Díaz-Canel invoca al «hombre nuevo» del Che mientras reivindica el control del Partido Comunista sobre la banca

Miguel Díaz-Canel y Ernesto Guevara © X / @PresidenciaCuba - Archivo
Miguel Díaz-Canel y Ernesto Guevara Foto © X / @PresidenciaCuba - Archivo

El régimen cubano se dispone a permitir bancos privados, casas de cambio particulares y nuevas formas de inversión financiera, pero el Partido Comunista no está dispuesto a ceder el control político de esas transformaciones.

Así quedó de manifiesto en una reciente intervención de Miguel Díaz-Canel ante trabajadores bancarios, donde el gobernante reivindicó el papel rector del PCC y llegó a invocar al Che Guevara y su ideal del «hombre nuevo».

La reunión, reseñada por Granma el 4 de noviembre, puso fin a una visita del Secretariado del Comité Central del Partido al Banco Central de Cuba y a tres bancos comerciales estatales: Metropolitano, Popular de Ahorro y BANDEC.

Díaz-Canel explicó que uno de sus propósitos era «afirmar el papel rector del Partido y reforzar la dirección política e ideológica» de las instituciones visitadas.

La declaración resulta especialmente significativa cuando el gobierno acaba de aprobar reformas que introducen instrumentos propios de una economía de mercado, durante décadas rechazados o severamente restringidos por el propio régimen.

La contradicción es evidente: se pretende modernizar el sistema financiero mediante mecanismos capitalistas, pero sin modificar la subordinación de las instituciones económicas al poder político comunista.

El capitalismo que el régimen se niega a llamar capitalismo

Las 176 transformaciones económicas anunciadas en junio incluyen la autorización de bancos privados, casas de cambio particulares, nuevas posibilidades de inversión extranjera, sociedades mercantiles por acciones y una mayor libertad para que los empresarios privados amplíen sus negocios.

Sin embargo, las autoridades han acompañado esos anuncios con un discurso destinado a asegurar que nada esencial cambiará en el sistema político.

El primer ministro Manuel Marrero Cruz resumió esa posición mediante una frase que CiberCuba examinó en junio: «hacer lo necesario para conservar lo esencial».

La fórmula admitía la necesidad de introducir transformaciones profundas, pero establecía desde el principio su límite: preservar el socialismo y las estructuras políticas de la llamada «revolución».

Díaz-Canel ha insistido repetidamente en esa idea. En julio, durante una entrevista con RT, fue explícito: «Las transformaciones se van a tener también bajo un control, bajo una dirección del Partido Comunista de Cuba».

Un mes después, en declaraciones al periódico brasileño Folha de S.Paulo, reconoció que ampliar el sector privado constituía una concesión.

«Ampliar un sector privado no es un ideal del socialismo. Es una concesión», afirmó, aunque aseguró que el PCC garantizaría que esas medidas no desembocaran en una restauración capitalista.

El régimen necesita esos mecanismos para intentar reactivar la producción y atraer inversiones, pero reconocerlos como una rectificación de su modelo tradicional pondría en cuestión décadas de decisiones justificadas precisamente en nombre del socialismo.

Por eso las reformas se presentan como una continuidad revolucionaria y no como una revisión de principios.

El «hombre nuevo» del Che, ahora en la banca del siglo XXI

La invocación a Ernesto 'Che' Guevara añade una dimensión histórica a esa contradicción.

Díaz-Canel sostuvo que el sistema bancario también debía ser un espacio de construcción del «hombre nuevo» que reclamaba el Che, cuyos conceptos, recordó, maduraron durante su etapa como presidente del Banco Nacional de Cuba.

La referencia merece atención porque Guevara no fue únicamente un símbolo político. También participó directamente en la construcción del modelo económico socialista cubano y defendió una concepción de la gestión empresarial muy distinta de la que ahora intenta impulsar el gobierno.

