guerra en el Caribe y destruido embarcaciones acusadas de traficar drogas desde territorio venezolano.
Washington rechazó la oferta
Pese a las amplias concesiones, la Casa Blanca rechazó el ofrecimiento y cortó los contactos diplomáticos con Caracas, “matando el acuerdo, al menos por ahora”, según The New York Times.
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La administración Trump ha mantenido una posición de línea dura contra Maduro, al que considera un “fugitivo de la justicia estadounidense”, líder del llamado Cartel de los Soles, cuya presencia en el territorio y las instituciones convierten a Venezuela en un “narcoestado”.
El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, ha sido el principal impulsor de esa estrategia de presión, en contraste con la vía diplomática de Grenell. Rubio, de origen cubano, considera la caída de Maduro un paso clave para debilitar al régimen comunista de La Habana.
Concesiones a puerta cerrada
Mientras públicamente el chavismo respondía con consignas de resistencia y promesas de defender la “revolución socialista” de Hugo Chávez, detrás de bambalinas, según el reportaje, el propio Maduro autorizó a sus emisarios a ofrecer a Washington un paquete de concesiones que habrían desmantelado el modelo nacionalista sobre el cual se fundó el chavismo.
El punto de fricción fue político: el gobierno venezolano se negó a negociar una eventual salida de Maduro del poder. “El presidente no negociará su salida”, afirmó el canciller Yván Gil en declaraciones recogidas por el diario neoyorquino.
Desde su llegada al poder en 2013, Maduro ha enfrentado múltiples desafíos internos y se ha mantenido mediante el control del aparato militar, la manipulación electoral y la represión de las protestas, según organizaciones de derechos humanos.
Competencia desde la oposición
Paralelamente, la líder opositora María Corina Machado, reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz, presentó en Washington una propuesta alternativa que prometía mayores beneficios económicos para Estados Unidos si se producía una transición democrática.
Según The New York Times, Machado afirmó que las compañías estadounidenses podrían ganar hasta 1,7 billones de dólares en 15 años si Venezuela retornaba al Estado de derecho.
Su asesora económica, Sary Levy, advirtió que las promesas de Maduro no garantizan estabilidad: “Lo que ofrece a los inversionistas no es estabilidad, es control mantenido mediante el terror”.
Venezuela busca acercarse de nuevo a EE. UU.
El artículo también reveló que la petrolera estatal PDVSA ha cedido a Chevron el control total de sus proyectos conjuntos y ha negociado nuevas participaciones.
Maduro también intenta reparar relaciones con ConocoPhillips, expulsada del país en 2007, en un esfuerzo por reconstruir puentes con el sector energético estadounidense.
A pesar de las tensiones, las conversaciones alcanzaron su punto más alto en mayo, cuando Grenell facilitó el regreso a Venezuela de una niña deportada y Maduro respondió liberando a un veterano estadounidense preso en el país.
Sin embargo, la resistencia de Rubio y la falta de acuerdo sobre el futuro político del mandatario venezolano frustraron el avance.
“Maduro entendió que reducir los vínculos con China y Rusia era el precio necesario para evitar una intervención militar”, dijo una fuente citada por el Times. Al parecer, demasiado tarde, según las señales emitidas por la administración Trump.
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