El Che apostaba por una economía centralmente planificada, con las empresas sometidas a una administración financiera estatal y con los incentivos morales por encima de los estímulos materiales como principio de transformación social.

En su ensayo de 1964 Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, cuestionó el predominio del interés material como motor de la actividad económica y defendió una organización orientada a desarrollar la conciencia socialista.

No rechazaba toda utilización de instrumentos monetarios, pero desconfiaba de que el beneficio individual se convirtiera en el principal incentivo del funcionamiento económico.

Sesenta años después, el régimen recurre a bancos privados, inversionistas particulares y mecanismos de mercado para intentar superar una crisis que el modelo estatal no ha conseguido resolver.

La paradoja adquiere un matiz casi familiar al recordar las declaraciones de Aleida Guevara, hija del Che, quien en una entrevista publicada por Cubadebate en octubre de 2020 calificó el trabajo por cuenta propia de «un pequeño cáncer dentro de nuestra sociedad».

Aleida aseguró entonces que su padre «nunca lo entendería. De ninguna manera», porque los emprendedores comenzaban a pensar solamente en sus bolsillos. Sus palabras fueron recuperadas por CiberCuba en agosto de 2026, precisamente cuando Díaz-Canel ampliaba los espacios económicos reservados a ese sector.

La ironía es difícil de superar: el pequeño «cáncer» denunciado por la hija del Che ya no solo tiene permiso para vender productos e importar mercancías; ahora el régimen se dispone a permitirle incluso abrir bancos.

Y todo ello, según Díaz-Canel, bajo la inspiración del «hombre nuevo» de su padre.

Más autonomía económica, pero bajo vigilancia política

La contradicción no se limita al sector bancario.

Días antes de su visita a las instituciones financieras, Díaz-Canel había reclamado mayor autonomía y productividad a los directivos de las empresas estatales, aunque les recordó expresamente que continuaban sometidos a la dirección política.

«Ustedes son cuadros de la Revolución, ustedes son cuadros del Partido», les advirtió durante un encuentro sobre las reformas.

El mensaje se repite ahora en la banca: más eficiencia, nuevas oportunidades de inversión y mayor participación de actores económicos, pero bajo la conducción ideológica del PCC.

Conviene distinguir entre la supervisión financiera que ejerce normalmente un banco central y la dirección política de las instituciones bancarias. La primera busca garantizar la solvencia y el cumplimiento de las normas; la segunda introduce criterios partidistas en decisiones que también requieren autonomía profesional.

Las declaraciones de noviembre se produjeron ante bancos estatales, no constituyen una orden específica dirigida a los futuros bancos privados. Sin embargo, forman parte de una política más amplia que el propio Díaz-Canel ha definido: las transformaciones económicas estarán bajo dirección del Partido Comunista.

El régimen contempla una ampliación de la iniciativa empresarial, pero no una apertura política equivalente. La Constitución mantiene al PCC como fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, sin permitir que otras organizaciones compitan por sustituirlo en el gobierno.

La legitimidad histórica del régimen se apoya en la llamada «revolución» y en la promesa de construir el socialismo. Abandonar abiertamente ese proyecto obligaría a revisar los fundamentos ideológicos con los que el Partido justifica su monopolio del poder.

La intervención de Díaz-Canel ante los trabajadores bancarios resume así una transformación llena de tensiones: el gobierno necesita instrumentos de mercado para hacer funcionar la economía, pero insiste en que sus límites y objetivos continúen determinados por el PCC.

La banca podrá abrirse al capital privado y las empresas disponer de mayor autonomía. Lo que el régimen no contempla someter a competencia es la autoridad política que decide hasta dónde pueden llegar esas libertades.

El «hombre nuevo» del Che reaparece, por tanto, en el discurso oficial para acompañar unas reformas que admiten el beneficio privado y las relaciones de mercado, mientras el Partido Comunista se reserva la última palabra sobre el destino de la economía cubana.

COMENTAR

Vídeos relacionados:

Archivado en:

Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


Sigue leyendo 👇

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada